Rememorar a Einstein frente a Charlottesville (Virginia)

Para leer en vacaciones, aunque no hayan sido de muchos días, me llevé un libro de Ben Irvine titulado Einstein y el arte de montar en bicicleta. Buscando el equilibrio en el mundo moderno. El subtítulo da a entender que es un texto de autoayuda, de esos que tanto abundan hoy en día, pero la atención para comprarlo me la llamó la relación entre la bicicleta y Einstein, un devoto usuario de ese medio de comunicación y también, como desea resaltar Irvine, forma de observar el mundo de manera creativa. Es decir, pedalear, y eso lo digo yo, sería el equivalente a las formas del pensar peripatético que los filósofos griegos practicaron y que tan difícil resulta en estos acelerados días. Las bondades otorgadas a la bicicleta se equiparan a las formas de razonar de una figura como Einstein, y ahí se condensan las virtudes de una lectura veraniega. Pero reencontrar al desaliñado científico me hizo pensar que su figura continúa siendo un referente literario e incluso, últimamente, fílmico. Pero también lo es por su actitud ante los problemas sociales del mundo que le tocó vivir.

La exitosa novela de Jorge Volpi, y que lo hizo famoso tras su publicación en 1999, fue En busca de Klingsor, y donde la física moderna se entremezcla con hechos históricos de la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Ahí también Einstein es protagonista, como otros destacados científicos del momento, pero que viven, como cualquier ser humano, construidos o encaminados por las decisiones tomadas y el azar. Un relato fresco y que no necesitó de la descripción localista para conformar una magnífica historia.

Pero ahora también me he encontrado a Einstein en nuevos relatos que han convertido ciertos aspectos de su vida en un referente narrativo. Es el caso de la supuesta hija que tuvo con la que sería su esposa, Mileva Maric, una científica serbia que Ben Irvine caracteriza como enfermiza y depresiva, aunque Einstein con anticipación la viera más prolongadamente en su vida: “Pase lo que pase, viviremos la vida más maravillosa del mundo […]: podemos comprarnos unas bicicletas y hacer una excursión cada dos semanas”.

Philip Sington narra esa supuesta relación en La chica Einstein, publicada por Alfaguara, y donde Lieserl, el nombre de la hija oculta o desconocida, toma vida aunque existen muchas lagunas de lo ocurrido con ella, aunque al parecer fue dada en adopción. Una hija protagonista, igualmente, en una novela a cuatro manos escrita por Álex Rovira y Francesc Miralles y titulada La última respuesta, editada por Plaza & Janés. El relato mereció el premio Ciudad de Torrevieja, en España, y recorre lugares donde Einstein vivió, incluso añadiendo la presencia de una supuesta e imaginaria nieta, Mileva.

Finalizo este breve repaso con la presencia en la pantalla chica de una serie que trata sobre la vida del científico judío y titulada “Genius”, misma que puede seguirse en el National Geographic Channel. Un magnífico reparto lo compone, y Geoffrey Rush es uno de ellos interpretando al Einstein maduro. Debo decir que no la he visto, pero esperaré la ocasión para revisar los 10 capítulos y si es posible leer el libro en el que se basa la serie, y escrito por Walter Isaacson, Einstein. Su vida y su universo (Debate).

Einstein sigue abriendo vetas a la imaginación, y su figura y propuestas teóricas iluminan narraciones y eso, no es fácil en estos tiempos donde todo se consume con pasmosa facilidad. Junto a ello sería bueno recordar que el físico también fue un comprometido defensor de causas como la eliminación de la segregación racial en los Estados Unidos, país que lo acogió tras salir su salida de Europa. De hecho declaró que el racismo era la peor enfermedad de ese país. Hoy vemos como en el mundo reaparecen, porque nunca se han ido, manifestaciones que glorifican los pasados racismos y los desean presentes públicamente, incluso como forma de pensar las relaciones humanas y los gobiernos de los Estados modernos. Cuando ello ocurre, como se ha visto recientemente en el estado norteamericano de Virginia, volver a Einstein es un bálsamo y un ejemplo, más allá de sus descubrimientos y aportaciones para la física.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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