¿Y la oposición en Chiapas?

Después de las elecciones de 2018, la oposición en Chiapas es un fantasma. Si se presencia había sido más emblemática que real, en estos no existe.

La oposición desapareció desde el gobierno de Juan Sabines Guerrero, cuando se creó una estrategia para fusionarla dentro de la estructura gubernamental. Sabines envió a sus empleados a los diferentes partidos políticos para acallar las voces discordantes.

Antes, al menos, los dirigentes pertenecían a los partidos políticos. Tenían trayectoria y se habían hecho en las luchas internas. Con Sabines no hubo más disenso sino uniformidad plena, en un desfile monocromático de partidos y voces de los dirigentes.

Los tiempos del PRD y PAN combativo se esfumaron. No era necesario siquiera convencer a los dirigentes porque todos pertenecían a la nómina gubernamental.

Con Manuel Velasco Coello, el PRD y el PAN estaban tan debilitados que no fueron la nota discordante de la política chiapaneca, y ahora, están tan acostumbrados a pertenecer a la parafernalia de Palacio, que están azorados y no saben a qué acera tenderse para que no los queme el sol.

Si a nivel nacional no hay oposición, en Chiapas la oposición está apenas por construirse, y eso que el PRI, ahora jugando en el equipo contrario, fue el segundo partido más votado, después de Morena.

También entre los dirigentes hay mucho temor de perder lo acumulado si alzan la voz. Nadan de muertitos. No es momento de agitar las aguas, dicen, y están a la expectativa en la penumbra comodina.

A fines de los noventa, cuando recién había nacido el PRD, sus dirigentes daban nota todos los días. Se oponían con vehemencia a la que consideraban eran políticas equivocadas del gobierno.

Ahora no hay tal, y el PRI aún no sabe que es oposición. Ha gobernado tantos años que no se ha dado cuenta que ya se le acabó el tiempo, y que ahora debe ser contrapeso responsable, pero contrapeso al fin.

Del Partido Verde, el tercero más votado en las elecciones a gobernador, no podemos esperar nada, porque su misión ha sido ser comparsa del poder, sea del PAN, del PRI o de Morena. Ese el jugoso negocio de esta franquicia que se ha acomodado muy bien en la revolucionaria 4T.

El PAN, con sus 101 mil votos, tampoco quiere ejercer la incomodidad del contrapeso efectivo. En Chiapas, sus dirigentes han aceptado las directrices del gobierno, y más ahora, en que se encuentran con una dirigencia nacional fracturada, enfrentada y dividida.

Es, sin embargo, urgente el surgimiento de la oposición, porque su voz es valiosa para la democracia. El contrapunteo es un acompañamiento vital para una buena gestión política porque contribuye a que aparezcan y figuren diversos actores, y porque visibiliza las incongruencias, las promesas incumplidas y los fallos gubernamentales. Ojalá el PRI, ojalá el PAN o el PRD asuman esta responsabilidad, porque de los otros partidos no podemos esperar sino la complacencia y el aplauso entusiasta a los gobernantes.

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