Secretaría de Salud en Chiapas, engangrenada por la corrupción 

Una gangrena, que empezó como una herida cualquiera hace algunos años, hoy ha colapsado la Secretaría de Salud en Chiapas, y si sobrevive, es por el oxígeno artificial que le suministran cientos de médicos, enfermeras y personal diverso y comprometido de esta dependencia.

La herida es, sin embargo, purulenta, difícil de tratar, que requiere de especialistas, equipo adecuado y altas dosis de inversión.

Pero para intervenir la complicada enfermedad mandaron, en lugar de un angiólogo, al médico Francisco Ortega Farrera, más versado en los dimes y diretes del Partido Verde que en cirugía endovascular.

Y ahí están las consecuencias: la imparable gangrena de la corrupción de la Secretaría de Salud ha devorado los pagos a Fovissste, seguros de vida y de coche, y el paciente se ha dado cuenta de esta situación, cuando lo han echado de su casa o cuando su aseguradora no ha respondido ante un siniestro por falta de liquidación de pólizas.

La gangrena es tan grande y abrasiva que no le ha importado quedarse con las pensiones alimenticias de cientos de trabajadores a quienes se les ha descontado parte de su salario pero éstas jamás han llegado a sus hijos.

Personal de hospitales en Chiapas trabajan bajo protesta.

Secretaría de Salud

A casi todo el cuerpo de Salud le ha brotado pus y gusanos. El gusano mayor, que comanda a una gusanera parasitaria de la Sección 50 es José Luis Díaz Selvas, hoy rebasado por sus bases y acusado de vender plazas, y enriquecerse a costa de los trabajadores.

Francisco Ortega Farrera, sin experiencia para tratar una enfermedad de este tipo, llamó la semana pasada para que los acompañen al quirófano a dos prohombres de la ciencia médica en Chiapas, a Humberto Córdova Cordero, quien estuvo preso por propagar una rara enfermedad de alteración de precios en medicamentos que alcanzó los 126 millones de pesos, y a Francisco Javier Paniagua Morgan, curiosamente mencionado por el actual secretario de Salud, como el responsable de llevar la gangrena de desvíos a esa dependencia cuando se desempeñó ese encargo.

La gangrena es de tal magnitud que hoy lunes diversos centros de salud entraron en shock y parálisis definitiva. No atienden ni las urgencias. La lista es larga: Santa Cruz, Bienestar Social, Patria Nueva, Albania-El Valle, Terán, Plan de Ayala, Juan Crispín, Berriozábal, Suchiapa, Tecptatán, Tapachula, Comitán…

Donde se ponga la mirada, los tejidos blandos están contaminados, las instalaciones acabadas y los equipos funcionan a duras penas, lotes de medicamentos, caducos o inservibles para requerimientos terapéuticos.

Una gangrena institucional como ésta no se explica sin desvío de recursos, sin la abulia de secretarios y directivos que han encontrado en el sector salud una mina para sus propios fines, pero que ha llevado al deterioro económico y de infraestructura a clínicas y hospitales, con un saldo que afecta a los más pobres, que son quienes requieren más de este servicio.

En los más de seis meses de la larga intervención que lleva Francisco Ortega ha agravado al paciente. Le falta pericia, conocimiento y monitores para transparentar sus operaciones. Dice que llegarán en este mes 40 millones pesos en medicamentos para paliar la gangrena, pero si acaso se invirtiera como debiera, esa cantidad sería insuficiente para el extendido y maloliente cáncer.

Su diagnóstico también ha sido un desastre. En lugar de culpar a la corrupción y a los desvíos criminales, ha dicho que el causante principal de tanta purulencia son las prestaciones desmedidas a los trabajadores y trabajadoras de salud, las cuales alcanzan los 700 millones de pesos anuales.

La gangrena sigue ahí, expuesta, nauseabunda y mortal, sin manos expertas que puedan intervenirla exitosamente.

Centro de Salud de Tuxtla, Tapachula y Comitán cerraron a partir de este día, por falta de insumos.

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