Tuxtla Gutiérrez, mediados del siglo XX

Salón México. Ciudad de México (DP, c1962).

[5ta. de 14 partes]. Esa cantina tenía nombre, o era conocida por algún nombre. Pues no recuerdo bien. Creo que le decían… el nombre de él… no me acuerdo el nombre de él. Se apellidaba Álvarez, también niño-viejo pues, si nunca [se casó]. Ahí llegaba toda la sociedad a tomar sus tequilas. Así que estaba cerca del Cine Alameda… Exactamente en la Primera Norte, entre Calle Central y Primera Poniente, frente a… El Cine Rex a media cuadra estaba. Ahí estaba su cantina de este señor Álvarez. No recuerdo el nombre, pero ahí se daban cita los comerciantes. Ahí platicaban, tomaban, y todo eso, y ya salían de ahí… no había música… muy silencio y todo muy limpio todo.

 

Bailes, cantinas y demás

Recuerda usted el paso de su niñez a la adolescencia… el momento en que comienzan las competencias, la masturbación, la fumada de cigarrillos, una cerveza, un traguito… Recordemos un poco cómo fue todo eso. Hacia la adolescencia y luego a la juventud… Años cuarenta, cincuenta, esas décadas. Sí. Siempre los parientes [cercanos] eran los que se encargaban de que fuéramos [por primera vez] a los burdeles. Nos llevaban y ellos pagaban a la mujer para que hiciéramos el acto sexual ¿verdad? Por cierto… la primera vez no me gustó, pero ya después me acostumbré, aprendí… luego íbamos a los bailes. [Hacia el Sur-Oriente] había mucho baile… en el [salón] San Roque, por ejemplo, de don Guicho Cartagena… no sé si lo conoce usted o lo conoció…

Conozco a alguno de los hijos de esa familia, de los Cartagenas… vecinos siempre del barrio. Sí, en San Roque. Ahí habían muchas tertulias. Había tertulias en el Casino Tuxtleco, donde ahora es un estacionamiento. Ahí íbamos a bailar todos los domingos. Nada más que [con] don Guicho sí había cervezas [mientras que] aquí, en el casino no. No había nada qué tomar, y las parejitas… en los bailes teníamos nuestras palomillas… jugando fútbol ahí nos conocimos bastantes personas, y siempre nos decíamos:

—Vamos a tal parte, amigos. Va haber baile allá…

—Y ¿Qué’s pué? —contestaban.

—Es el cumpleaños de Fulano.

—Vamos pues.

 

Y es que yo me acostumbré a tener una novia en cada barrio y… resulta que cuando íbamos a un baile le decía yo a Armando, el hijo de doña Consuelo Gallardo:

―Oí Armando ―El Gordo le decíamos porque era gordito―. Mirá ahí si no hay alguna de mis chamacas. Que no vayan a estar dos. Si hay una nos quedamos.

―¡Si cómo no! No pues ahí está Fulana y Mengana.

―¡Híjole! puees… ¡Vámonos mejor a otro baile!

Y así hasta que encontrábamos una sola de nuestras novias. O porque no había nadie. Ahí nos quedábamos a bailar, a conquistar las muchachas, porque realmente eso sí nos gustaba mucho, y la palomilla era muy alegre… feliz. Había un amigo que era boxeador: Lisandro Nucamendi La Chiva, se llamaba. Ese se metió en la política y le fue muy bien. Ese también, muy relajado el muchacho, muy alegre y pachanguero, y también le gustaba la copa.

El Juchi que era el portero de Las Estrellas Negras también era joyero, aprendió la joyería y sí… Entonces ellos formaban parte de la cuadría… Sí. Todos ellos éramos puros jovencitos, puros jovencitos que cuando llegábamos a un baile ¡Híjole! —decían— ¡Ya vienen estos a descomponer el baile! ¿Porqué? Porque empezaban todavía los marimberos a juguetear los bolillos, a calentarse tantito cuando ¡Prum! Ya estábamos ya, parados junto a la muchacha, a levantarla a bailar.

 

Novias, amigos y borracheras

Mi esposa entonces era muy bonita. Era preciosa, una muñequita y… la conocí en un baile y dije [para mí] ¡Qué bonita esa niña! ¡La voy a conquistar! ¡Va ser mi novia! Pero va usted a ver quee… me costó mucho, mucho-mucho. Y cada vez que iba ella a un baile, estaba otra [novia], Irene, una de Comitán, y entonces no entraba yo. Y cuando no había nadie, entonces bailaba yo una o dos tandas con ella, [pero] me decía:

Mira. Nada más voy a bailar dos o tres tandas contigo, porque mis amigos también quieren bailar conmigo. —Sí, está bien, no hay problema —le contestaba.

Pero… ya era su novia… Ya era mi novia [aunque] tenía yo que acceder, porque la seguían así, mire [junta los dedos de las manos]. La seguían mucho. Todos la querían ella, pero puees… el que traga más pinole es el que gana. Quien tiene más saliva, traga más pinol… Pero recordemos otras experiencias… su primera borrachera, por ejemplo… Eso fue en mi cumpleaños. ¿A qué edad? Quince años, [cuando] los cumpleaños eran muy bonitos, alegres, porque llegaban todos los familiares, los amigos.

Llegaban con cuetes, con triquis, a coronar a uno, de flores, flores bonitas, hermosas, frescas. Ahora ya no. Ahora ya usan puro artificial ¿verdad? Pero antes no. A convivir con uno: lo coronaban a uno con un verso, lo inventaban ¿verdad? Yo creo que ahí habían buenos poetas y de ahí sacaban ellos los versos. Eso era una de las cosas bellas, muy bonitas, porque eran sanas y se rentaba una consola. Cobraba, creo, diez pesos la hora y ponían discos ahí… de marimba, de mambo, de bolero, de todo… los discos que [a] uno le gustaba.

Le preguntaban a uno: —¿Qué discos llevo? —Esto, esto, esto y esto. Estrenaba uno. Por ejemplo: yo ayer fue mi cumpleaños, trece de junio, nada más que hoy día ya no celebro nada de eso, ya me aparté, porque empecé a estudiar la biblia y yaa… lo empecé a estudiar hace como treinta años, dejé el licor, el cigarro y las mujeres, tres cosas.

 

Aunque para el cerebro es bueno recordar… ¿Cómo fue esa su primera experiencia de copas, seguramente con los amigos? Mis amigos todos me rodearon y…

—Ahora vamos a tomar una. —Dijo alguien.

Pura cerveza, nada de licor y chascarrillos. Nos reíamos, [aunque] lo que no me gustó nada fue la cruda. Pero sí tuvo conciencia de que se fue emborrachando poco a poco… Sí. Me gustó después. Me gustó el licor y hasta [comenzamos a llegar] seguido a los burdeles, a esos lugares… es más, había uno que se llamaba… era un tipo… tenía una amante… la mejor del burdel la tenía.

cruzcoutino@gmail.com agradece retroalimentación.

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