Hojas secas

Imagen: www.eldia.com

Ese fin de semana fue muy especial para Alicia, sin planearlo tuvo una de las sesiones de meditación más gratas en pleno contacto con la naturaleza. Entre el ajetreo de su cotidianidad solía reservar un espacio muy especial para realizar sus prácticas de meditación, la fecha que su maestro les había comentado que la clase sería en el bosque había llegado.

Con entusiasmo el grupo se dispuso a realizar sus actividades. Se adentraron en el bosque, fue una grata excursión. Se colocaron bajo muchos árboles de pino, frente a ellos cruzaba un pequeño río que deleitaba el paisaje sonoro con su constante fluir. Los cantos de los pájaros y el arrullo del viento también se sumaban a la diversidad de sonidos que les acompañó en las meditaciones.

Colocados cada uno en sus espacios se dispusieron a pedir permiso a esa parte del bosque para realizar su práctica  y estar en contacto con la tierra, agradecieron también a  cada elemento de la naturaleza que los rodeaba. Alicia se concentró en su práctica, se sumaron como aliados el sonido del bosque que hacía olvidar el bullicio de la ciudad, el viento que removía el olor a pino de los árboles y la cereza del pastel fueron los rayos del sol que dispersaron lo frío de la mañana.

Después de la meditación vino el segundo momento del compartir en colectivo, no solo a través de la palabra sino también con el intercambio de alimentos para luego,  agradecer nuevamente a la naturaleza por la práctica de la convivencia y por cada elemento presente.

Alicia se tomó un espacio para contemplar el bosque, observó el cielo totalmente despejado en tono azul celeste. Se sintió como en la historia de algún cuento, rodeados por un valle de pinos sencillamente hermosos que le parecían increíbles. Mientras estaba recostada en el pasto  se detuvo a observar los pinos, se veían inmensos y abundantes a lo lejos. Recordó las ocasiones que había visto  ese paisaje en películas, se sintió muy afortunada de tenerlos al alcance de su vista y disfrutarlos.

Comenzó a acariciar el pasto, bellamente alfombrado por muchas hojas secas, de diversos tamaños y texturas, decorado con pequeñas avellanas, piñas y trocitos de resina aromática, todos producto de los árboles de pino. Se incorporó para continuar acariciando la tierra, se topó con varios animales pequeños que no conocía, cada uno concentrado en su labor, a la que Alicia no tuvo ni la mínima intención de interferir, se regocijó en admirar los colores rojos que decoraban el negro de su pequeño cuerpo, con un par de pinzas, como tijerillas.

El tiempo para retirarse había llegado, el grupo se dispuso a levantar sus cosas, cuidando de no dejar basura y mantener el lugar limpio como lo habían encontrado.  Los rostros se veían diferentes, relajados y más sonrientes que al llegar. Al escuchar el crujir de las hojas secas a su paso, Alicia intuyó que era una especie de invitación para que regresaran de nueva cuenta, el bosque les esperaba para deleitarlos con los regalos que siempre tiene y que a veces olvidamos que son parte de la naturaleza y debemos respetar y cuidar para su preservación.

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