Susurros que acompañan el caminar

Foto: serturista.com

El fin de semana había llegado, Patricia había tenido una semana llena de pendientes que había logrado culminar. Esperaba con ansia ese anhelado fin para compartir con su familia que había planeado una excursión fuera de la ciudad.

El viernes por la tarde no pudo resistirse al deleite de tomar una siesta, arrullada por el viento gélido que indicaba la llegada del invierno. Su siesta fue acompañada de un sueño, en él Patricia se hallaba en un bosque, el sendero era inmenso, rodeado de altos pinos con bellos follajes. El aroma era peculiar, indicios de vida, de frescura, de humedad.

De la nada Patricia apareció ahí, caminando en el sendero, sabía que buscaba un destino, no tenía certeza de cuánto debía caminar. A medida que fue recorriendo el bosque se percató que no estaba sola,  era acompañada del trino de distintas aves, de sonidos de frutos que caían de los árboles más altos, del murmullo que hacían las hojas cuando el viento soplaba acariciándolas, del crash crash de las hojas cuando caminaba.

Continuó su recorrido y se sumó la compañía de una mariposa, era de las más hermosas que Patricia había visto en su vida, tamaño mediano, tonos azules vivaces, aleteaba rápido y por instantes hacía leves pausas para degustar el néctar de las flores.

Los rayos del sol penetraban entre los árboles dándole una mezcla de luces muy grata, sumándose a la  compañía que tenía Patricia, siguió encaminando sus pasos a lo largo del sendero, hasta llegar a orillas de un arroyo. El agua cristalina fluía sin cesar, se detuvo para observar el paisaje, sabía que ahí era el destino, aunque el sendero continuaba.

Se sentó en el pasto, entrecruzó las piernas, abrió sus ojos lo más que pudo, tratando de devorar cada detalle del paisaje, luego los cerró. Dejó la tarea a los oídos para dar paso a la escucha, poco a poco, fue percibiendo cada sonido en distintos planos, el del agua corriendo, el del movimiento de las hojas, el del canto de las aves, el de lagartijas que fugaces se mueven, hasta llegar al de sentir su respiración. Percibió que era como un  concierto, todo en armonía, sintió mucha paz, la mente, el corazón y el espíritu se integraron y percibieron todo… -susurros que acompañan el caminar- musitó desde el interior Patricia.

El sonido de la alarma la despertó, abrió los ojos, su respiración era tranquila, se percató que había tenido un bello sueño, sin embargo, permanecía en ella el olor al bosque, la armonía del fluir del arroyo y el aleteo de la mariposa azul… sonrió y volvió a su mente la frase… susurros que acompañan el caminar.

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