Otro periodo de incertezas para Cuba

El ex presidente norteamericano, Barack Obama, tras muchos años de bloqueo económico a Cuba abrió una cierta esperanza para regularizar las relaciones entre ambos países pero, y sobre todo, las posibilidades de que estadounidenses o cubanos residentes en Estados Unidos pudieran visitar la isla mayor de las Antillas, así como permitir  intercambios comerciales y el trasiego de divisas en apoyo a la familia que vive en Cuba.

Con el discurso del respeto a los derechos humanos, el actual mandatario del vecino del norte ha decidido endurecer las medidas de bloqueo y de relación con la isla, aunque no haya roto relaciones diplomáticas con un régimen que, considerado comunista, tiene muchas aristas para tener una nítida definición política y económica en la actualidad.

Volver a las formas de actuación que caracterizaron el periodo de la guerra fría no parece una lógica salida para las transformaciones que Cuba necesita, y más cuando el mismo mandatario estadounidense no toma esas medidas con regímenes donde el respeto por los derechos humanos se ha convertido en una gran falacia, y seguramente el caso de Turquía es el más evidente. Sin embargo es necesario entender, mas no aprobar, ese posicionamiento estadounidense, regido por la geopolítica representada por el papel del país del Mediterráneo en la OTAN y tapón territorial de los conflictos que sacuden Siria e Irak. Un aliado será siempre defendible desde esa lógica, aunque sus políticas nada tengan de democráticas ni honren los mínimos derechos individuales de sus ciudadanos.

Tomando en cuenta tales circunstancias, hay que reconocer que la apertura de Cuba hacia cierta liberalización de su economía, en muchos casos relacionada con el turismo aportador de divisas, se reforzó aunque haya sido por poco tiempo, gracias a las posibilidades de los estadounidenses para viajar a la isla caribeña, algo que también agradecieron los cubanos residentes en Estados Unidos. Compañías de telecomunicaciones o de aviación se han beneficiado de la breve apertura, lo mismo que los usuarios que pudieron viajar a Cuba o mandar recursos a sus familiares.

Desde finales del año pasado Donald Trump ha vuelto al pasado y establece un cerco a la isla pero, y sobre todo, a sus ciudadanos. Hoy se han suspendido vuelos hacia Cuba y los residentes en Estados Unidos podrán viajar, principalmente, con propósitos académicos y con una agenda establecida. Lo mismo ocurre con las compañías que ofrecían servicios turísticos o permitían depósitos económicos.

Quienes conozcan Cuba, su historia y su situación política y económica sabrán que este tipo de bloqueos no solventan las transformaciones que dicen desear, por el contrario agravia más a un pueblo que ha sufrido demasiadas restricciones por ese bloqueo, en especial tras la caída del muro de Berlín que los dejó huérfanos de la ayuda de la antigua URSS. Tras años difíciles, la mencionada e incipiente liberalización de la economía, en rubros muy determinados y relacionados con el turismo, ha permitido un cierto desahogo de algunos sectores de la población que hoy ven con preocupación el nuevo cierre de intercambios, y todo ello sin pensar en las disfunciones familiares causadas por este nuevo bloqueo.

Cambios próximos se avecinan en Cuba, al menos así ha sido anunciado con el próximo abandono de Raúl Castro de la Presidencia del país. Es de suponer que el establishment cubano tendrá pensada la sucesión, pero la historia es siempre impredecible respecto a la actitud y reacciones de la población, pero lo que es visible para cualquier observador, mínimamente sensible, es que los cambios parecen urgentes en Cuba, paulatinos si se quiere pero necesarios si se cree en la dinamización de la economía como forma de posibilitar el empleo para los cubanos, por solo citar un ejemplo. Pero esas transformaciones no pueden ser exigibles simplemente desde la isla puesto que, como también se dijo, el respeto por los derechos humanos es usado como arma arrojadiza ante intereses no relacionados con su real contenido.

Cuba se ha convertido, desde hace años, en un botín político de referencia y todo ello desde formas ideológicas contrapuestas. Hoy de nuevo se observa esa utilización con la actitud de Donald Trump contentando al lobby cubano de Miami. Botín que, sin embargo, se olvida de lo más importante que son los pobladores de la isla. Parece que el tiempo, referido a Cuba, se haya tornado circular y ello no augura un buen futuro para quienes llevan años de restricciones pero, sobre todo, de incertezas cotidianas.

 

 

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