Al encuentro interior

© Desde las montañas de Chilón hacia el Noroeste. Simojovel de Allende (2017)

Ensimismada en sus actividades vespertinas, algo hizo que Karla se detuviera, se percató que se sentía como en automático. Dio una pausa al entramado de puntos que estaba bordando, revisó con detenimiento su trabajo y se dio cuenta que no estaba disfrutando la labor, esa que le causaba tanto gozo al ir creando figuras que emanaban de su imaginación y plasmaba en bordados irrepetibles.

Tomó con cautela el bordado y lo dejó sobre la mesita más cercana, resaltaban de él los colores alegres que había elegido para ese trabajo, azul metálico y rosa mexicano.

– Vaya mezclas que me aventé- musitó.

-Pero me gustan,  se verá lindo el entramado- dijo al momento que sonrió.

Se puso de pie y se dirigió a la ventana, en busca de una ráfaga de viento fresco, recibió una de viento cálido que la hizo volver la vista a sus manos. Las observó con detenimiento, qué pasaba esa tarde, por qué había detenido su trabajo, las acarició y agradeció sus movimientos, eran el soporte a la labor que solía hacer con amor y dedicación.

Repasó cada parte de su cuerpo, todo bien. Hizo un esfuerzo mayor, ese espacio que solía explorar pocas veces por la incertidumbre de lo que podía encontrar. Respiró profundo, recordó los consejos que había escuchado, ‘hacer respiración consciente ayuda a sentir el corazón’. No le salió a la primera, sino después de cinco respiraciones; luego llevó sus manos al pecho y como cuando niña sintió una leve opresión, de la que a veces suele sanar el llanto.

Mientras sus ojos se le inundaban se le vino a la mente la letra de una canción, deja que salga el llanto, deja que sane el canto, que ha inundado tu alma, levántate y camina porque en cualquier esquina vas a encontrarte… eso era justo lo que necesitaba, volverse a sí misma, al encuentro interior, apartarse un poco del cúmulo de lo cotidiano y la incesante rutina.

– Aprende a escuchar tu voz interior- le había mencionado alguna vez su amiga Ruth.

Se secó las lágrimas, hizo un par de respiraciones conscientes. Tomó nuevamente su bordado, esta vez para depositarlo en una cesta y guardarlo. Bordaría nuevamente al día siguiente. Se tomaría el resto de la tarde para dar una caminata, tenía tiempo que no contemplaba el atardecer y era el momento para hacerlo… porque en cualquier esquina vas a encontrarte, vas a encontrarte fue tarareando mientras salía de casa rumbo a su próximo destino.

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