Andando entre árboles

En Tuxtla en la reserva Villa Allende todavía se puede observar la especie. Foto: Isaín Mandujano

El ajetreo cotidiano en el que se vive pocas veces permite que se pueda disfrutar de lo que nos rodea, no sé si les ha sucedido a ustedes, a mí sí. Este fin de semana aproveché un rato la mañanita en Tuxtla, si uno despierta tempranito y se da a la tarea de caminar por algunas calles logrará hallarlas sin tráfico y disfrutar un poquito más el recorrido, los paisajes y reconocer cómo ha cambiado la ciudad capital.

Mi recorrido fue sobre una parte de la quinta norte, rumbo al parque de convivencia infantil. A mi paso por el puente del río Sabinal que está cercano a la escuela Francisco I. Madero me detuve por instantes a observar los árboles de Sabino, esos que según cuentan las personas mayores proliferaban en Tuxtla y ahora cada vez son menos. Al observar sus ramas y sobretodo la textura de los troncos, se me figuraron como personas sabias, que llevan tanto por contar en cada línea trazada en su cuerpo. El canto de los pájaros denotaba algarabía, esa que siempre alegra mis mañanas cuando les escucho.

Continué el caminar y me dejé cobijar por las sombras de los árboles que están frente al Jardín Botánico y el Museo de Antropología e Historia, ese es un pequeño pulmón que aún queda en el centro de la ciudad. Merece la pena que lo conozcamos, valoremos y contribuyamos en su cuidado. Recordé las innumerables visitas realizadas con mi familia, sobretodo cuando tuvimos la oportunidad de conocer un ejemplar de manatí que habitó en el Jardín Botánico.

Ensimismada en los árboles me percaté de un detalle que no había observado antes, su follaje es abundante, el tronco y las ramas asemejan una especie de arco que invita a caminar a través de este y tiene un sendero que se torna grato. Por instantes me pareció como si cada árbol fuese levantando su brazo y dando la bienvenida en el recorrido.

En el paso frente al área de convivencia infantil donde está la representación del castillo de Chapultepec, la constitución mexicana y otras figuras que ahora escapan a mi mente, me percaté que les falta fichas técnicas que den cuenta de qué trata cada hecho histórico que se representa en esas pequeñas construcciones. Seguí caminando y me topé con algunas ceibas, me quedé observando lo bellas que son  y qué tristeza que tengan algunas ramas que han sido cortadas, también me puse a pensar que estos árboles crecen de manera frondosa y  echan raíces, que no son pequeñas. ¿Qué pasará con estas ceibas cuando sean mayores y crezcan en plena calle tan transitada? Esa y otras preguntas se asomaron a mi mente y tuve que hacer una pausa, ya estaba a unos metros de mi destino. El trayecto se me había hecho corto, muy corto, andando entre árboles la travesía es más grata, motivadora y recuerda lo noble y bello de la naturaleza, esa que debemos cuidar porque a diario la estamos destruyendo.

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