La universalidad de la gallina

Casa de citas/ 435

La universalidad de la gallina

Héctor Cortés Mandujano

 

«Manos que imploran». Chiapas. Foto: Mario Robles

Por recomendación de una amiga compré y leí De animales a dioses. Breve historia de la humanidad (Debate, 2014), de Yuval Noah Harari.

Dado el propósito abarcador que explicita el subtítulo y aunque el volumen tiene casi 500 páginas, varios tramos pasan muy rápido. Hay ideas, sin embargo, en este tomo que se lee con facilidad, que vale la pena compartir.

Aunque sólo el Sapiens sobrevive hoy, dice Yuval (p. 20), “la Tierra de hace cien milenios fue hollada por al menos seis especies diferentes de hombres”.

Otro dato global (p. 112): “La gallina doméstica es el ave más ampliamente extendida de las que hayan existido nunca”.

En los modos actuales y usuales de hacer crecer animales para el consumo, se cometen atrocidades. Las terneras, vacas jóvenes, crecen en un espacio donde no pueden ni caminar ni entrar en contacto con sus semejantes (p. 115): “La primera vez que la ternera tiene ocasión de andar, estirar sus músculos y tocar a otras terneras es en su camino al matadero”.

Varias de sus ideas, evidentemente, incitan a la polémica (p. 128): “La evolución se basa en la diferencia, no en la igualdad” […]; “Las aves vuelan no porque tengan el derecho a volar, sino porque poseen alas” […]; “Pero, ¿la ‘libertad’? En biología no existe tal cosa. Al igual que la igualdad, los derechos y las sociedades anónimas, la libertad es una invención que sólo existe en la imaginación”.

Habla de la religión (p. 130): “Voltaire dijo acerca de Dios que ‘Dios no existe, pero no se lo digáis a mi criado, no sea que me asesine durante la noche’ ”.

No elude respuestas a preguntas complejas (p. 132): “¿Cómo se hace para que la gente crea en un orden imaginado como el cristianismo, la democracia o el capitalismo? En primer lugar, no admitiendo nunca que el orden es imaginado. Siempre se insiste en que el orden que sostiene a la sociedad es una realidad objetiva creada por los grandes dioses o por las leyes de la naturaleza”.

Dice que el primer nombre que consignó la escritura fue el de “¡Kushim!”, un contable (p. 143), “no un profeta, un poeta o un gran conquistador”. Sobre el mismo tema, apunta (p. 151): “La escritura nació como la criada de la conciencia humana, pero cada vez más se está convirtiendo en su dueña y señora”.

Cuando los españoles llegaron a México, los nativos descubrieron, entre otras cosas, que “hedían de una manera horrible”. Por eso (pp. 323-324) “les asignaron nativos portadores de incienso para acompañarlos a donde quiera que fueran. Los españoles pensaron que se trataba de una marca de honor divino. Ahora sabemos, por fuentes de los nativos, que encontraron insoportable el olor de los recién llegados”.

La felicidad es química, dice (p. 422): “A nadie le hace feliz ganar la lotería, comprar una casa, ser promovido o incluso encontrar el verdadero amor. A la gente le hace feliz una cosa, y solo una: sensaciones agradables en su cuerpo”.

 

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En Grandes amigos (A Walk in the Woods, 2015), dirigida por Ken Kwapis (el título en español no tiene que ver con el original que alude justamente a lo que trata la película: un paseo por los bosques), el personaje que actúa Robert Redford hace un elogio al libro y al lector cuando explica la diferencia entre las rocas a un admirado Nick Nolte.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Por los libros, unos objetos que son la televisión para los inteligentes.

Ilustración: Juventino Sánchez

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Hace tiempo comenté el volumen 1 de El galano arte de leer, que leí de niño y volví a releer años después, agradecido. Creo haber dicho que me sorprendí al encontrar el volumen 2 (Trillas, 1975), de Manuel Michaus y Jesús Domínguez.

