Chiapas: ceniza sobre la herida abierta*

Casa de citas, 291

Carlos Olmos

Chiapas: ceniza sobre la herida abierta*

Héctor Cortés Mandujano

 

Imaginar… siempre imaginar…

Carlos Olmos,

en “Juegos impuros”

 

 

Carlos Olmos (Tapachula, Chiapas, 1947-Ciudad de México, 2003), árbol que produjo frutos dramatúrgicos, pertenece al bosque literario del estado de Chiapas que tiene, en su diversidad arbórea, a Daniel Robles Sasso, a Jaime Sabines e incluso toca la rama del segundo apellido (Ramos) de Eraclio Zepeda.

Aunque vi muchos de sus montajes en lugares disímbolos (“La rosa de oro”, por ejemplo, en Acapulco) y ya había leído la mayoría de sus obras decidí, para participar en este homenaje, leer de nuevo su Teatro completo, editado por Julián Robles y Enrique Serna (Fondo de Cultura Económica, 2007, las citas corresponden a este volumen) y, para evitar la dispersión, usar tres acercamientos a las muchas temáticas que eran caras a Olmos. Me decanté, sin más brújula que el gusto, por la poesía, Chiapas y el buen humor. Sé que estas son notas que quizás debieran hilvanarse en un ensayo de mayor profundidad, pero para ello necesitaría más cuartillas, más tiempo, así que este texto debe tomarse como lo que es: apenas un esbozo para compartir hallazgos.

 

La poesía

 

El volumen ordena las obras en el orden en que fueron escritas o estrenadas y así tenemos que la primera fue “Juegos impuros” (del Tríptico de juegos), escrita en 1970-1971, y la última Después del terremoto, estrenada en septiembre de 2002.

En el prólogo, Soledad Ruiz, al referirse a los personajes de una de las primeras obras de Olmos dice entre otras cosas que (p. 14) “se sienten poetas. […] Carlos así empezó, con delirios de poeta, lleno de fantasía”, y en la nota inicial a sus obras inaugurales, el Tríptico de juegos, el propio Olmos dice que (p. 35): “La poesía necesaria para sobrevivir la he buscado y la seguiré buscando siempre en el Teatro” (nótese que la mayúscula la puso en el Teatro y no en la poesía).

No siempre es posible aislar adecuadamente las frases, los parlamentos que a mi juicio son poéticos sin dar un contexto, de modo que me ceñí a aquellos que no necesitaran más que la cita misma. Aquí algunas. En “Juegos profanos” hablan dos hermanos incestuosos. Dice Saúl a su hermana (p. 64): “Siempre sentí que algo se nos descomponía poco a poco. Y era el amor, Alma”.

Varios de los personajes en distintas obras son poetas o intentan serlo. Varios dicen directamente citas. Carmen en “Juegos fatuos” comienza el conocido verso de López Velarde (p. 88): “¡Y pensar que pudimos!”, y Tila, en la misma obra, dice (p. 110): “Esta noche creo que en nuestra oscuridad hemos brillado un poco y que la llama que nos alumbra la vida se hace cada vez más luminosa”.

En Lenguas muertas Beatriz le dice a Luciano, su marido (p. 153): “No te puedo imaginar desnudo ni acariciándome. No sé. Te quiero como cuando éramos niños y oíamos el tren y la tierra cuando temblaba…”

En Las ruinas de Babilonia Él habla a Ella de la luna (p. 177): “No tiene por qué ocultarse. Hay obligaciones nocturnas. La esperan los poetas, los enamorados, los amantes, los amigos, los padres y los hijos, los abuelos y las abuelas, los recién nacidos y los muertos, los niños, los gnomos y las brujas, los invocantes y los invocados… tú y yo… tú y yo también esperamos la luna”. Más adelante, en la misma obra, conversan (pp. 191-192): “ÉL: Y ni siquiera nos queda el odio para compartirlo entre tú yo. ELLA: Pero el milagro seguirá ocurriendo. Todas las tardes. Todas las tardes, al vernos fijamente, buscaremos dentro de nosotros mismos el dolor, el viejo dolor de los olvidos…”

En El presente perfecto, Alba, la maestra, platica con Gabriel, uno de sus alumnos, en el jardín botánico (p. 214): “GABRIEL: […] Don Chano me dijo que sigue viniendo al jardín. ALBA: No vengo yo sino mis recuerdos disfrazados con la ropa vieja que va dejando mi marido”.

En La rosa de oro confiesa el autor su hermandad con la poesía (p. 241): “En algunos pasajes de la obra, el poeta (es decir, el personaje central) cita versos de Luis Cernuda, Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, José Emilio Pacheco, José Carlos Becerra y Raúl Garduño”.

