Dos de Guatemala

Casa de citas/ 394

Dos de Guatemala

Héctor Cortés Mandujano

 

El pasado sábado 6 de septiembre, estrenamos mi teatrópera ¿Te sabes una de José Alfredo? y Lupita, Sharon, Eric, Natán y yo sentimos, desde la escena, cómo el público reaccionaba ante cada movimiento, cada texto, cada canción… Sentimos a los espectadores entregarse a nuestra ficción y, al final, los vimos aplaudir de pie, durante muchos minutos. Eso se llama comunión y fue muy lindo sentirla. Cuantas felicitaciones, cuántos abrazos. Mil gracias a todos los que nos acompañaron…

 

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Miguel ángel Asturias publicó en 1930 su célebre libro Leyendas de Guatemala; en 1967, el mismo año que recibió el Premio Nobel de Literatura, dio al público El espejo de Lida Sal, donde regresa al tema de las leyendas de su patria.

Mi ejemplar (Editorial Piedra Santa, 2005) lo compré cuando visité Guatemala, ese país de paisajes maravillosos y ciudades bellas.

En el cuento que da título al volumen, dice el narrador que (p. 24) “Felipe Alvizures es un hombre espacioso por dentro […] porque le costaba juntar las palabras. Parecía que las iba a traer una a un punto y otra a un punto más retirado todavía”.

En la “Leyenda de las tablillas que cantan” habla de la creación (pp. 109-110): “Crear es robar, robar aquí, robar allá, robar en todas partes en grande y en pequeño, cuanto se necesita para la obra de arte. No hay, no existe, obra propia ni o-ri-gi-nal. […] Todas las obras de arte son ajenas, pertenecen al que nos las da prestadas desde el interior de nosotros mismos; por mucho que digamos que son nuestras, pertenecen a los ocultos ecos…”

[Borges dice lo mismo en Magos de América: Borges, Bombal, Rulfo, García Márquez (H. Ayuntamiento de Toluca-Norte/Sur, 2006), de Waldemar Verdugo Fuentes (p. 102): “Particularmente no estoy seguro de que mi obra sea individual, quizás me ayudaron a realizarla cada uno de los escritores que he leído y cada una de las personas que he rozado en mi vida, y hago pública mi confesión de pobreza en ese aspecto”.]

Cardoza y Aragón, en el libro del que hablaré líneas abajo, se refiere a este tema (p. 57): “También las artes se han entremezclado y han disuelto sus lindes, que fueron precisas y separadas. (El plagio nunca ha existido.)”

Los tres se refieren, por supuesto, a la impronta que deja en cualquiera la lectura de un texto canónico, que puede influir en la ulterior obra. Ni Asturias ni Borges ni Cardoza copiaron directamente nada. El plagio existe en los que toman lo que saben ajeno como si fuera propio.

 

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La muerte se suicida en mí todos los días

Luis Cardoza y Aragón,

en su “Arte poética”

 

Leo de Luis Cardoza y Aragón (ah, qué bonito nombre) su Antología (Lecturas mexicanas 98, segunda serie, SEP, 1987), que contiene un largo poema y varios ensayos, especialmente sobre pintura (Siqueiros, Orozco, Rivera, Picasso).

De su “Arte poética” son estos versos (p. 11): “Nunca lo que se escribe en nadie sobrepasa/ a una cancioncilla frente a los huracanes de los hechos”.

Cardoza y Aragón trata, y lo dice, de ser claro y justo. Por eso no hace huecas alabanzas, sino análisis, reflexión. De su ensayo sobre Alfonso Reyes es esta idea (p. 44): “Las estatuotas gubernamentales no son el camino. Devienen miniaturas. Cuanto más grandes. Los escritores disecados resisten como Atlas el peso de ese mundo distinto y distante. Lo pésimo que cabe sufrir a un escritor, a un artista resignado, es tornarse académico y ser absorbido, como huevo crudo, por el tartufismo del establecimiento. ¿Hay idiotez mayor que ser el poeta o el pintor oficial de un país?”

La Ate. Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez

Hace una cita (p. 47): “Según Borges: ‘…el verdadero intelectual rehúye los debates contemporáneos: la realidad es siempre anacrónica’ ”.

En su ensayo sobre Artaud cuenta que él, en su estancia en México, compró cocaína y luego se encontró con que era bicarbonato y escribió, Cardoza lo cita (p. 84): “En todas partes, el hampa, los toxicómanos, tienen una ética. Esto que me hicieron sólo en México puede pasar”.

Hay un famoso verso de Huidobro en Altazor o el viaje en paracaídas (“Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”), que Cardoza acomoda para hablar mal de dos y muy bien de uno de los muralistas mexicanos (p. 136): “Los Tres Grandes son dos: Orozco”.

La crítica es subjetiva (p. 141): “El ‘me gusta’ de Baudelaire no es el mismo ‘me gusta’ de la señora Pérez”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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