Las imposturas de un guerrero

Cuando estas notas vean la luz, el nuevo gobierno habrá enviado las principales señales del estilo que se impondrá en los próximos años. De hecho, en la etapa de transición ya se mandaron algunos mensajes, pero entre la claudicación del gobierno saliente y la impaciencia del entrante, lo que en general ha imperado es una moderada prudencia, aunque no han dejado de existir ciertos exabruptos que se han corregido con prontitud.

Los agoreros de la catástrofe deberán esperar otros tiempos. Por fortuna, estos no son momentos que resulten particularmente agobiantes, pese a los desatinos de algunos o los despropósitos de otros. El país atraviesa por un interregno de relativa calma en algunos aspectos de la vida nacional. Desde luego, el tema de la inseguridad y la violencia es la gran asignatura pendiente, acumulándose para el presente gobierno algunos asesinatos en la imparable criminalidad que padecemos. Desde el 1º de diciembre se suman ya varios homicidios en distintas entidades de la república como Tamaulipas, Veracruz, Jalisco, Chihuahua; sólo por mencionar algunos estados en que han ocurrido ejecuciones propias de las redes criminales que operan en el país.

Los ganadores de la pasada contienda electoral empiezan a probar las mieles del poder  y, si por ellos fuera, quisieran ir más rápido en los cambios que piensan realizar. Ha sido tan largo el ayuno de la mal llamada izquierda mexicana, que ahora que han conquistado la Presidencia de la República la ansiedad, la soberbia y la impaciencia parecen dominarlos. Hasta un incansable promotor de la lectura y un divulgador de la creación literaria como Paco Ignacio Taibo II, nos regala piezas inadmisible de expresiones impropias que él mismo ha reconocido como tales. Taibo tiene todos los méritos para dirigir una empresa cultural como el FCE, pero resulta inaceptable la procacidad de su lenguaje en vísperas de asumir un cargo público. No me adhiero a la gazmoñería por el uso de las malas palabras, cuando hasta el más recatado las emplea en la vida diaria. Pero tampoco soy partidario que un potencial servidor público se exprese de esa forma, menos aún cuando ha sido precisamente el manejo del lenguaje su oficio mayormente reconocido.

Si la expresión “se las metimos doblada, camarada” no fuese y escuchase tan soez, quizás habría que aplaudirle a Taibo el hecho de haber roto los moldes de una política acartonada que, con frecuencia, raya en lo sacro. La política mexicana se atiene mucho a las formas, como si de un ritual religioso se tratase. Por lo tanto, son las “buenas conciencias” de la política las que sancionarán lo apropiado que pueda ser el lenguaje con que se nombran las cosas y las acciones. No soy partidario de manejarse con improperios en todos los planos de la vida. Ni siquiera en la vida privada, donde acaso nos prestamos muchas más licencias como para proferir groserías; creo que no sería lo más adecuado reducir nuestra comunicación con los seres queridos expresando en cada momento una injuria. Los senderos de las intolerancia se encuentran profundamente anidados en los espacios más íntimos. He ahí el peligro de destapar los sentimientos más básicos de la sociedad mediante una retórica procaz.

Hace no mucho, la Federación Mexicana de Fútbol fue sancionada por las expresiones homofóbicas que se suelen escuchar en los estadios del país. Más aún, cuando se trata de juegos de la selección mexicana brota de manera incontenible nuestra insana convivencia con las preferencias sexuales que la condición judeocristiana que nos caracteriza no santifica. Para nuestra desgracia, la pederastia es una práctica, ahora sabemos que reiterada, de aquellos ministros de la iglesia más poderosa del mundo. Pero mal haríamos  provocando involuntariamente reacciones intolerantes queriendo ser chistosos. De buenas intenciones esta plagado el camino hacia el infierno. En la época que todo se consume en segundos, Paco Taibo ha vivido su infortunio en el mismo tiempo en que sus expresiones causaron estragos.

Apenas el día de ayer, el propio Taibo vuelve a la carga presentándose en las oficinas centrales del Fondo de Cultura Económica en la Ciudad de México, sin ningún documento que lo acredite para iniciar “la transición” en el proceso de entrega y recepción de la administración de la editorial. Un ensoberbecido Taibo dijo, vengo a cumplir el mandato del presidente de la república. Más allá del ridículo, el autor de Patria parece no darse cuenta que sus desplantes minan la confianza que puede otorgarse a sus iniciativas; como la del fomento a la lectura por la que tanto ha luchado.

Sin embargo, existen signos alentadores en este caso. Así como la crítica no se hizo esperar, del mismo modo Taibo admitió el error y ofreció las disculpas necesarias, quiero suponer que sinceras, para alguien que acepta y promueve la causa de las mujeres y homosexuales. En la etapa de mayores libertades en los medios, no es un asunto menor que la crítica florezca y permita airear el espacio de la opinión pública. Esa vitalidad en los medios empezó en los años 80 del siglo pasado, creció en los 90 y se aceleró con la alternancia en el 2000.

En el Congreso, también hubo señalamientos críticos respecto del lenguaje usado por Taibo. En el Senado, por ejemplo, se pospuso la discusión de la reforma a la Ley sobre entidades paraestatales que permita al escritor desempeñar el cargo, dado que la normatividad vigente impide a los no mexicanos por nacimiento puedan cumplir semejante encomienda.

Creo que estamos viviendo un momento fundacional en varios aspectos que incluye, desde luego, una propensión hacia la crítica y el escrutinio de lo que pasa en el ámbito público. En este sentido, observo (quizás con demasiado optimismo o esperanza) que la sociedad o minorías activas ejercen la crítica con una fortaleza digna de encomio y se expresan de muy diversas maneras. La sociedad no es buena por definición porque lo diga yo o algún iluminado; como tampoco lo es por mandato divino. Ella es producto de la luchas simbólicas desde las cuales intentan imponerse visiones conservadoras o progresistas, tolerantes o intolerantes, de izquierda, derecha o de centro. Esto, por cierto, no es obra de la 4T, pero los errores y despropósitos de sus personeros están ayudando a que la diversidad de opiniones se fortalezca.

Por eso, cuando se escuchan voces que nos alertan sobre la inminente llegada a través de Morena de una suerte de reedición del autoritarismo y el aplastamiento de las diferencias por una mayoría ansiosa de imponerse, pierden de vista los distintos controles que ya existen en la vida pública de México.

Una empresa estatal como la del Fondo de Cultura Económica requiere una suma de voluntades y una cierta cantidad de presupuesto para poder albergar el éxito en los cambios que se proponen, cosa que no podrá lograrse o tendrá dificultades si en el discurso se promueve la discordia y el revanchismo. A nadie beneficia convertir la república de las letras en una piquera, por muy simpáticos y provocadores que pretendamos ser.

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