1994. El que se movió no salió en la foto

Imagen: regeneracion.mx

Es un lugar común entre la gente que se dedica al documental (audiovisual y fotográfico) el decir que la mirada del autor determina la realidad. Esta suerte de solipsismo —probablemente derivado de una mala lectura de Collingwood— se ha constituido en el principal subterfugio para justificar desde registros parciales e incompletos, hasta miradas del mundo (no confundir con visión del mundo) parciales y sectarias que no se atreven a decir su nombre. Sin embargo, la invocación al idealismo subjetivo no libra al autor de ser a su vez, leído y clasificado desde distintas ópticas, condenado —al menos coyunturalmente— a ser ubicado en alguno de los polos en los que el debate público de ideas se encuentra en ese momento. Por ejemplo, la idea dominante del individualismo de las artes liberales que indica que el autor define al mundo, o bien la que dice que el autor es una construcción social moderna cuyas posibilidades de interpretación del mundo están determinadas por sus circunstancias materiales e históricas.

La miniserie documental titulada 1994, dirigida por Diego Enrique Osorno, se enfrenta a todas estas disyuntivas. Es una mirada parcial, como todas, enfocada en determinados actores políticos que dominaron la agenda mediática en el año referido: Luis Donaldo Colosio, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Manuel Camacho (priístas todos) y el subcomandante Marcos (EZLN) como contraste, aunque en interlocución directa con los anteriores. Un debate en las alturas, pues, una mirada de los de arriba, los que salían en los periódicos y en la tele, los capitanes de cuatro barcos que, a juzgar por lo que se ve en el documental, iban todos en rumbos distintos.

La Historia (con H mayúscula) narrada a partir de los caudillos suele dejar fuera muchos sucesos, pero es un recurso muy práctico y útil para contar historias (con minúscula). Partamos de lo innegable: 1994, la serie, es un documento valioso, con testimonios de personajes clave, imágenes inéditas, perspectivas nuevas y muy cuidadoso a la hora de repartir culpas. He escuchado y leído análisis que lo acusan de santificar a Colosio y de lavar la cara a Salinas, pero también de ser un espacio para que el zapatismo diga su palabra y se presente como una alternativa frente a la podredumbre de los otros tres. Si da la impresión de que cada una de las corrientes presentadas son favorecidas, algo bueno tiene el enfoque.

De igual forma como producto audiovisual tiene muchos aciertos: un buen ritmo (¡¡es un documental de más de cuatro horas que vio mucha gente!! ¡eso es un gran mérito!), un manejo de cámaras que contribuye a la historia (como en el caso de las entrevistas, cuyo emplazamiento y encuadre describen a los personajes mucho más que sus propias palabras), o las tomas de drones que suelen ser puro despliegue técnico pero que aquí se justifican visual y narrativamente. Ciertamente los capítulos 3 y 4 (La Culebra y Caballero Águila) pudieron ser uno solo (sobre todo si no vas a arriesgar ninguna conclusión), pues salvo los testimonios de Rodolfo Mayoral y Othón Cortez no hay grandes aportaciones, especialmente luego de los riesgos que tomaron Beristain y Kamata en “Colosio, historia de un crimen”.

En términos de presencia o testimonios no le falta ni le sobra. Bueno, falta Zedillo, pero nadie lo extrañará y lo que tenga que decir ojalá lo diga ante la justicia. Faltaron voces de respaldo a la postura de Camacho y sobran voces santificando/boyscouteando a Colosio. También hicieron falta voces que contrastaran/complementaran la versión que da el subcomandante Galeano de lo que hizo el subcomandante Marcos (por ejemplo, voces de la CONAI). Pero esos son caprichos o deseos de espectador que son tan inasibles como un monstruo de mil cabezas (vean si no, las reacciones al final de Game of Thrones, cada quien quería una conclusión a su modo y gusto). Querer menos o más testimonios es como querer que la historia y la Historia se adapten a nuestros deseos. Si como documentalista consigues entrevistas con Salinas o Galeano, que casi nunca las conceden, pues aprovechas y los entrevistas y presumes en tu documental que tienes lo que nadie más consiguió. No obstante, para criticar su presencia habría que decir cuál de las intervenciones sobra o es innecesaria. Negar que Marcos, Salinas, Camacho o Colosio fueron protagonistas de ese año es cerrar los ojos ante lo evidente. Y ahí están, en vivo unos, en panegírico otros, para someterse al juicio de nuestras miradas, eso es lo que nos ofrece 1994, poder hacer nuestros juicios basados en lo que vemos, escuchamos y sabíamos de por sí.

