La estupidez de los maridos

Casa de citas/ 330

La estupidez de los maridos

Héctor Cortés Mandujano

 

Aunque ya había leído la mayoría de los ensayos contenidos en Una adicción a la novela inglesa (Colección Biblioteca del ISSSTE, 1999), de Sergio Pitol, los leí de nuevo porque dentro de mis placeres de lectura está la obra de este gran autor mexicano y, porque, además, también admiro, si bien desde libros traducidos, la inmensa riqueza de los hombres y mujeres de letras de Inglaterra.

Habla de los conceptos que en sus novelas Jane Austen asienta acerca de los hombres (p. 22): “En el mundo de Jane Austen los hombres existen sólo como sombras supeditadas a la voluntad de las mujeres”, y (p. 23): “Los matrimonios rara vez son felices. Fundamentalmente por la culpa, ineptitud, arrogancia y estupidez de los maridos”.

Antes ha cedido la palabra a Elizabeth, heroína de Orgullo y prejuicio (p. 21): “Después de todo, los únicos hombres que vale la pena conocer son los estúpidos”.

Sobre Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, libro imprescindible, Pitol cede la voz a Virginia Woolf para tratar de clarificar la extraña pasión de los personajes (p. 37): “El conflicto no es de ‘te amo’ o ‘te odio’, sino el establecido entre ‘nosotros la raza humana’ y ‘ustedes, los poderes eternos’ ”.

Ilustración: Luis Villatoro

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Morirán los envidiosos,

pero no la envidia

Molière,

en Tartufo

 

Don Juan o el convidado de piedra, de Molière, obra un tanto rara en su producción, fue escrita a vuela pluma cuando le prohibieron representar Tartufo o el impostor, porque muchos se sintieron aludidos. Ambas obras son parte de mi elegante volumen (RBA Editores, 1994). En la primera, ya se sabe, el personaje principal es alguien cuyo interés central en la vida es cambiar de mujeres. Esta es su defensa (p. 9): “Es una necedad el querer vanagloriarse del falso honor de la fidelidad, el sepultarse para siempre en la tumba de una pasión y el morir, en la flor de la juventud, para cuantas beldades puedan llamar a la puerta de nuestros ojos. ¡No, no y no! La constancia sólo es buena para gente ridícula. […] Una pasión, cuando nace, tiene un hechizo inexplicable, y todo el placer del amor está en la variación”.

 

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Leo otro libro de Sergio Pitol, publicado por Almadía en 2010: Una autobiografía soterrada (ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones). Dice, como siempre, cosas provechosas (p. 41): “Aún y siempre considero la realidad como la madre de la imaginación”, y cita, para reforzar, a Henry James: “La novela en su definición más amplia, no es sino una impresión personal y directa de la vida”.

Pitol pide casi al final del libro no confundir escritura (es decir, literatura) con redacción (p. 117): “La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura, la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta”.

La parte última es una conversación de Pitol con Monsiváis y éste cuenta de cuando ambos vinieron a Chiapas y el primero jugó una broma a un par de antropólogos. Cito una línea del Monsi, muy simpática (p. 129): “Ya por irnos, se reveló la verdad, ese género tan anticlimático”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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