Se han oído sonar móviles en el interior de un ataúd

Casa de citas/ 315

Se han oído sonar móviles en el interior de un ataúd

Héctor Cortés Mandujano

 

Uno de los motivos más determinantes

que conducen a los hombres hacia las artes y las ciencias

es escapar de la vida cotidiana por su dolorosa crudeza y

su desesperada monotonía

Eistein,

citado por Steiner

 

Leo Gramáticas de la creación (Siruela, 2001), de George Steiner, quien de inmediato asombra con su lectura del mundo (pp. 12-13): “La inhumanidad, en tanto que tenemos datos históricos, es perenne. No han existido utopías, ni comunidades de justicia o de perdón. […] El nacionalsocialismo, el fascismo, el estalinismo (aunque éste, en última instancia, más opacamente) brotan del contexto, del ámbito y los instrumentos administrativos y sociales de las altas esferas de la civilización, de la educación, del progreso científico y del humanismo, tanto cristiano como ilustrado”.

El título, bello y eficaz como suelen ser los suyos, alude a las obras artísticas dentro del entorno en que les tocó surgir, eclosionar (p. 38): “”A pesar de que las posibilidades materiales, las circunstancias sociales y económicas y los cambios históricos influyen sobre la creación estética, escribir un poema, pintar un cuadro o componer un soneto son hechos contingentes. En cada caso podría no haber sido”.

Dos notas sobre el arte de la escultura y la música (p.42): “La talla es la muerte de la piedra”; (p. 137): “La música es silencio interrumpido. Cada nota que luego desaparece permanece en diálogo con el silencio”.

Flores de casa. HCM.

Sobre la obra creada escribe (pp. 60-61): “Un pintor, completamente ignorante de la navegación, puede dibujar la experta maniobra de un navío sobre el mar turbulento. Un consumado cobarde puede cantar una batalla excelentemente. Un dramaturgo que nunca ha ocupado un cargo político puede poner en boca de sus personajes agudas intuiciones de estadista. […] Desprovisto de un conocimiento auténtico respecto a lo que re-crea, lo estético juega con la realidad. […] Shakespeare no visitó nunca Verona o Venecia”.

No sólo en el arte, sino en toda nuestra vida, no hacemos más que repetir (p. 152): “Nuestro discurso erótico o sexual más íntimo, nuestro balbuceos, tanto los infantiles como los privados, por muy personales que sean, inspirados por fantasmas privados y clandestinos, son lamentablemente públicos; millones han dicho exactamente lo mismo antes que nosotros. Los suspiros del éxtasis compartido son como el canto coral”.

Insiste (p. 155): “¿Cómo puede saberse si lo que uno está pensando no ha sido ya pensado innumerables veces antes, con las mismas palabras, incluso con la misma estructura sintáctica o con palabras o gramáticas semejantes? ¿Qué es esencialmente un ‘pensamiento nuevo’ (si tiene palabras antiguas y un fundamento semántico infinitamente común)”.

Pertenecemos a una lengua inventada, a un viejo lenguaje (p. 159): “Desde la infancia –de acuerdo con ciertas teorías de neuroembriología, quizá antes– traducimos el ser y el mundo en elementos de discurso, en limitaciones y secuencias gramaticales que ya existen y se nos imponen”, y aplicado a la creación literaria (p. 163): “El shock para la gran literatura es el déjà vu. […] Las triplicidades en El rey Lear o en Los hermanos Karamazov son variantes tipológicas del cuento universal de la Cenicienta. Hamlet simplemente vuelve a las pesadillas de Edipo; (p. 165): Emma Bovary es el resultado de mucha tinta gastada sobre mucho papel; (p. 172): Cuando creemos que imaginamos o que estamos creando, estamos tomando fotografías”.

Tenemos un pasado enorme (p. 327): “Desde un punto de vista estadístico, el número de muertos desde la última era glacial es muy superior al de los vivos. Somos todavía el planeta de los muertos”.

Y aunque el libro es territorio de muchas ideas (el título de mi columna lo tomé de allí), apunto ésta final (p. 335): “En otoño de 1912, Duchamp visita el Salón de Aeronáutica en el Grand-Palais de París, acompañado por Fernando Léger y Brancusi. Volviéndose hacia este último, Duchamp exclama: ‘La pintura se ha acabado. ¿Quién podría hacerlo mejor que la hélice? Dime, ¿podrías hacer eso?”

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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