Calladas luces

Casa de citas/ 406

Calladas luces

Héctor Cortés Mandujano

 

—Decime una cosa: vos, ¿por qué escribís?

—Porque me entretengo, como todo el mundo

Cortázar,

en El examen

 

Escrita en 1950 y publicada en 1987 (tres años después de muerto su autor y por su decisión), El examen (Alfaguara), de Julio Cortázar, prefigura lo que vendrá para quien, todavía en esta novela, no era el célebre escritor en que se convirtió.

Andrés, Clara y Juan son, entre otros, los protagonistas que recorren Buenos Aires hablando de diversos temas. Llegan a un lugar donde, en cada salón, hay lectores que en voz alta están leyendo al público, que paga su cuota, distintos libros com-ple-tos (¿habrá realmente algo así?). Quien llega puede escoger el libro de su agrado. La frase es linda (p. 19): “La letra con miel también entra”.

La novela está llena de diálogos ingeniosos (p. 30):

“—Qué vida idiota.

“—No incurrás en pleonasmos.”

Andrés escribe un diario, pero no se hace ilusiones (p. 50): “Lo que estamos haciendo es tragar este aire sucio y fijarlo en el papel”.

Ilustración: Juventino Sánchez

Citan a Malaparte (p. 52): “Todo el mundo sabe cómo son de egoístas los muertos. No hay más que ellos en el mundo, todos los otros no cuentan”.

La novela es muy divertida (p. 104): “—La estadística, pibe… ¡Qué ciencia! –dijo entusiasmado el cronista–. Primero te averiguan cuántos perros murieron aplastados en cinco años y cuántos ríos se desbordaron en el Sudán.

“—En el Sudán no hay ríos –dijo Juan.

“—Quise decir en el Transvaal. Después cotejan los resultados y de ahí sale una ley sobre la natalidad entre los matrimonios de cantantes italianos.”

Y hay muestras de ingenio en muchas páginas. Una justificación de las citas (p. 112): “Las citas evitan decir peor lo que otro ya dijo bien, y además muestran siempre una dirección, una preferencia que ayuda a comprender al que las usa”.

Un tropo (p. 158): “Se apagan las voces”, pensó, “es válido decir que se callan las luces”.

El envés de una idea famosa (p. 165): “El antisócrates: sólo que sé algo, pero no sé qué”.

Una reflexión sobre la lengua (p. 238): “El descrédito de las palabras nos desnuda cada vez más. ¿Qué se puede decir delante de un Picasso?”

 

***

 

Mi amigo Antonio Henestrosa me regaló su cuaderno de poemas Ya no hay manzanas para Adán, que él mismo editó (El conejo blanco, 2017). De allí esta cita (p. 19):

 

“cuando el suspiro parta en dos

“la buena suerte de caminar solo por el mundo primitivo

“no saldré a la calle

“me quedaré a esperar

“que me lleve la chingada”

***

 

El bello y pequeño libro de fotografías Fachadas II (La Naval, 2006), de Juan Manuel Díaz Burgos, español y buena persona, a quien conocí por intermediación de mi querido compadre Raúl Ortega, aparte de las imágenes llenas de vida (son básicamente retratos de quienes trabajan en una obra, en una construcción), tiene un texto (“Los autores anónimos”) de Federico Soriano, con una idea que me pareció interesante, inteligente, y que comparto contigo, lector, lectora (p. 12): “La fotografía no son recuerdos sino olvidos. Hacemos una fotografía para poder olvidar los nombres y las historias. La gente necesita escribir detrás de cada una de ellas lo que aparece, la fecha, los datos que se olvidarán al hacer la foto. Podemos estar tranquilos de olvidar la cara de los seres queridos porque hay fotografías suyas. Tenemos un álbum de nuestros recuerdos porque así los borramos de nuestra vivencia diaria”.

 

***

 

En el último capítulo de la sexta temporada de House of Cards (2018), Claire Hale, la presidenta, dice que tuvo que buscar el antónimo de una palabra ya muy común, misógino (persona que odia a las mujeres), para saber cómo debe llamarse a quien odia a los hombres. La halló y no es nada común: misándrico. ¿Nadie odia a los hombres?

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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