Hay dos preguntas que creo valen la pena como ejercicio de espectador: la primera es ¿Qué hacer frente a una serie documental donde todos mienten? Puede ser una pregunta para la gran discusión de las fronteras entre ficción y no-ficción; le decimos “documental” a un producto audiovisual en el que el director y todos sus entrevistados parecen estar coludidos en convencernos de que pasó algo que en realidad nunca pasó, cada uno se presenta con su máscara, con la versión de los hechos que han decidido contarnos, ocultando lo que saben y nunca dirán, enfundados en su personaje y sentados en la escenografía de su preferencia. Es, pues, una puesta en escena; es decir, son personajes e historia de ficción. Pero más que ahondar en un dilema de géneros audiovisuales, la pregunta va orientada a una reflexión acerca de nuestro papel como espectadores/as: ¿qué hacemos ante una puesta en escena? ¿Le creemos, al estilo de Homero Simpson que decía “es verdad, lo vi en la televisión”, actualizado a “lo vi en Netflix ¡y era un documental!”, o bien lo ponemos en duda, lo cuestionamos, lo interpelamos?

No solo poner en duda la palabra de los entrevistados, sino cuestionar la tesis misma de la pieza: ¿Fue el asesinato de Colosio lo más relevante de ese año? ¿Cambió la historia del país? Hace unos días un comediante-columnista afirmó que sí, que era muy importante porque lo vio muchas veces en la televisión cuando era niño. A todo el mundo en ese tiempo le pasó, todo el mundo miró el rostro desencajado de Jacobo Zabludovsky que toda la tarde del 23 de marzo y los meses subsecuentes nos repitió que era lo más importante que había pasado. No tuvimos opción más que aceptarlo. La muerte del candidato del PRI era lo más importante, nos decía la televisora que se asumía como un soldado del PRI. La muerte del candidato del PRI era lo más importante, nos decía el noticiero que en los pasados seis años había ignorado el asesinato de más de 500 perredistas. La muerte del candidato del PRI era lo más importante, nos decía el conductor de noticias que no llamaba al EZLN por su nombre sino que les decía “transgresores de la ley”. La muerte del candidato del PRI era lo más importante para la televisora del PRI y para el PRI.

Tenemos la opción de creerle a Jacobo, a don Fede, a los Salinas, y salir con la convicción de que estaríamos mejor con Luis Donaldo (a la distancia, viendo el desastre Zedillo-Fox-Calderón-Peña, definitivamente hay que darle el beneficio de la duda imposible de dilucidar). Pero también podemos hacer memoria y negarnos a aceptar que eso fue lo único que pasó. Eso da pie a la segunda pregunta: ¿Quién quedó fuera de esta historia? Fueron muchos actores individuales y colectivos que en ese momento se movieron y transformaron al país, que no aparecen o son obviados. Como dije, era imposible ponerlos a todos y su ausencia no demerita en nada al documental, sino que queda como asignatura del espectador complementar esas omisiones. Hago una pequeña lista, esperando que cada quien, con testimonio o historiografía que no centre su mirada en lo político y militar, contribuya a contar de otras formas la Historia.

