Los tuits de Gerard Piqué o el compromiso político de un futbolista

Sin ser aficionado al fútbol resulta difícil desconocer la existencia de un deportista mediático como Gerard Piqué, columna vertebral del F.C. Barcelona ganador de muchos títulos durante la última década. Igualmente, él también ha sido parte fundamental de los triunfos obtenidos por la selección española, de la que se retiró tras el último Mundial. Además de esa circunstancia, ser esposo de la cantante colombiana Shakira le otorga una popularidad que trasciende su condición de futbolista de élite.

La mencionada popularidad no es ajena a otras figuras deportivas, sin embargo son pocos quienes han demostrado compromiso político durante su carrera profesional. Casos como los mencionados en esta misma columna son los de Tommie Smith y John Carlos, quienes en la Olimpiada de 1968 oyeron el himno nacional estadounidense con el puño en alto envuelto con un guante negro, forma de reivindicar el Black Powery remarcar la discriminación de la población negra en su país. Tal vez otro ejemplo muy conocido sea el del fallecido boxeador Mohamed Alí, quien en los años sesenta del pasado siglo se opuso al envío de tropas estadounidenses a Vietnam, ejemplificándolo con su objeción de conciencia para no ser reclutado.

En el mundo del fútbol, y en los últimos años, es el centrocampista brasileño Sócrates quien ha sido un referente de responsabilidad política. Este futbolista, que destacó en el Mundial de España de 1982, fue un referente para denunciar la dictadura política de su país; ello lo llevó a comprometerse constantemente por el cambio de régimen, involucrando incluso a los seguidores de su club, el Corinthians.

Casos muy distintos son los de deportistas de reconocida trayectoria en su especialidad que aprovechan el tirón mediático de su condición de figura pública para acceder a cargos de representación popular o ser funcionarios públicos. Esos ejemplos son bastante conocidos en México, puesto que desde hace años ex deportistas han ocupado u ocupan destacados puestos políticos, aunque en su trayectoria profesional no se significaran por un compromiso social destacable.

Ahí se encuentra la diferencia con los casos de Alí, Sócrates y, en la actualidad, Gerard Piqué. Desde hace tiempo lleva comprometido con su pueblo, el catalán, no necesariamente para obtener su independencia política del Estado español, sino frente a lo que considera un ataque sistemático a su condición de pueblo, de nación, y el caso más flagrante se está produciendo en estos días con un juicio que para cualquier observador liberal resulta de carácter político, y en ningún caso con fundamento jurídico para atribuir los cargos de los que son acusadas las personas que se sientan en el banquillo: diez representantes populares electos y dos activistas sociales.

Gerard Piqué. Foto oficial de Instagram.

La realización de ese juicio, transmitido por televisión y que puede ser seguido en su integridad, ha llevado a testigos para ser interrogados por acusaciones y defensas. Una de esas declaraciones fue la efectuada por Enric Millo, quien fuera delegado del gobierno español en Catalunya durante el último gobierno del Partido Popular, y cuando se produjeron los hechos que hoy se juzgan y de los que hablaré en próximas colaboraciones.

Tras su declaración Enric Millo, quien efectúo una serie de acusaciones sobre alguna de las personas juzgadas, publicó un tuit donde uno de los acusados decía alguna frase que podía incriminarlo. Gerard Piqué contestó al señalar que tal ex funcionario mentía: “Por nuestro conocimiento Enric Millo, tú sí que mientes y manipulas los vídeos”. Respuesta dada colgando el video completo y no recortado como había hecho Millo. La respuesta de este último fue decir que no mentía y agregar: “No difames mi nombre…! @3gerardpique. Yo no te he insultado nunca, respeto tu manera de pensar. Demuestras intransigencia con quien piensa diferente a ti y voluntad de generar odio contra mí. Decir la verdad es el mejor camino per defender la libertad!”. El calentamiento de las redes sociales creció hasta que, finalmente, Enric Millo retiró su video y Piqué, tras dicha acción, le contestó “Tu respuesta ha sido eliminar el video manipulado. La verdad no se borra @EnricMillo”.

Muchos pensarán que son debates domésticos, cuestiones anecdóticas, sin embargo cuando las libertades civiles están en juego, como parece ocurrir en muchos países del mundo, y solo hay que observar lo que está sucediendo en el Brasil del recién entronizado presidente del Brasil, el compromiso en la defensa de las libertades y, sobre todo, la denuncia de la manipulación en beneficio de intereses políticos no parece baladí, y menos si quien la efectúa es un futbolista. Hay que recordar el triste papel que están jugando figuras públicas, intelectuales y artistas en este momento en el Estado español y en otros países del orbe.

Cuando personas que tienen su vida resuelta económicamente y una posición social inmejorable se pronuncian frente a fake newscomo la expresada por el político del Partido Popular español hay que reconocer su valor, así como mesurar lo fácil que es subirse al carro de las victorias políticas sin haberse comprometido nunca con alguna causa social. Los deportistas, como cualquier ciudadano, tienen el derecho de sostener opiniones políticas y nadie debería sorprenderse de ello. Ese es el ejemplo que hoy en día da Gerard Piqué, aunque parezca un caso excepcional en un mundo excesivamente frivolizado como el del deporte.

 

 

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