Lo que de verdad aman las mujeres

Casa de citas/ 361

Lo que de verdad aman las mujeres

Héctor Cortés Mandujano

 

Siempre he sostenido que los literatos

son gente incomprensible

Virginia Woolf,

en Fin de viaje

 

Fin de viaje fue la primera novela que publicó, en 1915, Virginia Woolf. En ella, aunque hay muchos personajes que viajan en barco y luego, algunos que no tomaron otros destinos, conviven en el mismo hotel, la línea anecdótica sigue la vida y la muerte de Rachel, quien en el barco conoce a la señora Clarissa Dalloway, quien diez años más tarde será la protagonista de otra novela de la Woolf: La señora Dalloway.

Este libro (mi ejemplar es de Axial, 2007) está lleno de personajes que leen y escriben, de modo que hay mucha materia para mi columna. Me limitaré a algunos apuntes que me encantaron (p. 116): “Nuestra vida es de completa incertidumbre, un ciego revolotear en el vacío en busca de un mundo mejor cuya existencia sólo suponemos”.

Dos novios se descubren enamorados y se comprometen en matrimonio. Conversan (p. 126):

“—¿Qué fue lo que te atrajo de mí en primer lugar? –preguntó de pronto.

“—Una tontería… –dijo Arthur, después de pensar unos instantes–. La hebilla del cinturón que llevabas la primera vez que te vi.”

La señora Flushing ilustra a Terence sobre los secretos femeninos (p. 245): “Hay sólo dos criaturas que la mujer normal quiere verdaderamente […]. Su hijo y su perro; y no creo que los hombres lleguen a tanto. Se lee tanto de amor. Por eso la poesía es tan aburrida. ¿Pero qué pasa en la vida real, eh? No es el amor lo que cuenta”.

Dice la narradora (p. 278): “¡Qué extraño es el vivir! No se sabe nunca hacia dónde se va ni qué es lo que realmente se desea; caminamos con los ojos vendados, sufriendo en secreto, mal preparados siempre, de sorpresa en sorpresa y sin saber nada nunca”.

Y anoto esto, porque Virginia se suicidó. Habla de vivir y morir (p. 322): “No es cobarde el deseo de vivir, Alice. Es el reverso de lo cobarde”.

Abril. Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez

***

 

Cristina Rivera Garza escribió un libro que sigue los pasos de los trabajos de Juan Rulfo, sus rutas por la república, la lectura de otros libros que han intentado aprehenderlo y de los dos célebres que escribió este hombre tocado por la gracia: Pedro Páramo y El llano en llamas.

Había mucha neblina o humo o no sé qué (Ramdom House, 2016) se mete en todos los géneros, reformula textos rulfianos, indaga, trata de hallar explicaciones, juega, propone a partir de “su Rulfo privado” o, como dice ella (p. 19) “un Rulfo mío de mí”.

Algo a lo que le da vueltas es la nula importancia que le da Dorotea, en Pedro Páramo, a que la llamen como hombre o mujer (p. 20): “Encuentro del todo intrigante que un personaje siga sosteniendo a lo largo del tiempo, aunque todavía dentro de un ataúd, que Dorotea o Doroteo da lo mismo. Mi Rulfo bien queer”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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