Mitos y leyendas lacandonas II

© Probablemente Chan K’in, joven. Selva Lacandona. DP. (c1950)

© Probablemente Chan K’in, joven. Selva Lacandona. DP. (c1950)

Cuando eso suceda Hachäkyum dará una orden a su yerno, Akinchob, [Señor] del Maíz, para que reúna a todos los hombres y a todos los animales y los encierre en un barco. Todas las criaturas, incluso las serpientes. Akinchob guardará las semillas de todos los árboles en su casa y después vendrá el [Señor] del Viento y echará abajo todos los árboles. Después lloverá y las lluvias lo cubrirán todo.

Al cabo de diez años, el barco descenderá lentamente hasta Palenque, donde Hachäkyum volverá a crear el mundo. Surgirán entonces del barco, la gente verdadera [los lacandones] y los ts’ul [los extranjeros], y también los animales. Akinchob plantará las semillas, y los árboles y las flores reaparecerán. Y la selva estará llena de vida. Entonces, elevaremos nuevamente nuestras plegarias a Hachäkyum y beberemos balché. Prepararemos tamales y pozol en su honor, y quemaremos copal en nuestros incensarios.

Y una vez más, él se sentirá satisfecho de sus hijos.

Los primeros hombres blancos. Los lacandones creen que Hachäkyum y su esposa crearon originariamente [personas] de piel blanca y cabellos rizados, con barbas rojas o azules. Los formaron originalmente de arena y barro, [aunque] sus dientes los hicieron con granos de maíz. Sin embargo, tiempo después, fue Kisin, el maligno, quien estropeó los cuerpos, oscureció la piel de los hombres y sus cabellos, con una pequeña estaca. Esto sucedió en el momento en que Hachäkyum estaba de espaldas.

El jaguar Y la mujer. El jaguar, que en realidad es [una deidad] menor, no muere cuando la mujer le corta la cabeza. En medio de la noche se levanta y vuelve a poner en su sitio su cabeza y sale en busca del hijo pequeño de la mujer. Pero la mujer ha ocultado al niño en un recipiente lleno de chile, para que el jaguar no pueda encontrarlo, por medio de su olfato. La mujer trepa después a un [árbol de] zapote y empieza a arrojar frutos verdes al jaguar… El jaguar, entonces, se come a la mujer.

[Alguien] que ha estado escuchando el relato atentamente, recuerda a Chan K’in que ha pasado por alto un pasaje de [la historia] en que la mujer corta las garras al jaguar.

—Pero si el jaguar se come a la mujer —dice el pequeño K’in.

—No. No la come —le corrige. —Le corta las garras antes de que pueda comerla.

[Sí, sí.] La mujer no es devorada por el jaguar sino tan sólo atontada. Ella es una experta tejedora, de modo que cuando el jaguar se lanza tras ella y la persigue, trepando por el zapote, ella le corta las garras delanteras con su lanzadera. El jaguar cae al suelo, [se pone a] a lamer sus garras heridas, y espera a la mañana siguiente… Akinchob, yerno de Hachäkyum, [divinidad] protectora del hombre, toma cartas en el asunto y es enviado por su suegro para poner orden en lo que está sucediendo. Ayuda a la mujer a descender del árbol y ordena al jaguar que ya no siga comiendo seres humanos puesto que son las criaturas favoritas de Hachäkyum.

La mujer que se defiende con la lanzadera es la diosa luna Akna’. [Quien] durante [los] eclipses, los dioses —Hachäkyum, Akinchob y T’uup, el guardián del sol— no saben lo que le ocurre porque el rostro de [la luna] está oculto. Corresponde a los lacandones la tarea y el deber de elevar ofrendas y rezarle, tan pronto como comienza el eclipse, para que los tres dioses acudan a defender a Akna’ de los jaguares. Si los lacandones se muestran reticentes a la hora de rezar y no alertan a los dioses del peligro que corre, [ella] no se mostrará muy dispuesta cuando se le pida que ayude a una mujer que sufre un parto difícil.

Kisin. Señor muerte y de los terremotos. Desde la llegada del hombre blanco a Najá, el papel de Kisin ha ido cobrando importancia hasta convertirse en un [demonio] de todo derecho. En los tiempos de [Alfred] Tozzer, quien recorrió la zona a comienzos [del siglo XX], la función de Kisin estaba muy bien definida y no se le consideraba especialmente malévolo. Se le conocía como el que sacude la tierra y [como el] Señor de la Muerte. Kisin cayó al [inframundo] cuando Hachäkyum provocó un terremoto que se lo tragó.

Suele atacar a las criaturas favoritas de Hachäkyum periódicamente. Lo hace pateando los pilares del reino de Hachäkyum —Metlán— y provocando devastadores terremotos. Hoy en día, Kisin está asociado con la violencia criminal, el robo, la mentira y toda clase de malas noticias, entre ellas, la llegada de los misioneros.

Akyantho. Ganado e invenciones. Akyantho, [la divinidad] protectora del hombre blanco, creador del machete, las enfermedades y las medicinas, fue también el inventor del dinero. Esto sucedió así: cuando Akyantho inventó el machete, lo entregó a los blancos y a los lacandones. Los lacandones muy pronto aprendieron a utilizarlo con destreza para abrirse camino en la selva y limpiar la milpa. Pero el hombre blanco tiene las manos delicadas porque vive en los pueblos y [en] las ciudades, y el machete le [produce] callos dolorosos en las palmas y [en] los dedos de las manos.

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