En El dandy del hotel Savoy dice Wilde (p. 375): “Es algo terrible para un hombre descubrir de golpe que toda su vida ha estado diciendo solo la verdad” y también (p. 377): “La única manera de ser libre es siendo feliz”. C. 3. 3., el alter ego de Wilde, sentencia (p. 389): “¡Qué miserable parece el imperio más vasto del planeta comparado con el amor”.

En El eclipse, Gerardo es poeta en ciernes y cita a Pellicer (p. 437): “Estoy todo lo iguana que se puede/ La tierra es como el cielo./ Todo es fruto/ de una máquina de soledad”.

Esta línea es de Final de viernes (p. 501): “En esta tibia noche de verano, la luna es el corazón del bosque”.

La última obra de Olmos, Después del terremoto, arranca (p. 595) con un largo epígrafe de Pablo Neruda.

 

Chiapas

 

Revisar el teatro completo de Carlos Olmos nos da la oportunidad de ver cómo este autor comenzó a acercarse literariamente a su estado, casi desde su primera obra. Vuelvo a la opinión de Soledad Ruiz en el prólogo con respecto a los personajes de Lenguas muertas (p. 14): “El carácter chiapaneco está bien retratado, pues todos ellos son tremendamente soñadores, se sienten poetas y tienen un cierto delirio de grandeza”. (Qué llevada, Soledad, a ver cuándo vas a la casa.)

En el orden de escritura, “Juegos fatuos”, el tercero del tríptico, ya camina tierra adentro, pues dice la acotación inicial que la acción se desarrolla (p. 79) “en una provincia mexicana durante la década de los cuarenta”.

Lenguas muertas, el segundo trabajo dramatúrgico de Carlos, ya tiene claros referentes chiapanecos en el personaje de don Ruma (basado en un personaje tuxtleco: Romualdo Moguel), un viejo de 80 años, quien, como en la vida real (p. 128), “tenía la extraña costumbre de escribir a mano el periódico del pueblo”, y en algunos giros idiomáticos. Dice Luciano a su mujer una palabra que se usa (o se usaba) en el Chiapas rural como sinónimo de despertar (p. 120): “¿Por qué siempre tienes que recordarme tan temprano?” La obra, además, fue dirigida en su estreno, en 1975, por Marco Antonio Montero (oaxaqueño y alumno de Seki Sano), quien, en San Cristóbal y en comunidades indígenas, con Carlo Antonio Castro y Rosario Castellanos, entre otros, inició el Teatro Petul y después, en Tuxtla, fue en la práctica quien trajo el teatro moderno a Chiapas, en la década de los cincuenta, bajo el amparo del Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas.

El presente perfecto se desarrolla (p. 197) “en el jardín botánico de una escuela preparatoria provinciana”, con todos los visos para identificar el de Tuxtla, con sus árboles de mango (p. 198) y su alberca (p. 202).

La rosa de oro, según el testimonio de Germán Castillo (p. 18), retrata la anécdota real de cuando Raúl Garduño, poeta chiapaneco, viaja a Villahermosa a recibir un premio. La acción, dice Olmos, burlón (p. 241), “ocurre en un lugar imaginario llamado Villa Hermosa”.

El brillo de la ausencia tiene como lugar y fecha de inicio de escritura (p. 346) “Chiapas, diciembre de 1981”. El dandy del hotel Savoy está dedicada al pintor chiapaneco Gonzalo Utrilla, pero en El eclipse ya sin subterfugios Carlos asienta que (p. 411) “fue inspirada por el paisaje, la música y los mitos de la niñez” y  (p. 414) “la acción transcurre hoy en la costa de Chiapas, sur de México”, muy cerca, evidentemente (p. 415), de Tonalá. En esta obra hay también una palabra típica del estado, que es sinónimo de avergonzar. Lo dice Elia (p. 419): “¡Ni mataron a mi hermano ni tú tienes derecho a azarearme así!”

Final de viernes está dedicada (p. 473) a su hermana Margarita, quien vive en Tuxtla; Atardecer en el trópico la dedica (p. 527) a su padre, y (p. 529) “ahora es Tapachula, la frontera olvidada de mi niñez, el escenario”, en 1954. En ella se usa una palabra que en Chiapas significa lo contrario que en otros lados. Aquí es sinónimo de desazón, de angustia, de preocupación. La dice Nati (p. 576): “Ay, dímelo ya porque me da mucha ‘armonía’…”

Algo notorio es que las obras que tocan directamente a Chiapas tienen escenas de violencia, matanza, descontento social, opiniones políticas. En Lenguas muertas, en el pueblo que se llama Talismán (con la T de Tuxtla) hay un levantamiento sofocado a tiros (p. 163): “Fueron doscientos muertos. […] Lo cierto es que el pueblo no volvió a hablar nunca. Hombres y mujeres enmudecieron voluntariamente. A partir de la matanza nadie habla con nadie”.