 

  1. La Señora Sociedad Civil. En particular, la marcha del 12 de enero (que Galeano en la entrevista dice que fue el 2 de enero). Fue la marcha ciudadana más grande y diversa que se había visto hasta ese momento. Había infinidad de mantas, banderas, siglas, de todo color y toda tendencia. No fue en apoyo al EZLN, fue una marcha en contra de la guerra como solución. Había una demanda común: se exigía un cese al fuego y la búsqueda de una salida negociada a ambas partes, pero en particular al gobierno federal. El cese al fuego no se le ocurrió a Salinas mientras platicaba con el secretario de defensa. Tampoco fue una cosa que el EZLN tuviera planeada, “curiosamente” como afirma Basave de forma taimada. Fue una demanda ciudadana en la que ambas partes se vieron obligadas a modificar su estrategia. La Señora Sociedad Civil que apareció ese día, marcó el ritmo de muchos de los eventos subsecuentes.
  2. Los muertos del PRD. Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD merecen apenas una mención (¡de Salinas!), pero la serie no dice nada de los cientos de perredistas asesinados por el salinismo, por el priísmo que dirigía Colosio. Son pocos, comparados con las decenas de miles que han cubierto al país luego de las guerras calderonistas, pero entonces eran muchos, pertenecientes a un solo grupo político; y no solo fueron ignorados por el documental, sino que también fueron olvidados por su partido. Esos muertos fueron también la clave en la victoria de Zedillo, sobre sus tumbas cubiertas de miedo e impunidad se levantaron las urnas llenas de votos priístas de 1994.
  3. La Convención Nacional Democrática. Nadie la recuerda porque fue un enorme fracaso. Pero se juntaron en un impactante barco todas las fuerzas progresistas del país. Toda la izquierda del país se dio cita en Guadalupe Tepeyac. Era un espectáculo impresionante. Aunque el barco se hundió antes de zarpar, ese naufragio en la selva también nos dice mucho de los rumbos que tomaría el país, así como las rutas que las izquierdas se negaron a surcar.
  4.  El error de diciembre. Centrado en las luchas del poder político, el documental deja de lado la versión de las víctimas: miles de personas que se quedaron sin casa, sin empleo, sin ahorros. Los afectados por la crisis provocada por la salida de las grandes fortunas del país (gracias a la filtración que tuvo a bien darles Serra Puche, que en su entrevista parece haber olvidado). Esos miles que además siguen pagando el rescate de los bancos serían, seis años después, parte de la masa crítica que sacó del poder al PRI.
  5. Los observadores electorales. Convocados por Alianza Cívica, miles de observadores electorales participaron en la elección federal, los cuales serían la base logística y metodológica que un año después llevaría a cabo la consulta por la paz convocada por el EZLN, en la que se instalaron diez mil casillas y participaron más de un millón de personas. Esa estructura ciudadana no partidista que nació ese año fue fundamental para la transición a la democracia.
  6. Conpaz y la AEDEPECH. Con un enfoque más local, en Chiapas estas dos organizaciones también fueron un parteaguas, pues se conjuntaron en una todas las organizaciones civiles y en la otra las organizaciones sociales y políticas, de forma inédita y tal vez irrepetible. Igual tronaron como chinampina y se desintegraron rápidamente por conflictos internos (que habría que revisar a 25 años y ver dónde están ahora todos los involucrados).

Muchas cosas pasaron ese año. Aquí hay una pequeña contribución por si alguien quiere hacer un documental de los otros 1994 que también sucedieron y también fueron importantes. Para muchos, el PRI era el enemigo a vencer, por su corrupción, por los asesinatos, por su entrega al neoliberalismo, por su abusivo ejercicio del poder. El PRI que dirigía Colosio y del cual era candidato. Personalmente no creo que fuera un joven idealista que nos ayudaría a transformar el país para obtener una insignia escultista, era el representante de una maquinaria de sangre, lodo y trampa, el próximo detentador de la corona. Contra él y lo que representaba se levantaron los milicianos del EZLN y se movilizaron miles de personas que echaron a andar mecanismos ciudadanos de participación y rendición de cuentas. Todos ellos, parafraseando al viejo Fidel Velázquez, se movieron y no salieron en la foto.

San Cristóbal de Las Casas

Primavera del 19

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