Las discordias de La Concordia

Casa de citas/ 388

Las discordias de La Concordia

Héctor Cortés Mandujano

 

A Chiapas, todos los sabemos, le nacen nuevos municipios en cada sexenio; sin embargo, hay pocas cabeceras municipales que rebasen claramente lo rural (Tuxtla, San Cristóbal, Tapachula… y alguno más).

Su pertenencia a lo más conocido, a lo más visto, hace que sobre esos municipios se desgranen una y otra vez nuevos estudios, nuevos libros, nuevas tesis.  No muchos, no muchas, claro; si bien hay tantos ágrafos en nuestras tierras, hay, también, casi en equilibrio, demasiados no lectores. Somos un pueblo que no escribe ni lee, salvo, ahora, en las redes sociales, en el chat, donde se vierten los pensamientos primarios que, para bien y para mal, no tienen ningún filtro y, al mismo tiempo, casi ninguna utilidad, ninguna importancia.

La Concordia no es una cabecera municipal de las que se forman en la primera fila, pero, curiosamente, su demarcación y sus adyacencias han sido muy atendidas por la novela, la monografía, los poemas. Así, tenemos que han escrito sobre sus territorios y sus aguas Alfredo Palacios Espinosa y Heberto Morales Constantino sendas novelas: Malos presagios, sobre el ejido Niños Héroes, y Yucundo, lamento por una rivera, centrada en El Chachí; de la monografía de la cabecera supongo que se han encargado varios, pero especialmente lo ha hecho J. Antonio Cruz Coutiño (La Concordia en Los Cuxtepeques. Historia de mi pueblo) y Uberto Santos, en la poesía, ha escrito muchos ensueños, muchas nostalgias sobre la tierra sepultada por las aguas…

Ahora, en materia de ensayo histórico, de investigación documentada, llega a mí, de manos de su autor, la tesis de maestría titulada largamente, como suelen hacerlo los trabajos de posgrado, Construcción de la represa La Angostura, Chiapas: dinámicas de la gestión de un conflicto por desplazamiento, 1969-1976, de Víctor A. Gallardo Zavaleta.

Es el suyo un trabajo puntual de reconstrucción histórica (con base en bibliografía general y documentos de archivo), al que alude en su título explícito, y que, además, no deja la literatura de lado, pues abre y cierra su trabajo con largas citas de dos nombres indispensables en las letras nacionales: Augusto Monterroso y Ricardo Garibay.

La Angostura es, nos dice Víctor, el embalse “más grande de México (y) tiene la capacidad anual de 18 200 millones de metros cúbicos de agua”. La obra “comenzó su construcción en 1969 y entró en operaciones en 1976. Para el asentamiento de su vaso fue necesario inundar 64 416 hectáreas distribuidas entre ocho municipios”; pese a eso, “el desplazamiento de las 16 734 personas que habitaban pueblos y rancherías de la zona fue un proceso de conflicto no violento y del tipo oculto”.

 

Diseño: Mario Robles

Velasco Suárez gobernaba en ese entonces. Dice Víctor: “La mediación del gobernador fue central y se sustentó en la legitimidad de una estructura política con presencia, aceptación y poder suficiente para contener el conflicto sin violencia y sugerir a la población local la aceptación definitiva del traslado”.

[Por razones que no vienen al caso comentar, visité La Concordia hace no mucho y tuve la suerte de conversar con quien era, en esos años, la autoridad municipal y me dijo algo así como que los traían a Palacio de Gobierno no a negociar con el gobernador, sino a recibir órdenes; “el gobierno no negoció, sino impuso”, dice Víctor. A nadie se le ocurrió, me dijo el viejo amable, organizarse, oponerse contra la decisión del poder, contra lo que parecía inevitable. Pero, dice Víctor, “en la construcción de la represa Itzantún en el estado de Chiapas durante la década de 1980, la fuerte movilización constantemente impidió la construcción de la represa”.]

El agua que pasa por este territorio no beneficia a las comunidades chiapanecas ni al estado, desde 1957: “En Chiapas, a pesar de que existe un complejo hidráulico conectado y una disponibilidad de 55 000 hectómetros cúbicos al año en el río Grijalva, el uso del agua es para el beneficio nacional”; “sobre el río Grijalva, en territorio chiapaneco, se encuentran cuatro grandes represas que conforman un complejo hidráulico conectado: Malpaso, La Angostura, Chicoasén y Peñitas; en conjunto contribuyen con 47% de la hidroelectricidad nacional”. Es decir, al usarse esta agua sólo para generar energía eléctrica, no existe “beneficio para la población de los alrededores” que tienen que esperar las lluvias para su labor agrícola, para la ganadería. Así las cosas, suena irónica y triste la verdad del lema de campaña de Velasco Suárez en 1970: “¡Todo Chiapas es México!”

Para que los pobladores dejaran que sus propiedades, sus caminos, sus muertos, sus historias quedaran debajo del agua, fueron construidos nuevos asentamientos. El estira y afloja entre el prepotente gobierno y la población con muchas reticencias duró tanto como la construcción de la presa. Ya había aquí y allí varios brotes de insurgencia, cuando “el 8 de mayo de 1974, al mediodía, el gobernador del estado, Manuel Velasco Suárez, y el director de CFE, Arsenio Farell Cubillas (cuarto director desde que se inició el proyecto de represa en 1969), accionaron los controles para el cierre de las compuertas y comenzó el llenado del embalse”. Para poner fin al asunto, pues,“¡les echaron el agua!”.

No fue el final de las inconformidades, por supuesto: “Los problemas ocasionados por el desplazamiento en la tenencia de la tierra no han concluido en la zona de La Concordia como lo demuestran las constantes movilizaciones de campesinos comuneros de La Casa del Pueblo de Venustiano Carranza y ejidatarios, las disputas con los propietarios que han cobrado vidas y las constantes inconformidades contra el gobierno…”

Hay Historia e historias en el trabajo de Víctor Gallardo; hay oficio y vocación; hay trabajo académico y hay, qué bueno, amor por la tierra, su tierra.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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