Florinda Ocampo y Roberto Peña, en el recorrido histórico de la música y de la danza

Sé que debí haber escrito este texto hace 20 días, sin embargo, creo que para estos acontecimientos no hay temporalidad y que deberían quedar fijos en los calendarios por muchos meses. Pero ya se sabe que ahora los calendarios son caprichosos y volátiles.

Estoy seguro que en la época de experimentos y propuestas culturales del Tuxtla de los cincuenta, esta celebración sería todavía parte vital de la conversación. Además, los políticos no acaparaban las pláticas, porque eran más bien ciudadanos sin mayores estridencias.

Vuelvo a mi larga introducción de eso que vivimos la noche del 25 de agosto de este año en el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, cuando se unieron muchos talentos, para que disfrutáramos un espectáculo que marca, si no un hito, por lo menos un momento culminante de creatividad colectiva con la presentación de “Recorrido histórico a través de la música y la danza”, de la profesora Florinda Ocampo Santiago y de los maestros Roberto Peña Quesada, James Portoraro. 

La profesora Florinda, directora del Ballet Folclórico Chiapas, no conoce la jubilación; aun cuando formalmente dejara las aulas del Instituto Tecnológico de Tuxtla Gutiérrez hace varios años, sigue en la actividad creativa destacada. Con su ballet del Tec, integrado por estudiantes, recorrió prácticamente todo México y América Latina. 

Ya sabemos de la hiperactividad ingeniosa de Roberto Peña Quesada, y su defensa, pese a los malos vientos burocráticos, por sostener a la Orquesta Sinfónica de Chiapas. Conocemos sus vicisitudes, la suspensión de apoyos y salarios a sus músicos. Pero no se ha rendido. Es terco en el territorio más árido de la república para alimentar proyectos culturales.

La apuesta, en esta ocasión, fue recrear el desarrollo de los bailes a través de las diferentes épocas, desde el barroco, el  clásico, el romanticismo y el moderno. El vals, por su vivacidad, fue muy bien aprovechada con Sobre las olas y Vals Tuxtla.

El maestro James Portoraro fue la voz didáctica de ese tránsito de las danzas lentos, de la mirada esquiva, hasta los más modernos, del coqueteo y la habilidad coreográfica. Paco Mayorga, quien siempre está presto para estas experiencias, diseñó trajes y contribuyó con sus pasos a la recreación de la danza en este recorrido histórico.

Los Hermanos Sommer, colocaron como decían las viejas crónicas del siglo XX, la cereza tequilera en el pastel, con la interpretación del Concierto de Brandenburgo no. 5 de Bach: Catalina Peña, con una flauta reliquia de aquella época; el piano ajustado como clevecín, y el violín, del concertino Roberto Peña afinado a los sonidos del barroco. Y otra cerecita más, la voz de la soprano Lupita Guillén.

Ojalá que esta obra vuelva a presentarse. Veremos si se anima la profesora Flori y los maestro Peña y Portoraro, los impulsores de este proyecto dancístico y musical. 

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