En respuesta a Antonio Cruz Coutiño: Catalunya como historia y presente

Estimado Antonio, retomo el reto de retroalimentación, manifestado en tu artículo publicado el 13 de octubre, y lo hago desde este espacio compartido para las opiniones y discrepancias que es Chiapas Paralelo.

Inicio la contestación desde lo general, para pasar a cuestiones puntuales, y finalizar con otras desconocidas u olvidadas. Con este hilo inicio comentando que el título de tu artículo no me agrada, puesto que lo coloquial de la referencia a los catalanes se convierte en desprecio al Presidente número 130 de la Generalitat, una institución medieval, la Diputació(n) del General, y cuyo origen es el siglo XIV. Dicho esto, tu opinión, respetable como cualquiera, peca de un historicismo que en los tiempos que corren es difícil de justificar, aunque seamos lectores de uno de sus máximos exponentes: Leopold von Ranke. Es decir, los hechos humanos no están destinados a seguir un guión predeterminado, si tal cosa ocurriera no deberíamos preocuparnos de nada en nuestras vidas, el destino estaría resuelto como un guión cinematográfico del cual no nos podemos desviar. Afirmación ratificada como sentencia de verdad y de manera teleológica al final de tu texto, cuando se señala que “Cataluña es parte indivisible de España, al igual que El Tíbet de China […]”.

Esa lógica, no compartida, podría llevarme a decir que las instituciones catalanas, por ser más antiguas que las que dieron como resultado al actual Estado español, serían el camino único y, por lo tanto, a seguir para lograr la Independencia de un territorio que llamas provincia, a pesar de que es una Comunidad Autónoma constituida por cuatro provincias: Barcelona, Tarragona, Lleida (Lérida) y Girona (Gerona).

Aseveras en tu artículo que, y cito: “Cataluña y el País Vasco junto con Castilla, León, Navarra y Aragón son históricamente fundadoras del Estado Nacional”. De nuevo debo corregirte porque el Estado español, que hoy conoces, lo define el primer rey Borbón, Felipe V, quien a través del Decreto de Nueva Planta abolió todos los derechos políticos catalanes (de la Corona de Aragón). Catalunya fue el último territorio en rendirse durante la Guerra de Sucesión finalizada con la caída de Barcelona, en 1714, después de un año de sitio. Esa fecha, el 11 de septiembre, es la que se celebra en el Día Nacional de Catalunya.

Seguramente se piensa, erróneamente, que los Reyes Católicos unificaron lo que consideras Estado nacional. Nada más lejano de la realidad. Sin entrar en detalles, Castilla y León eran los reinos de Isabel, las posesiones de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares), además de las del Mediterráneo, eran de Fernando, y Navarra, donde se incluye el actual País Vasco, cedió sus derechos dinásticos a Castilla. Debo recordar que muerta la reina Católica, Fernando regresó a sus posesiones, y solo volvió a encargarse de los asuntos castellanos por la “locura” de su hija. Sus descendientes, iniciando con Carlos V, nunca firmaron como reyes de España, sino como representantes de los distintos reinos. Reinos que no vivieron la paz que atribuyes al Estado español, salvo tu mención a la guerra civil, sino que los conflictos fueron constantes. Aquí solo menciono el año 1641 cuando la conocida como “rebelión de los catalanes” permitió la secesión de Portugal. Pocos años más tarde, en 1659, la descomposición imperial llevó a que en un Tratado Internacional, el de los Pirineos, Catalunya perdiera sus comarcas hoy francesas: Rosellón, Vallespir, Conflent, Cerdaña y Capcir. En la ciudad de Perpignan, su capital, ondea la bandera catalana.

De el economista.es01

Si estos pocos acontecimientos apuntados, junto a la guerra civil, no son suficientes, hay que resaltar la prohibición y persecución del idioma catalán durante siglos, aunque sea tan o más antiguo que el castellano puesto que son lenguas romances. Algo que los monarcas Borbones, como centralistas de origen francés, han hecho siempre. Evidentemente, como indicas, “la lengua catalana no es toda identidad”, pero no creo que seas partidario de eliminar idiomas, por ser minoritarios, y tampoco considero que te agradara que un poder te prohibiera cualquier cosa de lo que amas de Chiapas, o de cualquier lugar del mundo.

