Taquería Los Tamarindos

Conocí a Ofelia Hernández Pérez, hoy de 86 años, en el Tuxtla de fines de los setentas, cuando vendía tacos de carne asada y de cochito debajo de una ceiba sobre el Libramiento Sur Oriente. Su esposo Eleazar Gutiérrez Hernández preparaba el carbón y atendía a los clientes.

Ahí estuvieron varios años hasta que, por acuerdo de asamblea de los ejidatarios de la colonia Francisco I. Madero, tuvieron que dejar el lugar. Trasladaron la taquería a la casa de uno de sus hijos, a unos 50 metros de la ceiba.

Para entonces, los clientes se habían multiplicado, así como la variedad de los tacos, que ya los había de longaniza y chorizo. 

Dejé de visitarlos en 1998, porque estuve fuera del estado. A mi regreso, en el 2000 los busqué en la casa de su hijo, pero no los encontré. Sobrevivía la taquería, sin embargo.

Unos días después los encontré debajo de un árbol de tamarindo, a un kilómetro del antiguo local. Me detuve para saludarlos y comer unos tacos de carne asada con tortillas hechas a mano.

Doña Ofelia y don Eleazar, entonces de 72 años los dos, me dijeron que su hijo los había “corrido” del negocio, y que ellos habían tenido que rentar un local, pero no sabían si lo podrían pagar. Ella lloraba mientras contaba su historia de malos entendidos.

Poco tiempo después, la taquería, que por estar debajo del tamarindo empezó a llamarse así, conquistó clientes. Doña Ofelia rentó un local más. 

A los ochenta años, ambos se jubilaron. Dejaron el negocio en mano de sus hijas y de sus nietos. Don Eleazar murió hace dos años, a los 84 años. Doña Ofelia, quien vive con achaques, no se acerca a la taquería, que creó hace casi 50 años, cuando recién se inauguró el Libramiento Sur, y en donde venden los tacos que más me gustan en esta ciudad. 

 

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