Cortázar, siempre

Casa de citas/ 290

Cortázar, siempre

Héctor Cortés Mandujano

 

Si el Che hubiera sido un señor serio,

tendría un afamado consultorio médico en Buenos Aires

Cortázar

 

Todo escritor deja al morir un montón de papeles a medio hacer, apuntes, brevedades y cuentos y poemas que no encontró modo de meter en un libro, fragmentos. Papeles inesperados (Alfaguara, 2009) de Julio Cortázar es más o menos eso, pero el volumen de casi 500 páginas es muy disfrutable.

En “Los gatos” Carlos María pidió a su prima Marta, cuando aún eran niños (p. 48), “que se sacara los calzones para ver”. “Carlos María no se impresionó, había esperado algo más escandaloso, más prohibido.

“—Tanto trapo para eso –fue su sentencia–. Una rayita y se acabó.”

En “Teoría del cangrejo” hay algo que es muy distintivo en Cortázar: aislar una palabra para verla mejor, para jugar con ella (p. 82): “Cerró bruscamente el cuaderno y salió a la veranda. Imposible dejar esa palabra, veranda”.

Es de “Ciao, Verona” esta línea linda (pp. 86-87): “Qué quieres, el amor pide calle, pide viento, no sabe morir en soledad”; en él una mujer cuenta a otra de un hombre (p. 94): “Ya ves, ya ves, son tan estúpidos, Lamia, pasan como topos al lado de la luz” […] “reconstruyo nuestro diálogo con esa precisión que me ha dado el infierno bajo forma de memoria”.

Ilustración: Juventino Sánchez

Ilustración: Juventino Sánchez

En “Esencia y misión del maestro”, ya apartado de la ficción, dice (p. 164): “Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo”.

En “Un cronopio en Mexico”, Cortázar se asombra de la pregunta de un bolero en Veracruz, al que ya explicó qué es Sudamérica y dónde está ubicado su país (p. 176): “¿Y cuánto le cobró el taxi de la Argentina a Veracruz?”

Hay una canción infantil de Piero, un cantante famoso en mi infancia y mi primera juventud (ya voy casi en la cuarta), que canté a mi hija cuando niña y que ahora canto a mi nieto, que se llama “Sinfonía inconclusa en la mar” y dice en su inicio: “En un peñón de la costa que bate el mar noche y día”… Cortázar trascribe el poema “El vértigo”, de Gaspar Núñez de Arce de donde evidentemente tomó Piero su arranque (p. 198): “Guarneciendo de una ría/ la entrada incierta y angosta,/ sobre un peñón de la costa/ que bate el mar noche y día…”

En el texto que tituló (o titularon los editores) “A la hora de reunir la totalidad de mis relatos para esta edición…” escribe una idea que yo ya recordaba y eventualmente citaba de memoria (p. 208): “Comprendí que los interdictos más estúpidos tienen una fuerza frente a la que poco puede la inteligencia”.

El libro también tiene entrevistas, en una de ellas Cortázar responde (p. 234): “La verdad es que la literatura con mayúsculas me importa un bledo, lo único interesante es buscarse y a veces encontrarse en ese combate con la palabra que después dará el objeto llamado libro”; más adelante dice (p. 240): “En el terreno de la literatura también hay que acabar con el sentimiento de la propiedad privada, porque para lo único que sirve la literatura es para ser un bien común”.

Cuenta sobre un documental de Cuba, donde muestran el trabajo y los resultados de talleres de artes (p. 292): “Hay ese hombre que muestra orgulloso un bicho amarillento y explica: ‘Pues mira, yo lo que quería era hacer una jirafa, pero ya ves, por más que hice al final me salió este cisne’ ”.

Habla de Cley Gama de Carvalho (p. 371): “Cley me pidió una entrevista para un diario paulista o carioca, y me escribió una carta que era un gran argumento para no dársela, razón por la cual la acepté de inmediato”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

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