El arte de cepillarse los dientes

Casa de citas/ 295

El arte de cepillarse los dientes

Héctor Cortés Mandujano

 

He leído muchos libros de Leonardo da Jandra, inteligente y querido amigo. Recientemente disfrute Bajo un sol herido (Almadía, 2007), que me compré acompañado de él en una librería de Oaxaca y que me dedicó con su letra incomprensible: un desafío para cualquier paleógrafo.

Trilce Vallejo Xunqueiras del Sobrar, española, novelista, nieta de César Vallejo, viene a México y lo recorre en sus distintas capas sociales, lo confronta, lo va entendiendo. Conoce la necedad del macho mexicano y el amor de otra mujer. La novela está llena de ideas filosóficas, de observaciones sobre la mexicanidad (p. 78): “Los intelectuales, los ricos y los políticos corruptos sacan los dólares, y los braceros y los narcos los traen de vuelta”.

Este dato del agave no me lo sabía. A Trilce se lo dicen en Oaxaca (p. 130): “Hay en el mundo doscientas setenta y siete especies de la familia agavaceae y México tiene doscientos cinco de ellas, de las cuales ciento cincuenta y dos son endémicas. Los agaves y el maíz son las plantas más nobles y polifacéticas de todas las que ha domesticado el hombre. Tan sólo el maguey tiene cerca de cien usos…”

Da Jandra vivió mucho tiempo en Oaxaca y sabe lo que dice (p. 163): “Para un oaxaco, la distancia más corta entre dos puntos es una curva”; en cambio, dice cosas dulces de las mujeres (p. 226): “Ese demorarse en el gozo que era sin duda el don más femenino de todos los dones”.

Pasa por la experiencia de los hongos y en pleno viaje el Líder (p. 279) “con una voz que a Trilce le sonó lejanísima, añadió que un par de miles de años más la especie humana se alimentaría de puro plasma solar”.

 

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Ilustración: Juventino Sánchez

Ilustración: Juventino Sánchez

En la librería del Museo Amparo, en Puebla, me compré hace tiempo Ensayo sin título y otros happenings (Tumbona Ediciones, 2013), de Allan Kaprow, este gringo loco, autodenominado des-artista, que entre otras cosas propuso, y lo tomo de la introducción de Luigi Amara (p. 10), “que barrer o cepillarse los dientes son obras de arte que carecen del domo protector y del contexto que las reconozca como tales, pero que, bajo una iluminación propicia, pueden experimentarse de manera estética”; además pensó en (p. 11) “los movimientos de los consumidores en un supermercado como danza; […] las capas de polvo y desperdicio que se acumula debajo de las camas aceptadas como instalaciones; la conversación de una venta telefónica concebida como poesía, etc.”

Dice Kaprow (p. 50): “Un manual de la Marina de Los Estados Unidos para tácticas de enfrentamiento en la jungla, el recorrido de un laboratorio donde se fabrican riñones de polietileno, los embotellamientos diarios en la autopista de Long Island, le son más útiles al happening que Beethoven, Racine o Miguel Ángel”.

El libro tiene instrucciones sobre cómo deben hacerse los happenings, guiones y fotografías sobre los que trabajó Kaprow. En esencia (p. 54): “Los happenings sólo han de realizarse una vez” y (p. 56) “los públicos deben eliminarse por completo”, porque en estos actos sólo deben existir participantes.

En su definición (p. 63): “Un happening es un montaje de eventos ejecutados o percibidos en más de un momento y lugar. […] El happening se ejecuta de acuerdo a un plan, pero sin ensayos, repeticiones ni público. Es arte; sin embargo, está más cerca de la vida”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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