Neoliberalismo y democracia ¿Nos adaptamos a la post-democracia?

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¿Quieres la paz? Prepárate para la guerra.

“He estado llorando de alegría”.

“Anda como muerto en vida”

Son algunas expresiones de la cultura popular que encierran una paradoja.

Como también parece una paradoja que en México se viva -al igual que en la mayoría de los países del mundo- en una democracia; es decir en libertad y aun así muchos mexicanos no nos sentimos a gusto.

Tenemos libertad de expresión, elegimos a nuestros gobernantes, participamos en elecciones, tenemos instituciones diseñadas para garantizar la participación democrática. Pero no estamos satisfechos.

Se puede decir que estos avances ciudadanos y democráticos son insuficientes; es cierto; pero ha habido momentos en la historia nacional que millones de mexicanos no conocieron la democracia, no podían elegir a sus gobernantes -no existía el voto femenino por ejemplo- y la única institución que conocían era la oficina de tesorería para el pago de impuestos.

¿Estábamos mejor cuando estábamos peor? Otra paradoja.

 

En la historia nacional, miles de mexicanos han peleado por causas justas; muchos lo hicieron por el sueño de una vida mejor. Todos han buscado la libertad.

Lo mismo los héroes de la independencia, los de la Reforma, los de la etapa revolucionaria y más recientemente los jóvenes del movimiento del 68, los del quiebre político de 1988, los neozapatistas en Chiapas y un largo etcétera de la larga lucha social mexicana.

De alguna manera, muchos ideales de alguna etapa y gesta heroica nacional han sido retomadas y hoy vivimos en un México democrático.

Ahora mismo, hemos pasado de un México de políticas públicas estatistas, para vivir en un país en donde cada cuanto se profundiza el neoliberalismo.

Pero ni en el México de las políticas keynesianas, mayoritariamente rural, más católico y conservador que ahora y partido único los mexicanos estaban contentos, ni ahora que existe apertura democrática y competencia electoral; se promueve la tolerancia, se promueve el respeto al género entre otros avances de construcción de ciudadanía.

Se supone que los neoliberalistas promueven las libertades políticas y las libertades económicas. La primera engloba libertad de pensamiento, de elegir a nuestros gobernantes, libertad de reunión, libertad para elegir religión y la segunda es la autosuficiencia personal para que elijamos el modo de viva que queramos, sin que nada nos falte.

 

¿Pero a donde nos ha llevado el neoliberamismo?

Repito: ¿Estábamos mejor cuando estábamos peor?

¿A dónde nos han llevado las privatizaciones, el adelgazamiento de la administración pública, la austeridad fiscal, el libre comercio y las constantes reducciones al gasto público?

Sociólogos y economistas americanos dicen medio serio, medio en broma que hemos pasado de un Estado-Nación financiado por los impuestos, a uno financiado por el crédito. De hecho uno de los efectos de la crisis financiera del 2007 fue sobre el nivel de las deudas soberanas de los países, sobre todo los europeos.

Ahora bien, ¿Quiénes financian esos créditos? Obviamente bancos privados, especuladores financieros e inversionistas.

Pero con todo y deudas, los gobiernos que administran los destinos de los Estados-Naciones y redefine el papel del Estado y sus ciudadanos.

Por ello, ¿Hoy el papel del Estado- Nación es menos protagónico y fuerte en materia económica? Eso sí. Es cierto. Pero eso no quiere decir que el Estado sea menos poderoso.

Precisamente el neoliberalismo, agentes financieros, crisis del Estado-Nación; son algunos temas del objeto de estudio del politólogo y sociólogo ingles Colin Cruch.

 

En el año 2000, Cruch acuña un término que denomina Post-democracia y esta se caracteriza porque el Estado-Nación actual -al menos la mayoría o el concepto mismo- es completamente operativo, es decir se vive en un sistema democrático en donde se celebran elecciones, hay libertad de expresión y los gobiernos de distintos perfiles ideológicos se alternan el poder.

El problema para Cruch es que todo lo que hace operativo al Estado-Nación se va progresivamente limitando.

La razón es que una élite toma las decisiones fundamentales. Por supuesto que esto orada la confianza en las instituciones que deben de ser democráticas.

 

¿No les recuerda esto el sistema político mexicano?

Pero Cruch va más allá al considerar que muchas democracias del mundo, van evolucionando hacia regímenes aristocráticos.

¿No les recuerda también esto de nuestros políticos mexicanos?

Incluso el hecho de que por ejemplo en Estados Unidos, los últimos periodos presidenciales -salvo el caso de Obama- hayan sido ocupados por la Familia Bush y los Clinton; a Hillary solo le falta la Presidencia, pues ya fue Senadora y Secretaria de Estado.

Cruch dice que todo ello se debe a que en las sociedades que vivimos; todos los ciudadanos tenemos objetivos diferentes y ello hace que por ejemplo, ya no nos sentimos identificados con los partidos políticos.

También dice que la globalización hace cada vez más imposible que los países tengan autonomía en su gestión económica. Incluso que en la mayoría de los países democráticos las posiciones de los partidos políticos se han ido diluyendo, hasta parecerse todas las plataformas políticas. Esto significa que los electores no tienen mucho de donde elegir.

Además, menciona que la privatización ha hecho que los gobiernos no puedan controlar a las empresas, porque estas tienen incentivos para obtener beneficios individuales en lugar de mejorar el bienestar del público.

De acuerdo a Cruch, todo ello tiene consecuencias nefastas para la sociedad: hay menos votantes y más abstencionismo, los políticos pueden olvidar algunos compromisos, crece la xenofobia entre ciudadanos descontentos, los gobiernos extranjeros se pueden volver más influyentes dentro de un país que se supone soberano y el interés privado se vuelve cada vez más influyente en la política pública.

Por ello, si leemos a Cruch es necesario reflexionar; ¿ha muerto la democracia?

¿Qué alternativas partidarias tenemos?

Porque si el neoliberalismo no nos ha regresado un Estado de Bienestar, sigue siendo una ideología económica fuerte?

¿Qué alternativas reales nos ofrecen por ejemplo a los mexicanos los partidos de izquierda?

¿Existen?

 

A mi gusto Cruch no ofrece ninguna respuesta que nos permita adaptarnos a la post democracia.

Es más, sugiere un caos. Pero obvio; no tiene una bola de cristal para adivinar lo que puede ocurrir en el futuro. En cambio sigue la evolución de los distintos fenómenos de “indignados” por el mundo.

Particularmente; un servidor no piensa en la “Post democracia” como una etapa evolutiva del Estado-Nación; más bien me parece como un concepto que Cruch desarrolla para explicarse el mundo en el que vivimos.

De lo que sí estoy seguro es que el Neoliberalismo estará como ideología dominante algunos años más en el mundo.

Que la democracia que se vive en México y en muchas partes del mundo es representativa y que se debe de evolucionar hacia condiciones que la hagan más directa.

Y también que es necesario proteger nuestras instituciones, modernizarlas transformarlas.

Porque pienso en que una de las tragedias de México -como lo he repetido en otros textos- es que vivimos en una paradoja: necesitamos transformar y proteger nuestras instituciones, el problema es que están en manos de quienes no quieren que se transformen y beneficien a todos, porque entonces esa élite que las domina, pierde sus privilegios.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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