María de Jesús Olvera, la oscura diputada priista que demanda cinco millones para blanquear su nombre

Para Silvano Bautista Ibarias

María de Jesús Olvera Mejía, diputada priista y lideresa de la CTM, inscribió ayer su nombre en la historia de la infamia en Chiapas, al demandar del periodista Silvano Bautista Ibarias cinco millones de pesos por daño moral.

No es que los periodistas deban estar en un nicho especial de protección, pero esta demanda atenta contra la libertad de expresión porque proviene de una diputada que goza de fuero y que presenta una  trayectoria salpicada de escándalos, presuntos actos de corrupción y delitos diversos mencionados en las averiguaciones previas 677/CAJ4/06 y 274/FS17/2010.

Desde que Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila, se le ocurrió demandar por diez millones de pesos a Sergio Aguayo, bajo el supuesto de daño moral, ya cualquier político ofendido esgrime litigios y amenazas para que se pague una cantidad por enlodar “su buen nombre” y así desviar la atención de sus fechorías.

No ha habido hasta el momento resolución alguna que favorezca a los políticos, pero estos litigios agotan la energía de los periodistas y entorpecen la actividad informativa.

Desde que fue demandado por Moreira el 30 de junio del año pasado, Sergio Aguayo ha tenido que desviar su tiempo para atender la disparatada petición del exgobernador, a veces con citatorios en la Ciudad de México y  en Coahuila.

Foto tomada del muro de Carlos Díaz.

Juan Sabines también hizo un amago de demanda en contra de los directivos de Diario de Chiapas, pero al final se le bajó la fiebre, porque las consecuencias serían peores, en una posible revisión de su pasado corrupto como gobernante.

María de Jesús Olvera no pudo tener peor tino, primero por exigir “cinco millones” por daño moral —¿en qué mundo de abundancia vive? ¿sabe que para juntar esa cantidad el periodista debería trabajar 68 años seguidos?—; segundo, porque esa demanda podría revertírsele porque ahora estará bajo el microscopio, y tercero, por enfrentarse a Silvano Bautista, un profesional de la información, batallador y solidario con sus compañeros. En lugar de ser demandado, Silvano debería ser desagraviado y premiado en reconocimiento a su destacada labor periodística.

Los políticos tienen muy mala traza pero muchos recursos económicos, abogados y tiempo para demandar a los periodistas. Si tuvieran una vida honesta, de rectitud aplastante, sus litigios serían bien vistos por la sociedad y hasta obligarían a mejorar las prácticas informativas.

Pero cuando provienen de la desfachatez y el devaneo persecutorio solo pueden recibir la condena resuelta de los trabajadores de la información y de la ciudadanía.

No es que el gremio periodístico esté libre de culpa, desde luego que no, y hay casos —en especial cuando se difama a ciudadanos comunes y corrientes— en que debería procederse en contra de las plumas propensas al desprestigio, pero la demanda de esta diputada solo puede causar estupor y temor.

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