La renovación de la Universidad Intercultural de Chiapas

Se iniciaba el año de 2004. La segunda mitad del período de Gobierno de Pablo Salazar Mendiguchía en Chiapas, daba comienzo. Acepté una oferta del Gobernador de Chiapas para regresar al Estado y ocuparme de diversos asuntos, entre otros, formar parte de la directiva de los Jaguares de Chiapas. Iniciándose ese año, una mañana, Pablo Salazar me invitó a conversar con Julio Rubio Oca, subsecretario de Educación en la SEP, y a quien conocía porque había sido Rector de la Universidad Autónoma Metropolitana. La conversación versó sobre el proyecto de fundación de una universidad intercultural en el estado de Chiapas, que, si se aprobaba, sería la segunda en su género en México. La primera de estas universidades había sido establecida en el Estado de México, cerca de la región matlatzinca. En 1995, siendo Gobernador del estado Eduardo Robledo Rincón, se me encargó el proyecto de convertir en Universidad Estatal al Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, lo que ocurrió en diciembre de 1995, días antes de que Robledo se retirara del cargo. Así que, al conversar con Pablo Salazar y Julio Rubio en aquella mañana, algo sabía de la condición de la educación superior en Chiapas y de los complejos problemas que afronta. En el caso de la Universidad Intercultural, además, el problema se hacía más difícil sencillamente porque en aquel momento no existía ninguna experiencia previa en educación intercultural universitaria, no sólo en Chiapas, sino en México. Opiné que habría que pensar muy bien el proyecto además de consultar a las comunidades indígenas y a los académicos chiapanecos. No debía fundarse otra Universidad, sin tener un respaldo de quienes se dedican a la investigación y la docencia superiores en Chiapas, además de saber cuáles eran las necesidades de los propios pueblos indígenas en cuanto a educación superior. En fin, aquella conversación terminó en un acuerdo entre Pablo Salazar y Julio Rubio, para crear la Universidad Intercultural de Chiapas. Me tocó el privilegio de ser el Rector Fundador. Fue una experiencia inolvidable hasta que se interrumpió por el arbitrio de un sátrapa.

En un texto publicado en 2017, escribí: “En un lapso breve-2005 a 2011-, la UNICH logró colocarse como un recinto académico que atrajo la atención nacional e internacional. En sus auditorios departieron personalidades como Daniel Mato, Salomón Nahmad, María José Pastor, Natalio Hernández, Gerardo Cornejo, José Emilio Pacheco, Jacinto Arias, Enrique Pérez López, José Luis Iturrioz, Mario Alberto Nájera, Elisa Cárdenas, Antoní Vilá, Joan Bosh Ballbona, Josep María Nadal, entre muchos otros. Así mismo, en los recintos de la UNICH se celebraron congresos internacionales sobre interculturalidad y educación, además de reuniones nacionales de diversa índole. En este contexto, los grupos académicos y estudiantiles hicieron un notable esfuerzo por acercarse a un esquema educativo intercultural. En ese camino transitaba la UNICH cuando fue interrumpida” (Ver: Floriberto González, Et. Al. Coordinadores, La gestión de la educación superior intercultural en México,México: Universidad Autónoma de Guerrero/El Colegio de Guerrero, 2017, página 85). Esos días de 2011 fueron amargos, ante amenazas del gobierno local y la incertidumbre sobre el destino de la UNICH. Pasó el tiempo. Despedazaron a la Universidad. Hubo un período, ¡increíble!, en el que en una semana llegó la UNICH a tener tres rectores. Desde mi otero jalisciense, no veía por dónde amanecería de nuevo en la Universidad, pero nunca perdí la confianza y me aferré al título de mi texto, “Una Experiencia Interrumpida”, no clausurada. Y llegó el día.

Un Rector nuevo arribó a la Universidad Intercultural de Chiapas: Ballardo Molina. Escuché su voz, cálida, segura, por el teléfono. Me daba la buena nueva de que la UNICH estaba de nuevo en el camino, sana y salva. Que había compromiso no sólo de él, sino de la comunidad académica y de los estudiantes de retomar la vereda y convertir a la Universidad Intercultural, en una “gran casona del conocimiento” como la definiera un estudiante de la generación pionera. Me sentí confortado y deseo al Rector Molina y a la UNICH, una vida académica de éxito, para el bien de Chiapas.

En el mismo texto que mencioné, escribí: “En México debe transformarse el rumbo aculturativo y asimilacionista de la formación educativa hacia una configuración intercultural que trasciende al sistema educativo e implica a la sociedad en su conjunto. Es así porque de lo que se trata es de la reorganización de las relaciones sociales, buscando desterrar la inequidad imperante. Tarea difícil. Comienza con la aceptación de que el flagelo de nuestras sociedades es la desigualdad social, en cuyo contexto se mezclan los criterios de diferenciación clasista y étnica. En ese contexto, es indudable la importancia de elaborar sistemas educativos en donde la producción de conocimiento sea el eje de nuevos métodos en la forja de los ciudadanos y las maneras de convivir. La interculturalidad implica una forma de entender la ciencia y su aplicación en países que como México se debaten en los esquemas de la desigualdad social y la discriminación” (Ver: Floriberto González, Op. Cit., 2017, página 86).

La nueva Universidad Intercultural de Chiapas, bajo la Rectoría de Ballardo Molina, renace en un nuevo tiempo mexicano y anuncia un amanecer que traerá nuevos bríos a los esfuerzos por el cambio social en Chiapas y en nuestro país.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 15 de julio de 2018.

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