El colonialismo: una reflexión (4 y última)

Andrés Fábregas Puig/CIESAS-Occidente

Con este texto, termino esta serie sobre el colonialismo. Se quedarán varios aspectos en el tintero. Creo que con lo expuesto, se tienen los elementos para reflexionar acerca de un proceso que tiene múltiples aristas y que está vigente. Así, por ejemplo, habría que hacer una periodización del colonialismo y situarlo en sus momentos concretos. Tarea nada sencilla porque implica revisar la historia universal. En todo caso, es una tarea para un grupo de investigación ex profeso.

En mi anterior texto, escribí al final que discutiría el aspecto de las encomiendas y las mercedes de tierras. Recuerdo al lector, que la encomienda es una institución surgida en el contexto del establecimiento de un régimen colonial: el concreto de la Nueva España. No se trata de una institución feudal porque en el feudo, el terrateniente, en su carácter privado, establecía alianzas políticas con las casas reinantes en Europa. Pero hubo en la Nueva España, además de la encomienda y su personaje, el encomendero, la merced de tierras que incluso se hacían cediendo la Corona la propiedad de la tierra. En mi libro sobre los Altos de Jalisco hago un extenso relato de estos procesos, en el contexto de una configuración regional que se articuló con las zonas mineras. El extractivismo fue la actividad de explotación de los recursos naturales que caracterizó al régimen colonial y que, como condición necesaria, implicó el aseguramiento del territorio. En ese sentido, mantener a un ejército de ocupación para salvaguardar las zonas mineras además de abastecerlas con alimentos y otros insumos, era impensable por oneroso. De aquí que las mercedes de tierras fuesen la estrategia para fijar población y correr la frontera más hacia el Norte. En el caso de los Altos de Jalisco, por ejemplo, fue la Audiencia de la Nueva Galicia la encargada de repartir tierra-no personas, como en la encomienda-a campesinos convertidos en soldados. La tierra que pudiesen defender, se la quedaban en propiedad privada. Se repartían caballerías y peonías. De estas últimas no conseguí noticias en el caso de los Altos de Jalisco en donde el reparto fue a base de caballerías.  El documento legal que respaldaba la dotación de tierras se titula “De la venta, composición y repartimiento de tierras, solares y aguas”. Se publicó en la ciudad de  Valladolid, España, el 18 de junio y 19 de agosto de 1513. Se ratificó el 26 de junio de 1523, el 19 de mayo de 1525 y el 25 de mayo de 1596. El texto completo de este importante documento puede leerse en el libro de Wistano Luis Orozco, Legislación y jurisprudencia sobre terrenos baldíos, publicado en 1974. En el caso del poblamiento urbano, a cada vecino se le asignaba un solar   destinado para la edificación de vivienda independiente de la merced de tierra (caballería) que se recibía para el cultivo. También hubo mercedes específicas para la cría de ganado llamadas haciendas, estancias o hatos. (Ver: Andrés Fábregas Puig, La formación histórica de una región: los Altos de Jalisco,  México, CIESAS, 1986).

En resumen y muy apretado: las encomiendas se referían al reparto de indios tributarios que trabajaban para el encomendero, quien debía velar por la seguridad y evangelización de sus encomendados. Las mercedes de tierras implicaban un reparto que otorgaba la propiedad privada de la tierra. La recibían quienes fundaban poblaciones, abrían campos de cultivo o terrenos para cría de ganado. La Iglesia también recibió mercedes y en buenas cantidades. Por ello, las órdenes llegaron a tener haciendas, como las de los jesuitas, además de conventos que eran también unidades de producción. Las mercedes de tierras en cualesquiera de sus modalidades fijó a la población en un territorio dado, lo que permitía la explotación de los recursos naturales además de la contención de los indios belicosos. Nacía así un sistema colonial basado en la explotación de los recursos naturales de los territorios conquistados y asegurados mediante la distribución privada de tierras a los colonos. Como me comenta Pedro Tomé, en ese contexto, los colonialistas inventaron el concepto de “materia prima”, especialmente los minerales, pero también otros productos, cuya explotación permitió el desarrollo de Europa occidental al tiempo que subdesarrolló a los territorios que aportaban las “materias primas”. Ese es, justo, el quid del colonialismo.

