Quién cuenta los abalorios de la noche

Casa de citas/ 364

Quién cuenta los abalorios de la noche

Héctor Cortés Mandujano

Buenos días – Media Noche –

Estoy volviendo a casa

Emily Dickinson

 

En los epígrafes de Crónicas de plata (poemas escogidos), de Emily Dickinson, publicado por la editorial Hiperión, en 2001, dice Borges que: “No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y más solitaria que la de esa mujer”. Lo dice porque, como lo confirma Manuel Villar Raso, traductor y autor de la selección y la introducción, Emily (p. 9) “vivió toda su vida en la misma casa” y “en 1861, a los 31 años de edad, declinó todo tipo de invitaciones y jamás consintió en abandonarla”.

La Dickinson, considerada ahora “la mejor poeta de la literatura norteamericana”, sólo publicó siete poemas en vida (ocho dicen otras versiones), aunque a su muerte, en 1886, su hermana descubrió que había escrito 1775. La he leído con constancia, pero este volumen bilingüe de 425 de sus poemas (a los que, como títulos, sólo les puso un número) me lo regalé en uno de mis cumpleaños. De él comparto estos rayos de luz.

No me daré de entendido con ella y sólo anotaré que los versos suyos tienen una forma que no se parece a otros: usa guiones sin cesar y pone mayúsculas al tuntún. Comienzan en ocasiones como a la mitad de un pensamiento, como en un acto de magia (p. 53):

            No se lo dicho a mi jardín todavía –

            No sea que me conquiste,

            No tengo suficiente fuerza ahora

            Para decírselo a la Abeja –

            No lo mencionaré en la calle

            Porque las tiendas me mirarían fijamente –

            Que alguien tan tímida – tan ignorante

Tenga el descaro de morir.

 

El Chichonal Foto: Vero Corzo

La escritura suya está muy cerca del misterio, de la develación del misterio. Así empieza éste (p.69): “Llevar nuestra parte de noche –/ Nuestra parte de mañana ­–/ Llenar nuestro vacío de felicidad/ Nuestro vacío de escarnio –”.

Hay definiciones, como ésta (p. 111): “ ‘Esperanza’ es esa cosa con plumas –/ Que se posa en el alma –”.

Entre un poema y otro hay, a veces, continuidad, variaciones, puertas que se abren y cierran: Dice en el 465 (p. 201): “Oí zumbar una mosca – al morir–”, y en el 470 empieza (misma página) con esto: “Estoy viva –creo –”.

Sus poemas a veces cuentan, como si fueran normales, cosas fantásticas (p. 229):

 

Me levanté temprano – cogí mi perro –

Y visité el Mar –

Las Sirenas de las Profundidades

Salieron a mirarme –

 

Tomo pequeñas perlas de distintos poemas y compongo este abalorio (p. 295): “El Tiempo es la Prueba del dolor –/ Pero no un Remedio”; (p. 327): “La mejor Pena no tiene Lengua”; (p. 361): “Vivir, incluye/ Un morir múltiple – sin/ El alivio de estar muerto”; (p. 381): “El Éxito se halla en los Rodeos”; (p.417): “Quien no ha encontrado el Cielo –abajo –/ No lo encontrará Arriba –”.

 

Y una última joya (p. 421).

La Mañana pertenece a todos –

A algunos – la Noche –

A unos cuantos elegidos –

La Aurora.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

 

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