Tienes razón al afirmar que el universo del capital busca integraciones económicas, pero ello no significa la defensa de todos los pueblos que están incluidos en sus fronteras, como se ha demostrado en los últimos años en la misma Europa. Grandes Estados se han dividido, y otros con menos territorio también, y ello no significa una hecatombe mundial. Según esa lógica solo podríamos vivir en imperios, aunque sean económicos, y no contaríamos en el globo terráqueo con países como Finlandia, Eslovenia, Uzbekistán, Lituania, Letonia, Eslovaquia, etc.

Dentro de las puntualizaciones a tu texto considero que señalar la “separación” de Catalunya como “ilegal desde el derecho internacional” es obviar que los Tratados Internacionales reconocen el derecho de autodeterminación de los pueblos. Otra cosa será definir si la ley, la Constitución, etc., siempre están por encima de los seres humanos, pero eso es un debate sobre legitimidad demasiado extenso ahora y que cuestionaría las ilegalidades que condujeron a suprimir la esclavitud, la segregación racial u otorgar el voto a la mujer.

Finalmente hablas de la situación actual que puede llevar a circunstancias terribles para Catalunya, según tu perspectiva, y que coincide con la violación de la “lealtad a la Nación” española. Terrible frase porque se conoce el autoritarismo y violencia del Estado español, y me remito a los hechos recientes o a la creación de grupos armados de Estado, como lo fueron los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) en plena “democracia”. Igualmente, llamar a la lealtad de la nación es también arriesgado porque las naciones son constructos modernos, con todas y las muchas teorías que hablan de su formación, pero que están relacionadas con los procesos de creación del Estado moderno. ¿O acaso se puede afirmar que en el siglo XVI había nación mexicana? Tampoco existía la catalana, la española o cualquier otra, aunque se usara el concepto nación.

Una vez puntualizadas ciertas afirmaciones demasiado agresivas y poco precisas, y lo digo con total respeto, debo decir que no soy un devoto nacionalista, pero sí soy un defensor de la diferencia. Algo que no ha ocurrido en el Estado español, que ha considerado unívoca a esa nación que apelas y defiendes. Mi formación también colabora en creer en ese respeto, y también por haber visto ejemplos maravillosos de cohabitación en la diversidad, como la que representa Suiza, e incluso es observable en muchos lugares de Chiapas donde conviven y se hablan varios idiomas. Para lograr esa coexistencia hay, en primer lugar, que tener respeto a la diferencia, de cualquier naturaleza, y el Estado español no se ha caracterizado por ello nunca. Los actuales países de América Latina deben tener memoria, imagino. Y si me preguntas si en Catalunya no ocurre eso mismo creo que debes conocer que el 75% de los catalanes tenemos origen no catalán, o que hoy la líder de oposición es andaluza, así como varios presidentes de la Generalitat no nacieron en Catalunya. ¿Sería bueno preguntarse si algún catalán podría ser presidente de una Comunidad Autónoma en España?

El crecimiento independentista se ha dado en circunstancias políticas de desprecio por las decisiones catalanas, aunque sean votadas en referéndum legal o a través de elecciones, como ocurrió con el Estatuto de autonomía reformado y recortado posteriormente en Madrid. El parlamento catalán no es un invento, es consecuencia de los votos ciudadanos, merecedores de respeto. Los independentistas catalanes no son personas “abducidas” como el fiscal en jefe español dijo en declaraciones públicas, aunque sea un funcionario recusado por el Parlamento español. La sociedad civil catalana organizada como no se había visto nunca, y cuyo papel ha sido revisado por una prensa tan poco catalanista como la norteamericana o la inglesa, es la que se ha mantenido y mantiene en pie en pos de su objetivo, por encima de los políticos. Mis paisanos que desean la independencia no son ilegales, dementes, o abducidos, son ciudadanos con ideas, tan dignas como las tuyas o las de personas que no desean la independencia. Por tal motivo, merecen respeto, y en cualquier caso, una mayor información ajena a medios de comunicación financiados por capitales con intereses muy claros. Creo que en México no hay que dar más explicaciones al respecto.

Acabo ya. El futuro es impredecible, y la campaña de falsedades desatada en el Estado español por parte de políticos y medios de comunicación, no presagia buenos resultados para la sociedad catalana. Sin embargo, la historia indica la tozudez de los acontecimientos y los pueblos, por tal motivo no haré de mis deseos virtud, y confiaré que la violencia contra un pueblo desarmado no sea la solución porque la legalidad, por encima de los seres humanos, no es más que autoritarismo.

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