Paisaje nocturno

Imagen de la virtualgallery.com

Con la vista  en la ventana del camión, Leticia contemplaba absorta la bóveda celeste, el paisaje era la Luna en forma de uña acompañada de una estrella titilante, una especie de fiel compañera, las nubes se asomaban revueltas. Mientras iba camino a casa seguía cada detalle del paisaje nocturno en la carretera, los cerros, las luces del pueblo que se iban alejando, los focos de los coches que llegaban de frente, el murmullo de los pasajeros en el camión, incluso su propia respiración era parte de ese paisaje.

Para hacer más corto el trayecto a casa, en una especie de evocación se vinieron a su mente las imágenes de los diversos acontecimientos de la semana que terminaba, había sido un caudal de experiencias, buenas nuevas y otras no tanto. En un breve espacio su mente pasó a unos años atrás, la primera ocasión que escuchó hablar de la meditación y de la importancia de ejercitar la memoria, el mensaje lo compartió uno de sus maestros de matemáticas en la preparatoria.

Leticia enfocó su atención en tratar de recordar del acontecimiento más lejano hasta el más reciente de la semana, prefirió detenerse en aquellos instantes que le causaron paz y bienestar interno, sin evadir los que no fueron tan gratos, los dejó pasar sin que restaran su energía.

Los focos de los coches la hicieron regresar a su momento actual, llegó a su destino, el trayecto le pareció muy breve. Bajó del camión y el paisaje nocturno se había tornado distinto, la luz en esa calle era escasa, prácticamente estaba en penumbras. Las  luces de los carros eran los que alumbraban de vez en cuando.

De pronto se descubrió nuevamente observando a su alrededor, diversidad de sombras se confundían y perdían en esas penumbras, gente descendiendo de los transportes, llegando a su destino, otros con prisa retomando nuevos rumbos para continuar viajando, el sonido de arrastrar las maletas, el cuchicheo de las conversaciones, uno que otro claxon haciendo acto de presencia… ella tenía a su alcance un nuevo paisaje nocturno.

Antes de emprender el camino a casa Leticia se detuvo unos minutos para reconocer ese paisaje cotidiano que había olvidado en la rutina constante de cada semana. Echó de menos los pájaros que cantan por las mañanas y se ocultan por las tardes en el follaje de los árboles que aún permanecen en esa calle. Contempló el escenario nocturno una vez más, tomó su bolso y se fundió entre el grupo de personas que, según la intuición de Leticia, ansiaban llegar a casa y cerrar una semana de vida.

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