Darío e Isabel, en Atardecer en el trópico, hablan de un hijo muerto (p. 540): “DARÍO (amargo): ¡Por eso lo mataron! ¡Por andar con quijotadas! ¡Se lo advertí tantas veces! ¿Qué carajos se sacaba metiéndose en esos líos de la política? ISABEL: La gente quería ponerle un hasta aquí al gobierno… DARÍO: ¡Y fue el gobierno el que dijo la última palabra pero a balazos!”

Isabel y Violeta, madre e hija, en la misma obra, hablan del novio de la segunda. Violeta dice que él es muy inteligente y le pregunta Isabel (p. 549): “¿Por qué es muy ‘inteligente’, según tú? VIOLETA: Conoce varios idiomas. ISABEL: Dicen que este gobernador también y mira nomás las tonterías que vive haciendo…”

 

El buen humor

 

Hay muchos ejemplos de ironía, burla, humor negro, albur, en el teatro de Olmos. Cito algunos. En “Juegos profanos” Alma tiene puesto un vestido verde y decide, junto con su hermano, suicidarse. Busca donde apoyar el cañón de la pistola para que el disparo sea certero. Le dice Saúl (p. 65): “¿No será mejor en el corazón? ALMA: Quedaría manchada. Y con lo verde del vestido, voy a parecer bandera”.

En “Juegos fatuos” Carmen revisa el calendario y dice (p. 82): “Todas las fiestas nacionales están marcadas en rojo”, y contesta Tila: “Debe ser por la sangre”.

Le dice Luciano en Lengu

Ilustración: Juventino Sánchez

Ilustración: Juventino Sánchez

as muertas a Maclovia que le van a dar vuelo a la hilacha en el río y ella le contesta (p. 131): “¡Ahí no! ¡Ya me cayeron una vez!”

En La rosa de oro el joven poeta le dice a Eneas, el teporocho (p. 246): “¡La infancia es un país terrible!”, y éste le contesta: “¿Y qué me dice de la vejez? ¡Ésa ni a país llega!” El poeta dice a Eneas (p. 248): “¡La misión que tengo en la vida es descubrir la belleza y la verdad!”; el borrachín le pregunta: “¿Y quién le paga los gastos?”

Dice Indira en El eclipse (p. 422): “No sólo de pan vive el hombre”, y le contesta Mario: “Eso es cierto. También se traga las telenovelas”; Elia en la misma obra habla de un pastor religioso que la sedujo (p. 448): “Comenzó a hablarme de la salvación y yo… ¡Yo me perdí!”

Le dice Sergio a Julia, escritora de telenovelas, en Final de viernes, luego de darle un beso (p. 494): “¡Creí que estaba con una intelectual, con alguien de mente abierta, liberal! JULIA: Fíjese que soy eso y más. También soy una señora y una madre de familia. ¡Alguien como yo no es una sola mujer sino tres o cuatro al mismo tiempo! SERGIO: ¿Así que si le hago el amor estaremos en medio de una orgía?”

Darío pregunta a Toño en Atardecer en el trópico (p. 543): “Hay dos clases de mujeres: las decentes y las putas. ¿Dónde viven las putas, según tú? TOÑO: En casas lujosas. Con buena ropa y joyas”; en la misma obra Nati tiene dudas sobre el novio de Violeta y le pregunta a ésta (p. 561): “¿Y si te saliera ateo, Violeta? VIOLETA: Ya estaría de Dios”.

 

Tuve hace años el gusto de platicar largamente con Carlos Olmos en una entrevista grabada en televisión para la Unach, a propósito de la presentación en Tuxtla de Atardecer en el trópico. Nuestra charla recorrió desde el Tríptico de juegos hasta Atardecer… que fue, al final, su penúltimo trabajo dramatúrgico. En la entrevista me dijo lo que le oí decir en otras ocasiones: que el teatro era (y es) el patito feo de las publicaciones oficiales, especialmente en Chiapas, y él fue un claro ejemplo. Apenas se le publicó en el estado. Pero allí está, ahora, su Teatro completo, cuidadosamente editado, para leerlo, para no dejarlo morir, para que no le llegue el viejo dolor de los olvidos

 

*Palabras leídas por el autor en la mesa de homenaje a Carlos Olmos, en el Carruaje de pájaros, Festival 2016. Jueves 22 de septiembre, 19:15 horas. Museo de la Ciudad. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Participamos Elba Macías, Julián Robles y Margarita Olmos. Me gustó mucho lo que cada uno de mis tres compañeros participantes dijo.

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “Chiapas: ceniza sobre la herida abierta*”

  1. MARGARITA CONCEPCION OLMOS MORGA
    21 octubre, 2016 at 23:32 #

    Muchas gracias a Héctor Cortés Mandujano por estas palabras leídas en el homenaje a Carlos Olmos, dentro del FESTIVAL CARRUAJE DE PAJAROS 2016, es de admirarse la forma de discernir cada una de sus obras, la emoción que sentimos en ese momento, no puedo describirsela, pero en nombre de mi familia, reciba nuestras felicitaciones

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