Juan Rulfo o en las entrañas de las palabras.

Juan Rulfo o en las entrañas de las palabras

Andrés Fábregas Puig

Para Alejandro Molinari, con un abrazo grande.

En 1945, justo finalizando la segunda guerra mundial, un tal Juan Rulfo publica en la revista América los cuentos “Nos han dado la tierra”, “Macario”, “Es que somos muy pobres”, “La Cuesta de las Comadres”, “Talpa”, “El Llamo en Llamas” y “Diles que no me maten”. Más tarde, el joven Juan Rulfo, nativo de Sayula, Jalisco, en su calidad de becario del Centro Mexicano de Escritores en el lapso que media entre septiembre de 1952 y julio de 1953, escribe como parte de sus tareas “El Hombre”, “En la Madrugada”, “Luvina”, “La noche que lo dejaron solo”, Paso del Norte”, “Acuérdate”, “No oyes ladrar los perros” y “Anacleto Morones”. Estos últimos cuentos junto con los que había publicado en la Revista América, son los que formaron el primer libro de Juan Rulfo titulado El llano en Llamas publicado en 1953. Posteriormente, Juan Rulfo, ya como un joven escritor que despuntaba en el ámbito literario de México, escribe dos cuentos más, “La Herencia de Matilde Arcángel” y “El día del derrumbe” que aparecen como novedad en la edición del Llano en Llamas de 1970. Rulfo había sido reconocido como un escritor de talento por lo menos desde 1953, justo después de la publicación de su primer libro. Pero fue su segundo libro y primera novela, Pedro Páramo el texto con el que alcanzó fama universal en el mundo de las letras. El libro llevaría por título “Una estrella junto a la luna” según testimonios del propio Rulfo. La novela fue escrita también al amparo de una beca del Centro Mexicano de Escritores, que confirma con ello la importancia que ha tenido en el impulso a los escritores jóvenes en México. Pedro Páramo se publica en 1955 y tuvo un reconocimiento inmediato. Jorge Luis Borges afirmó que era una de las novelas más destacadas en lengua castellana y agregaba que aún de la literatura universal. La novela de Rulfo se ha traducido a más de cuarenta idiomas y se discute en los departamentos y escuelas de literatura en las Universidades prácticamente en todo el mundo. Fue tal la impresión que causó la primera novela de Juan Rulfo que a este le imbuyó-se dice-un sentimiento de miedo de seguir escribiendo. Me parece que no es así. Rulfo no podía vivir sin escribir. Otra cosa es que pensase muy bien su siguiente publicación que empezó a preparar desde 1956 y terminó de escribir en 1958. Se trata de El gallo de oro, novela publicada hasta 1980 y que pronto alcanzó renombre. La novela fue escrita con el propósito de llevarse al cine, por lo que tiene el doble interés de leer a un Rulfo que ahora escribe pensando en la imagen, lo que a su vez nos remite al Rulfo fotógrafo.

Al leer a Juan Rulfo disfruto el lenguaje jalisciense, la remembranza de la adustez del llano, de la tierra seca uraña de lluvia. Percibo en Rulfo la preocupación por la memoria como escondrijo de la vida. Desde las primeras líneas de Pedro Páramo, la interrogación de quiénes somos, qué vida hemos vivido, cómo labramos nuestros destinos y cómo asimilamos los enlaces con el pasado, está presente. En Rulfo la palabra se vuelve entrañable y a la vez es un camino para llegar a lo más profundo del idioma como creación cultural. En sus textos es posible alcanzar las entrañas del lenguaje.

En la actualidad, apreciamos con mayor precisión la obra de Juan Rulfo, no sólo como escritor sino como fotógrafo y guionista de cine, gracias a recientes publicaciones. Su misma biografía se ha profundizado a través de trabajos como el de Alberto Vital, Noticias sobre Juan Rulfo (2017), libro en el que se expone una detallada narración acerca de la vida de este escritor básico que es Rulfo. Así mismo, la Fundación Juan Rulfo ha publicado recientemente los tres libros del escritor jalisciense, El Llano en Llamas, Pedro Páramo y El Gallo de Oro. Este último volumen está enriquecido con material inédito del propio Rulfo y con textos de José Carlos González Boixó y Douglas J. Weatherford. Se publica también un texto que leyó nuestro poeta universal Jaime Sabines en la película que dirigió Rubén Gámez, La Fórmula Secreta. Estamos ante una edición enriquecida de la obra de Rulfo que a cien años de su nacimiento nos sigue sorprendiendo. Cierro este texto con el recuerdo de un Juan Rulfo ofreciendo una conferencia en el Paraninfo del inolvidable ICACH allá en el año de 1962. El local estuvo repleto de estudiantes y profesores que acudimos a escuchar a quien ya era reconocido como un faro de las letras castellanas. Creo no equivocarme al escribir que ese texto de Rulfo fue publicado en Chiapas, quizá en la Revista ICACH que dirigía el profesor Andrés Fábregas Roca en aquellos años de la década de los 1960. Rulfo habló de la novela mexicana, y si mi recuerdo es fiel, hizo una semblanza de la llamada “novela de la Revolución” cuya influencia es notable en su El Llano en Llamas. Años después crucé palabras con Rulfo, director de ediciones éste, en el Instituto Nacional Indigenista. Acudí en mi calidad de Jefe del Departamento de Antropología de la UAM-Iztapalapa a solicitarle la donación de esa extraordinaria colección de antropología social editada por el INI, a lo que con generosidad accedió Juan Rulfo. Fue un privilegio por lo menos haber intercambiado unas palabras con quien hizo del idioma un acto de creación universal, de humana hermandad.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 26 de junio de 2017.

 

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