Chiapas, elogio a su izquierda fundacional

© Delegados al 1er Congreso Estatal Indígena. Sxbal de Las Casas (DP, 1974).

Aunque mis padres deseaban que yo fuese cura… al terminar el primero de Prepa huí del seminario. Leí las novelas de la Revolución de Mariano Azuela, todos los textos y gráficos de Rius, y el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels. Tiempo después pasé el examen para estudiar Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales en San Cristóbal. Ahí leímos extensamente y a mayor detalle a los anteriores, aunque también a Comte, Durheim, Max Weber y tantos otros. Nos volvimos críticos, inconformes y hasta ateos. “Izquierdosos”, “gente de izquierda” y “revoltosos” nos llamaron.

Por eso nos interesamos en la historia universal y de forma particular en la de México y Centroamérica, incluida en ella la de Chiapas. Supimos de los Carranclanes bandidos, de la contrarevolución de los mapaches, de la formación del Partido Socialista en el Soconusco y del primer movimiento social contestatario, el de los Pollinos liderados por Artemio Rojas Mandujano. Supimos de la resistencia de los finqueros a la Reforma Agraria cardenista, de la lentísima formación de los ejidos y reconocimiento a los bienes comunales, y del histórico Congreso Indígena de 1974, convocado por la Diócesis de San Cristóbal, regida por su obispo Samuel Ruiz García.

Desde ahí, desde esa condición, varios de los de la generación de 1960, más “anticipados y remisos” —años siguientes pero sobretodo anteriores— fuimos actores o testigos del ascenso de los movimientos campesinos, estudiantiles y urbano-populares y de las luchas del magisterio, médicos y enfermeras. Remember: paracaidismo en Las Granjas, Tuxtla Gutiérrez 1981, quema de autobuses, encarcelamiento y muertes.

Tiempo después, a finales de los setenta y principios de los ochenta, iniciamos o formamos parte de organizaciones sociales y de las pioneras ONGs. Somos estremecidos por la Matanza de Golonchán en 1980 y el incendio de casas en Chalchihuitán, apogeo del gobernador Juan Sabines, y sabemos de los esfuerzos solidarios de la iglesia, el INI, la COMAR y diversos organismos que ayudaban en la frontera y la selva, a los desplazados, refugiados y en general a los revolucionarios guatemaltecos, diversas ONGs a las que se adhieren tantos. Pero además, durante esos años seguimos las acciones agraristas del Sindicato Independiente de Jornaleros Agrícolas en El Bosque, Simojovel y Huitiupán; la formación de CIOAC, CNPA, OCEZ, Línea Proletaria y ARIC Unión de Uniones, entre otras.

La Universidad de Chiapas (Ciencias Sociales, Humanidades, Arquitectura y otros planteles) continúa su trayectoria social, igual que las escuelas normales rurales; algunas regiones avanzan políticamente más que otras, aunque… lo nodal es que a finales de los años ochenta, Chiapas es un hervidero: pobreza y morbilidad extremas, inconformidad más que evidente, represión brutal, corporativa; movimientos sociales, activos todos los partidos de la izquierda mexicana (PMT, PRT, PSUM, PST, PFCRN), algunas alcaldías gobernadas desde la oposición, evidente formación de la guerrilla en la montaña, e irrupción formal del EZLN en 1994.

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Por ello hoy, ahora —luego de los ensayos de los gobiernos oposicionistas en municipios, estados, la ciudad de México y el propio gobierno de Pablo Salazar en Chiapas—, quienes venimos del pensamiento social y de la izquierda política, deberíamos congratularnos ante la posibilidad de ver concretados nuestros ideales; nuestros sueños e ilusiones. E incluso sentirnos parte de la transformación por venir, aunque no sólo eso sino involucrarnos, participar, coadyuvar en la concresión de los nuevos gobiernos ahora en ciernes, tal como hicimos activamente en los orígenes de toda esta gesta social, hazaña punzante, expresada hoy por medios pacíficos, cívicos, democráticos… mediante las urnas.

