El pueblo de España

España es un conglomerado de variedad cultural. Es asombrosa su diversidad y la profundidad cronológica de la misma. Quizá pueda afirmarse que España se forjó a base de las corrientes migratorias de multitud de pueblos, proceso que a lo largo del tiempo fue configurando regiones, incluso unidades nacionales, territorios variados. Nunca ha existido una “sola España”. Es un ejemplo que resalta, de las complejidades que enfrenta la construcción de un Estado que pretende ser Nacional, en un contexto multicultural. Es una situación semejante, aunque por causas diferentes, a la de América Latina, en donde los Estados Nacionales decidieron asimilar la variedad cultural en lugar de buscar mecanismos para articularlas. Siempre que surge el tema en nuestros países, no falta quien diga que es imposible pensar en una Nación en medio de un contexto de diversidad cultural, echando por la borda la factibilidad de negociar la instauración de comunidades políticas multiculturales. La misma China, es un conglomerado político que opera en un contexto de variedad cultural. Lo mismo ocurre con la India y con una multitud de países. En breve, son contados los Estado Nacionales sostenidos por una realidad de homogeneidad cultural. Con todo lo impresionante que es ese dato, se insiste en que una nación sólo es posible en la homogeneidad cultural, cuando la variedad es histórica, es una característica del mundo.

El presente caso de Cataluña viene a la memoria, no sólo porque preocupa cómo terminará un proceso que empezó mal, en el contexto de una España gobernada por el nuevo franquismo, que vuelve a insistir en la máxima del general traidor, “España: grande y única”. Franco llevó su fanatismo y ambición de poder, a imponer incluso el uso de una sola lengua y cambió el nombre del castellano por el de español. Cataluña fue una de las regiones más reprimidas en la guerra provocada por el golpe militar de Franco contra la República legítimamente constituida y que significaba una interesante vía para articular la diversidad en el país. Me parece lamentable que el franquismo conduzca a España al desgarre, sobre todo, existiendo vías de negociación política en lugar del autoritarismo. Lo que se vislumbra es muy grave, no solo para España y Europa, sino para el mundo, por lo menos en su parte occidental: una debacle social cuyas repercusiones son difíciles de prever.

En México no estamos en un “lecho de rosas” para recordar la frase atribuida a Cuauhtémoc cuando era torturado para que señalara en dónde estaba el “tesoro” de los aztecas. Es un país completamente diferente de aquel que desde 1937, empezó a recibir a los exiliados españoles que venían de pelear en defensa de la República. No sabemos cómo se comportaría ante una situación de exilio político masivo el actual Estado Nacional Mexicano manejado por los “buscadores de poder” que dominan la administración pública. En aquellos años del exilio republicano, gobernaba al país el General Lázaro Cárdenas, quizá el prototipo de Presidente de la República que México sigue buscando. Cuando vuelve uno los ojos a aquellos días, resalta la solidaridad sin condiciones ofrecida a nombre de la sociedad mexicana por el Estado Nacional a los republicanos. Notable fue también la solidaridad de los intelectuales con sus colegas, haciéndoles espacios en las instituciones académicas y científicas del país. México movilizó sus entrañas para recibir a quienes habían defendido a la democracia contra un golpe de estado fraguado en las alcantarillas de la traición.

El panorama de una España desgarrada mueve a una profunda preocupación. La nula capacidad de negociación de los círculos neo franquistas es un obstáculo para lograr una solución idónea. Con todo, confiamos en la capacidad de España y de los pueblos que la habitan para llegar a un consenso y normar la vida por las rutas de la tolerancia cultural y el acuerdo político.

Igual estamos en América Latina con el caso de Venezuela de cuya situación estamos muy mal informados. En verdad no estamos informados. Lo que escuchamos en los noticieros televisivos o leemos en los periódicos, no es información, sino propaganda. Más allá de las simpatías o antipatías hacia el Presidente Nicolás Maduro, lo que priva en Venezuela es una sociedad que busca instalar un país diferente, sin ingerencias externas para decidir su destino. Lo que ocurre en Venezuela es el proceso de América Latina a lo largo de su historia. Sociedades tratando de construir conglomerados nacionales en el contexto de territorios definidos por esas historias, pero con el imperio enfrente. El desprecio de este por nuestros pueblos se ha hecho patente no solo en el caso venezolano sino con el propio Puerto Rico, territorio norteamericano, pero al mismo tiempo, habitado por un pueblo Latino, lo que a la dirección racista del Estado Norteamericano molesta profundamente. La estrategia de esa dirección ku klux klánica es esperar a que Puerto Rico se deshaga y re poblar la isla con la población de origen sajón. En una palabra: blanquear la negritud puerto riqueña. A más de una semana de los terribles acontecimientos en la Isla, la ayuda del Estado Norteamericano no solo no llega, sino que la población tiene que soportar las diatribas de un jefe de Estado peculiar y racista.

En escenarios como los mencionados la reflexión es necesaria. Pero una reflexión analítica y no apologética. En nada ayuda volver a los esquemas de la guerra fría, por ejemplo, para interpretar lo que pasa en Venezuela. El proceso está situado en el mundo actual. El caso de Puerto Rico es una llamada para analizar las nuevas formas de colonialismo imperantes y los desafíos que ello entraña para las sociedades en Latino América. Es una coyuntura mundial que exige el ejercicio de enfoques críticos, capaces de explicar qué ocurre y que salidas posibles se vislumbran.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 1 de octubre de 2017

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