El forcejeo entre algunos sectores de la Iglesia, sacerdotes sobre todo, y los encomenderos se dio porque estos últimos no cumplían su “encomienda” y sujetaban a los indígenas a trabajos forzados además de azotarlos y darles un trato inhumano. Por ello, Bartolomé de las Casas reside por muy poco tiempo en Ciudad Real para trasladarse a Valladolid y luchar en plena corte por lograr una cobertura legal para los indios vistos como súbditos de la Corona, y no como esclavos. Tardó más Fray Bartolomé en llegar a Ciudad Real que en salir de ella. (Ver: Pedro Tomé y Andrés Fábregas Puig, Editores, Tomás de la Torre, De Salamanca, España a Ciudad Real, Chiapas. España/México, CSIC y UNICH, 2011). Justo de aquellas discusiones en Valladolid, ciudad en la que Fray Bartolomé conversó con el prisionero Francisco Tenamaxtle, líder de la primera gran rebelión anti colonial de la Nueva España, la llamada Guerra del Mixtón de 1542, surgieron las llamadas Nuevas Leyes de  Indias que reconocían en los indios a hombres libres, súbditos del Rey, sujetos de la Corona, con derechos y obligaciones. Leyes que se acataban pero no se respetaban. Ello ocasionó un conflicto permanente entre encomenderos, Iglesia y Corona, que al final, cesó con la prohibición de la encomienda cuando esta llevaba la cuarta generación. (Ver: Pedro Tomé y Andrés Fábregas, obra citada, páginas 17-31).

El período colonial cercenó el destino de los pueblos originarios no sólo en la Nueva España sino en todo el amplio territorio que hoy llamamos América Latina o Iberoamérica, además de la parte insular de El Caribe. Los pueblos nativos fueron diezmados por la acción bélica, por las enfermedades, por los tratos inhumanos, por las humillaciones y vejaciones a las que fueron sujetos. Cierto. Pero también en ese contexto se forjaron la Naciones y los Estados Nacionales y México no es la excepción. El período colonial fue incubando a una nueva sociedad, desigual también, con clases diferenciadas y con sectores hegemónicos que entraron en contradicción con los intereses que residían en la Península Ibérica. Especialmente el siglo XVIII fue el de la maduración de las condiciones que permitieron la independencia y la forja de un sentido nacional, como lo expresó nítidamente Fray Matías de Córdova escribiendo desde Tapachula en 1797. En el trascurso del período colonial, se formó una clase hegemónica local que fue la que encabezó las luchas que culminaron en la Independencia, el nacimiento de México como Nación y el establecimiento de la expresión política de ese proceso: el Estado Nacional Mexicano. Uno de los trabajos que mejor narra los sucesos que llevaron a la Independencia de la Nueva España, es el de Guadalupe Jiménez Codinach, México: su tiempo de nacer. 1750-1821, México, Edición de Fomento Cultural BANAMEX, (1997), 2001. Muy importante para entender este proceso, es también, el libro colectivo La Nueva Galicia en el ocaso del Imperio Español,  en edición de Rafael Diego-Fernández Sotelo y Marina Mantilla Trolle, publicado por El Colegio de Michoacán en 2 volúmenes en 2003.

El colonialismo sigue su flagelo en el mundo contemporáneo. Hoy, como ayer, la cuestión es el control de territorios de los que se extrae la “materia prima”: minerales, como el oro, la plata, los diamantes, el uranio, el cobre y un interminable etcétera. También las plantas cuentan como antaño lo fue el nopal en el que crecía el gusano productor de la grana cochinilla y su color rojo. Aún los monumentos cuentan, como me lo comenta Pedro Tomé: se incendia Notre Dame y en días hay millones de euros reunidos para su reconstrucción; se quema el Museo Nacional en Brasil y no hay quien done para su reconstrucción. El colonialismo no necesita ejércitos en la actualidad: el endeudamiento es la estrategia para mantener colonizadas a las naciones. Un ejemplo dramático contemporáneo es Grecia. Los estados Unidos, particularmente el sector empresarial y financiero, hacen grandes negocios endeudando a naciones enteras y provocando guerras locales para vender armas y hacer negocios con la reconstrucción de lo destruido. Sigue siendo el colonialismo la estrategia del gran capital para permanecer en el planeta, en un mundo que el mismo colonialismo, “globalizó”.

Ajijic, Ribera del Lago de Chapala. A 21 de abril de 2019.

P.D. Para un lector interesado en el colonialismo contemporáneo, sugiero revisar la teoría de la dependencia propuesta por científicos sociales de América Latina. Ver: Theotonio Dos Santos, Teoría de la Dependencia: Balance y Perspectivas, México, Plaza y Janés, 2001; Vania Bambirra, El capitalismo dependiente: una propuesta teórica latinoamericana, México, Siglo XXI, 1983; Pablo González Casanova, Explotación, colonialismo y lucha por la democracia en América Latina, México, Akal Editores, 2017;   André Gunder Frank, Amèrica Latina: Subdesarrollo o Revolución, Editorial ERA, México, 1963.

 

 

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