En defensa de tal proyecto sin embargo, es justo señalar lo evidente: que hay indefiniciones, titubeos y conductas grises en la actitud de quienes dirigen estos procesos en el ámbito nacional, en varios estados y en Chiapas específicamente, aunque todos estos procederes son absolutamente comprensibles, a la luz del horizonte incierto y la experiencia inédita; la posibilidad de algún estremecimiento en el contexto político nacional.

Esto es, que el pensamiento conservador, la iglesia y la educación de los ricos, la vieja élite política y, para ir a la esencia de la cuestión: los grandes empresarios, los dueños del capital y de los medios de comunicación todos… todos ellos no están cruzados de brazos: viven, actúan, tienen perfecta salud e inteligencia. Manejan empleo, inversiones, bancos, transporte y comunicaciones entre otros; todos factores estratégicos sensibles.

Están nerviosos e hiperactivos, en especial desde el veredicto de las urnas del uno de julio, ante los 30.3 millones de mexicanos que votamos por Andrés Manuel, 54 por ciento de los sufragios. En otras palabras: el viejo régimen actúa en franca apuesta, en contra de las ideas y proyectos del nuevo gobierno. Y es natural que ello suceda, que desee perjudicarlo, pues lo que está en juego es la vía tradicional de su opulencia y enriquecimiento desde el Estado: prebendas, privilegios, contratos a modo, tráfico de relaciones, corrupción e impunidad.

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Razón de más, nuevamente, para dar a los actores cruciales de esta historia —que es a final de cuentas nuestra propia Historia, la de la izquierda local y nacional— el “beneficio de la duda”. En otras palabras: aportar a este proyecto nacional (no el más puro ni el más avanzado social o intelectualmente, sino el que finalmente arriba al Palacio Nacional) todas nuestras luces, habilidades e inteligencia: ideas, propuestas, opiniones, confianza activa aunque crítica y observante, e incluso alguna porción de activismo.

Bien es cierto, sin embargo, que duele en el alma que quienes llegan al poder del Estado, junto con Andrés Manuel, Morena y Rutilio en el caso de Chiapas, sean liderzuelos, politiquillos, tránsfugas, indecentes e impresentables; personajes del viejo régimen y miembros de la élite política tradicional. No quienes se fletaron durante la ardua y larga marcha de la construcción organizacional aludida. No obstante, justo es reconocer también que Estado y gobierno son ámbitos de la política y, desafortunadamente, políticos profesionales y burocracia eficaz son imprescindibles en la operación y el día a día de cualquier gobierno.

Pero además, debemos asumir que los referentes, las ideas y el liderazgo que hoy accede al poder desde la izquierda, no se hace en función de un proyecto personal, familiar, ideológico, de facción o de partido, sino desde una auténtica perspectiva de pueblo y cultura, de nación y Estado. De ahí las referencias a los tres hitos transformadores de México: Independencia, Reforma y Revolución, y a sus personajes épicos: Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Zapata y Cárdenas.

Ya la historia se encargará de juzgar a quienes desde la década de los noventa e incluso hoy, penetran vergonzosamente a la izquierda desde el gobierno y los partidos tradicionales. Quienes ante la transformación de los movimientos político-sociales en auténticas fuentes de poder —verdaderas vías de acceso al poder del Estado— adulteran y mediatizan a la izquierda. Llámense “fundaciones”, partidos, regidores, síndicos, ediles, diputados, senadores o gobernadores. Y más aún, quienes desde la propia izquierda desnaturalizaron y corrompieron a organizaciones, conductores y dirigentes.

La historia, su conciencia, y el desprestigio de sus familias y adeptos, tendrán la última palabra.

