Leonard Cohen: el poeta angustiado

Escuché a Leonard Cohen hacia 1968, justo en los prolegómenos del Movimiento Estudiantil, que este año cumple medio siglo. Eran días en que se imponía la música de los Beatles, estaban en boga los cantantes mexicanos como Enrique Guzmán, los Hermanos Carrión, César Costa, Angélica María, Alberto Vázquez, los Rebeldes del Rock, los Apson Boys y tantos más. Pero apareció Leonard Cohen cantando “Suzanne” y me dejó perplejo. He aquí un poeta cantautor, dramático en su manera de interpretar y crítico profundo de la condición humana en el capitalismo. Leonard Cohen nació el 21 de septiembre de 1934 en Westmount (La Montaña Oeste), Canadá, zona anglófona de Montreal. Murió el 7 de noviembre de 2016, hace exactamente dos años, en la ciudad chicana de Los Ángeles, California. Su familia, judía, era de clase media, conservadora, religiosa. Su madre, Marsha Klonitsky, era hija de un rabino llamado Solomon Klonitzky-Kline, descendiente de linajes lituanos. Emigrado desde Polonia, su abuelo paterno se llamó Lyon Cohen y fue fundador y primer Presidente del Congreso Judio Canadiense. El padre de Leonard, Nathan Cohen, atendía una tienda de ropa-al igual que Jaime Sabines-y falleció cuando el pequeño Leonard sólo tenía 9 años. Al ingresar a la escuela secundaria de su poblado, estudió música y poesía además de convertirse en un líder estudiantil. En su adolescencia se interesó en la poesía de Federico García Lorca y nunca perdió su estima por España. Aprendió guitarra y formó un grupo llamado The Buckskin Boys (“Los muchachos de piel de insecto”), con el que interpretó   rolas de country-folk. Alcanzada la edad juvenil, nos encontraremos a Leonard Cohen en los bares de los “barrios bravos” de su pueblo, como Saint-Laurent Boulevard en donde se localizaba el Main Deli Stick House, lugar de reunión de gánsters, proxenetas, prostitutas y parejas que bailaban toda la noche. O bien, se instalaba en el Old Montreal o en el Saint Joseph Oratory, solo para conversar largo con su amigo entrañable Mort Rosengarten, mientras bebían café y fumaban como chacuacos. Fue largo el período en el que estuvo activo en la música, de 1956 a 2016, cantando con su voz de bajo, ronca, profunda, enigmática. Usó la guitarra fundamentalmente, pero también fue magistral al interpretar el piano, el teclado y el sintetizador. Fue un genio de la corografía musical. Toda su música revela no solo talento y pasión, vocación, sino un deseo infinito de conocer al ser humano. Desde joven, por ejemplo, en la Universidad McGill de Montreal, fue activo en los debates estudiantiles presidiendo la Sociedad Universitaria Canadiense para el Debate Intercolegial, distinguiéndose por la lucidez de sus argumentaciones. Fue en esa época en la que empezó a escribir poesía y a disfrutar los primeros reconocimientos a su talento, al ganar la Competición Literaria Chester Macaghten con sus poemas “Sparrows” y “Thoughts of a Landsman” en el año de 1954. Leyó con detenimiento y asimilación a W.B. Yeats, Walt Whitman, Federico García Lorca, Irving Layton y Henry Miller. En 1956, publicó su primer libro de poesía, Comparemos Mitologías. Pasó algún momento por Nueva York, estudiando en la Universidad de Columbia, pero, como él dice, esa experiencia fue “pasión sin carne, amor sin clímax”. Toda la década de 1960, Cohen siguió escribiendo poesía y narrativa, pero también inició su carrera musical. En 1967, cuando Judy Collins interpretó “Suzanne” se iniciaron sus éxitos como compositor y músico. Columbia, la casa disquera, grabó su primer disco con el título de “Canciones de Leonard Cohen” (1967). El disco arrasó en ventas en los Estados Unidos y en Inglaterra. Incluso, sus composiciones fueron interpretadas por Judy Collins y James Tylor, lo que provocó su difusión más amplia. Al primer disco, le siguieron “Canciones desde una Habitación” (1969) y “Canciones de Amor y Odio” (1970) que pude disfrutar gracias a mi querido amigo, ya fallecido, José Lameiras, melómano, que adquiría los discos para que los escucháramos en su casa situada en una calle que lleva el nombre glamoroso de “Triunfo de la Libertad”, situada en Tlalpan, en la hoy, Ciudad de México. Noches enteras nos pasamos con Pepe Lameiras oyendo a Leonard Cohen, entre otros como Coleman Hopkins, mientras el Ron Negrita Bardinet mojaba nuestras gargantas. He seguido escuchando a Leonard Cohen. Ahora, con las facilidades del internet, con sólo escribir su nombre en Google, es posible tener al alcance su discografía. En mi caso, prefiero escuchar mis discos y seguir las letras mientras escucho su voz tan nostálgica, profunda, cálida, y los coros, maravillosos coros, que nos transportan hacia mundos imaginados. Escuchar Halellujah o Take this Waltz (Toma este Vals) no tiene parangón.

Leonard Cohen recibió varios reconocimientos a lo largo de su vida. El que más apreció fue el Premio Príncipe de Asturias de las Letras el 21 de octubre de 2011. En su discurso Leonard Cohen ofreció un sentido, emocionado, homenaje a España y su gente, que conmovió al auditorio. Es uno de los discursos más hermosos que se han pronunciado en lo que va del siglo y puede escucharse con solo escribir en Google: Leonard Cohen Premio Príncipe de Asturias. Cuando escucho de nuevo ese discurso, lo hago mientras Leonard Cohen canta “Baila conmigo hasta el fin del amor”. Ahora que vivimos estos tiempos tan lúgubres, tan dominados por los mediocres, con políticos tránsfugas que han perdido la noción de ser Jefes de Estado, escuchar a Leonard Cohen devuelve la esperanza en un porvenir mejor. Es posible que Cohen no haya sido feliz fuera de los escenarios, mientras cantaba o decía su poesía. Se sentía libre. En un momento de su vida, dijo: “La poesía viene de un lugar que nadie comanda”.  Las canciones de Leonard Cohen y la manera de interpretarlas, nos remiten a las complejidades del ser humano, capaz de un talento como el del cantante canadiense o de practicar la maldad como los asesinos que destazaron a los estudiantes de Ayotzinapa.

El día que falleció, Leonard Cohen tenía 82 años. Murió en su casa, como lo relata su hijo, Adam Cohen: “Mi padre murió en paz, en su casa, sabiendo que había grabado lo que él sentía que era uno de sus mejores discos (You want it darker)”.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala. 31 de octubre de 2018.

P.D. Existen excelentes libros acerca de la vida y la obra de Leonard Cohen. Sugiero los siguientes: Alberto Manzano, Conversaciones con un superviviente, Editorial Lenoir, 2008;

Alberto Manzano, Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen, Ediciones Alfabia, 2009; Sylvie Simmons, Soy tu hombre. La vida de Leonard Cohen, Editorial Lumen, 2012.

Del propio Leonard Cohen, Canciones. 2 Volúmenes. Traducción de Alberto Manzano, Editorial Fundamentos, 1979 y 1989.

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