Repensando la transformación social desde un otero de izquierda

A muchos intelectuales y políticos les parece que las categorías “derecha” e “izquierda” ya no dicen mucho. Pero es interesante seguir usándolas porque tienen, ambas, un añejo linaje que en no pocas ocasiones se distorsiona. En efecto, situándonos a mediados del siglo 19, y si entrásemos al aula en la que impartía su curso de filosofía Georg Wilhelm Friedrich  Hegel en la Universidad de Berlín, nos encontraríamos con la discusión suscitada por la pregunta ¿qué relación guarda el sistema filosófico de Hegel con el cristianismo? que era la ideología dominante en la Europa Occidental de aquella época. En los años de 1835-1836, otro filósofo alemán, David F. Straus, publicó un libro titulado Vida de Jesús, que dio lugar a la clara escisión de los discípulos de Hegel entre “izquierda” y “derecha”, al igual que si hubiesen sido parlamentarios franceses ocupando sus escaños, unos de un lado y otro. De hecho, es Straus el que inventa los términos de hegelianos de izquierda y de derecha, inspirándose en el parlamento francés. Los hegelianos de “derecha” encontraban compatibles el cristianismo y el sistema filosófico de Hegel, mientras los de “izquierda” lo negaban. La derecha sostenía que todo lo real es racional, un punto de vista conservador, anclado en defender los órdenes existentes. Los jóvenes hegelianos de izquierda, reducían el cristianismo a un mito. Lo que importa es el mundo real, decían los hegelianos de izquierda, en contra del planteamiento de que la idea era lo importante. La división entre izquierdas y derechas se consolidó a la muerte de Hegel en 1831. Un discípulo de Hegel, Ludwig Feuberbach, decidió desmontar la filosofía de su maestro escribiendo, primero, Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidady después, su famoso libro, Para una crítica de la filosofía hegeliana, texto en el que afirma que lo de Hegel no es una propuesta filosófica, sino una teología. Entre los hegelianos de izquierda se encontraban dos amigos entrañables, Carlos Marx y Federico Engels. Este último se dio a la tarea de estudiar los libros de Feuberbach lo que resultó en un texto famoso del mismo autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el estado,que todos los estudiantes de ciencias sociales leíamos allá por la década de los 1960. El texto sobre Feurbercbach al que me referí, escrito por Engels, se titula, Ludwig Feuberbach y el fin de la filosofía clásica alemana, libro con el que el joven inglés, estudiante en Berlín, decretaba el final de la filosofía hegeliana. Por su lado, Carlos Marx, escribirá aquellas famosas once tesis sobre Feuberbach, una suerte de borrador para un libro, que nunca escribió. Es más, las once tesis nunca se publicaron en vida de Marx y Engels, sino hasta 1888 y posteriormente una versión revisada en 1924, que es la que da origen a las siguientes ediciones. En la tesis número once, Marx apunta un principio básico de la izquierda: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. A 200 años de la muerte de Marx, ese sigue siendo un principio irrenunciable de la izquierda.

Lo que Marx agregó a lo largo de su vida académica, desarrollada fuera de las universidades, leyendo en la Biblioteca Británica, fue su análisis detallado de cómo funciona una sociedad bajo el régimen de la economía política capitalista. También, Marx aportó los fundamentes para entender cómo se pasó de una economía no política a otra con esa naturaleza. Logró demostrar que, en los principios de la sociedad humana, estuvieron ausentes el estado, la economía política y la desigualdad social. La descomposición de aquellos primeros órdenes sociales, dio lugar a la economía política, al estado y a la desigualdad que, con el capitalismo, alcanzan su máximo desarrollo. A Marx-acompañado de Engels-le tomó años descubrir lo que de manera esquemática he expuesto. Creo que el núcleo de la contribución de Marx y Engels fue demostrar que, al llegar la economía política, la humanidad se enredó con la desigualdad social y con el poder político. Antes de ese cambio histórico, el resultado del esfuerzo productivo, de la creación de Cultura, a través del trabajo, se distribuía bajo el principio de equidad entre todos los miembros de una sociedad dada. Con el advenimiento de la economía política eso se terminó. Economía política quiere decir “economía manejada por intereses”, los mismos que crean las formas de dominio que culminan con el Estado. La bibliografía para seguir este proceso es abundante, pero el lector interesado puede iniciarse con un texto del propio Marx: Introducción a la crítica de la Economía Política.Así que el otro postulado básico de la izquierda es procurar el destierro de la economía política y regresar a la economía social.

Es una ingenuidad pensar que el deshacer la economía política es una tarea fácil. Por supuesto, no lo es y no existe una fórmula para ello. Sólo habría que recordar la propia discusión de Marx con Vera Sasúlich para darse cuenta de ello. El camino para llegar a una economía no política es largo, sinuoso y no tiene una sola dirección. Depende de cada historia particular la manera de hacerlo y, para mayor complejidad, la forma de articularla con otros procesos para configurar un cambio mundial del capitalismo. No creo que mi generación que anda en los 70 años llegue a ver ni siquiera el inicio de ese proceso. Como escribe Ugo Pipitone, nos movemos entre la esperanza y el delirio. Hasta Eric Hobsbawm se atrevió a escribir un libro que tituló Cómo cambiar el mundo (2011). En el siglo XX, lo que conocíamos como “cultura burguesa” se transformó a base de las innovaciones introducidas por los cambios tecnológicos y los cambios rápidos y radicales que introdujo la computadora y, posteriormente, el llamado teléfono celular, una máquina total que hizo cambiar la percepción del mundo desde los sonidos hasta las imágenes, las concepciones religiosas y el modo de aprehender la realidad. Todo ello es cierto. Pero también es cierto que la economía política sigue intocada y que el presente es convulso, desigual socialmente hablando, con incertidumbres para responder la pregunta de hacia dónde vamos.

México está apunto de un cambio de Gobierno. Deberemos tener presente eso: es un cambio de Gobierno, no la transformación de la economía política. El hecho de que se afirme que el hombre más rico del mundo, un mexicano, es un ejemplo para la sociedad, es más que suficiente para testimoniar que no cambiarán las relaciones de producción, ni siquiera serán tocadas. Lo que podemos esperar es un Estado vigilante, un verdadero árbitro, que procure mitigar la pobreza y la desigualdad, que no sea permisivo hacia la impunidad, que impida o trate de hacerlo, el saqueo descarado del erario público, que trate de que la justicia sea pareja, que vigile que las oportunidades sean para todos y todas. Nada más, pero nada menos.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala, a 19 de agosto de 2018.

P.D. No tendremos un gobierno de izquierda. A lo sumo, será un gobierno nacionalista, a lo cardenista, y eso será una ganancia. Hasta allí.

 

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