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De nuestra parte, desde la izquierda, desde nuestra tradicional oposición al statu quo y al viejo régimen; desde nuestras antiguas reivindicaciones económicas, sociales y culturales, debemos mantenernos pendientes, emplazados y alertas. Apoyar desinteresadamente a los nuevos gobiernos, si bien poniendo por delante la eliminación de los “cánceres que corroen a la nación”, vieja demanda de la izquierda político-social:

  1. No a negligencia, ineptitud, e ineficiencia, 2. No al derroche y a la corrupción, 3. No al autoritarismo gubernamental, 4. No a la violación de los derechos humanos, 5. No a la arbitrariedad y a la impunidad, 6. No a la colusión criminal del propio Estado, como en el caso del poder judicial, 7. No a la simulación y al patrimonialismo de funcionarios, representantes y magistrados, 8. No la educación de ínfima calidad.

Debemos impulsar desde nuestras familias, vecinos, amigos y compañeros de trabajo, la democratización de la vida pública nacional, tal como afirma la oposición desde los años setenta. La democratización de los puestos de representación política, desde abajo; desde los sindicatos, organizaciones populares, asociaciones culturales, universidades, ejidos, bienes comunales, juntas de barrio, mercados, cooperativas y Ayuntamientos.

Aunque en paralelo, desde la izquierda debemos promover la formación de nuevas ciudadanías,  la incorporación del ciudadano raso, del pueblo general, a las labores de gobernanza. Esto es: supervisión, seguimiento y control de las inversiones en infraestructura y servicios, y de las actuaciones del propio aparato gubernamental.

Estimular la instrucción, profesionalización, concurso y competencia en los ámbitos de la burocracia, en los diversos niveles de la educación pública, en la atención de la salud y demás servicios, al igual que pugnar por la mejora significativa del salario general, profesional, del campo y de la ciudad.

Promover la eliminación del fraude, la evasión fiscal y el trato preferencial, discrecional, a magnates, bancos y grandes empresas. Impulsar austeridad dentro del gobierno, para aplicar al máximo inversiones en infraestructura productiva, comunicacional y en servicios públicos. Y mantenernos alertas respecto de becas, pensiones, subsidios y demás transferencias gubernamentales, para garantizar su aplicación razonable y escrupulosa.

Por lo demás, tres asuntos fundamentales de la identidad político-social de la izquierda deberían considerarse dentro de las acciones del nuevo gobierno:

 

  1. La elaboración y difusión de las biografías de las organizaciones y personajes notables de este proceso: dirigentes sociales, locales, regionales, hombres y mujeres; encarcelados, perseguidos y asesinados. Hace falta aún este recuento, para la preservación de la memoria colectiva y de la historia más reciente.
  2. La fundación del Museo Nacional (regional o estatal) de la Memoria Social, de la izquierda, de la insurgencia o de las reivindicaciones sociales, y junto a él la edificación de un memorial arquitectónico para preservar el nombre y trayectoria de tantísimos actores sociales, y
  3. La aplicación de una campaña de desagravio y compensación económica a las familias de los caídos durante el largo proceso, e igual de divulgación-sensibilización sobre los fundamentos filosóficos de la izquierda, el liberalismo social y las libertades públicas.

 

Finalmente, de acuerdo con nuestros principios y convicciones, debemos sugerir juicio y castigo a los gobernantes Sabines Guerrero y Velasco Coello, quienes durante los últimos doce años, pervirtieron la vida pública, denigraron el nombre de Chiapas, dilapidaron su hacienda y dañaron terriblemente la autoestima de las comunidades.

Sugerir asimismo, la incorporación de las experiencias de buen gobierno construídas desde la izquierda, a lo largo de esta historia, e igual, exigir el desmantelamiento desde el Estado, del sistema clientelar corrupto y antidemocrático, proveeedor de votos espurios. Frenar ahora igualmente, a lidercillos locales y a neococaciques mafiosos y criminales, aunque mejor: en cuanto sea posible, limpiar de esta basura el paisaje político estatal.

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