Suchiapa, el río que se muere por la corrupción

El río Suchiapa, en un hecho inusual y alarmante, empezó a vomitar peces moribundos. Mojarras, chigüilís y charales encallaron y murieron, desde el tramo del puente de Plan de Mulumí hasta Piedra Parada, en Pacú.

Las voces de protesta apuntan a la empresa Proactiva, por el descuidado relleno sanitario que maneja y que produce lixiviado, un agente altamente contaminante, pero tampoco se salvan las empresas constructoras de Bonanza, Real del Bosque y Chiapas Bicentenario, fraccionamientos que arrojan sin tratamiento alguno aguas negras al afluente.

Este caso es toda una historia de corrupción y negligencia. Proactiva incumple las normas medioambientales y no hay autoridad que la sancione, y en el caso de las empresas constructoras de los fraccionamientos, pese a que no introdujeron agua potable, ni instalaron plantas de tratamiento de aguas residuales, no se les ha fincado responsabilidad alguna.

En esta lista de repartir culpas, tampoco nos salvamos los ciudadanos. Producimos desechos de forma constante y los arrojamos a caminos, bosques y arroyos. Me decía Froilán Esquinca, que más del 20 por ciento de las cuencas en Chiapas están contaminadas, y que los ríos están extinguiéndose a pasos acelerados.

José Megchún, un antiguo habitante de Plan de Mulumí, no recuerda que el río Suchiapa haya estado alguna vez en tal estado de abandono y contaminación: “Antes vivíamos del río. De ahí lo obteníamos todo: agua para beber y para nuestros animales, así como mojarras y chigüilís, que pescábamos con visor o con atarrayas”.

Ahora, dice este hombre de 87 años que ha visto el daño vertiginoso del río, es imposible comer los peces que todavía deambulan por la corriente, a no ser que se vea uno expuesto a graves enfermedades.

El deterioro del río Suchiapa ha sido imparable, rápido y homicida. Yo todavía llevé a mis hijos, hace menos de 15 años a bañarse, a nadar y a correr por esas corrientes tranquilas.

Después, con las descargas de aguas negras de la colonia Pacú, nos trasladábamos río arriba, por el Boquerón y Piedra Parada, para sortear la contaminación.

Llegó Proactiva y llegaron los fraccionamientos impulsados por Juan Sabines Guerrero y las aguas residuales crecieron, así como los peces que aparecían muertos, pero nunca en la cantidad alarmante de la semana pasada.

En una exploración de principios de los treinta encabezada por el maestro Marcos Enrique Becerra y el periodista Tomás Martínez al Rancho El Niño, cuando vieron el río de Suchiapa apostaron que en el futuro atraería a miles de turistas, por sus aguas transparentes. No imaginaron que de aquel río majestuoso solo quedaría el recuerdo.

Es urgente recuperar la cuenca y el río de Suchiapa. No es posible que Proactiva desencadene una catástrofe ecológica por lexiviados y que colonias y fraccionamientos tiren sus desechos a este afluente hoy raquítico, contaminado y víctima de la corrupción. Algo debemos hacer. Algo deben hacer las autoridades.

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