Los autores han hecho, de nuevo, una selección magnífica para estudiantes (es al fin de cuentas una antología didáctica) porque incluso los fragmentos elegidos de novelas, hablo en especial de las que conozco bien, parecen textos completos. La brillante nómina de autores incluye a Borges, Díaz Mirón, López Velarde, Tagore, Vasconcelos, Gabriela Mistral y un largo etcétera. Comparto contigo lector, lectora, algunas líneas.

De Ermilo Abreu Gómez citan un fragmento de Canek, de donde tomo esta idea (p. 50): “La inteligencia es como la flecha: una vez que se aleja del arco ya no la gobierna nadie”.

En “Vidas que fracasan”, dice José Enrique Rodó (p. 58): “El olvido […] es la eternidad de la nada”.

Carlos Pellicer dice en su poema “A Juventino Rosas”, sobre una muchacha (p. 94): “Tan linda, que colinda con todo lo que linde/ si lo que linda es bello”.

Una de las características de los dos tomos es que también publican poemas, dichos, refranes, coplas populares. Ésta me encantó (p. 110): “Tengo un dolor no sé dónde/ nacido de no sé qué;/ sanaré yo no sé cuándo,/ si me cura no sé quién”.

En “Hombre de monte”, de Gregorio López y Fuentes, habla de un trabajador peculiar: un entrenador de culebras (cuatitlácatl lo llaman) que las renta para acabar con las plagas de campo. Lleva el ofidio que caza los animales dañinos, pero cada día le lleva un presente y éste (p. 174) “al silbido, se arrastra, pesado y rolludo, en busca de su tutor”.

En el fragmento de Confieso que he vivido, Pablo Neruda cuenta de un insecto, un coleóptero, que lo deslumbró cuando niño (p. 213): “Yo sólo lo vi en aquella ocasión. Era un relámpago vestido de arco iris. El rojo, y el violeta y el verde y el amarillo deslumbraban en su caparazón. Como un relámpago se me escapó de las manos y se volvió a la selva. […] Nunca me he recuperado de aquella aparición deslumbrante”.

El recuerdo de Neruda me hizo recordar que cuando yo era niño, en un cerro muy cercano a la finca El Ciprés, donde nací, que conocíamos como El Taray, un día vi un desfile de bichitos que llamaban y llamo “chamarritas”. Eran de un rojo carmesí y, dado que me puse varias, varios en las manos, pude sentir la consistencia de sus cuerpos: parecían terciopelo. También se me volvieron inolvidables.

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Me había olvidado de agradecer a varias personas que me han hecho el favor de incluirme en libros de investigaciones perspectivas en varios temas: Poesía, cuento, novela, ensayo histórico. Lo hago ahora. Muchas gracias a mi amiga Socorro Trejo Sirvent por hacerme parte de su libro Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XX; también gracias a mi amigo Alejandro Aldana Sellschopp por incluirme en libros de tocan dos géneros literarios: El cuento en Chiapas (1913-2015) y La novela en Chiapas. Antología crítica. Recientemente el Dr. Rodolfo Calvo Fonseca me ha hecho parte de su trabajo histórico en dos tomos: Chiapas. Desde su federación hasta nuestros días. Muchas gracias.

Por otra parte, cuatro queridos amigos me han regalado libros últimamente, sin ninguna razón celebratoria. Vladimir González Roblero me entregó Arte manifiesto, donde suma a su ensayo el de Claudia Adelaida Gil Corredor y el de Amín Andrés Miceli Ruiz; Luis Daniel Pulido me regaló Gatos de rabo corto, de Alejandra Muñoz, donde mi amigo escribe el prólogo; Roger Octavio Gómez Espinosa me visitó y me obsequió Años lentos, de Fernando Aramburu y, finalmente, Juventino Tito Sánchez me dio de regalo Dibujamos el mundo, de Javier Pérez, con textos de Albert Martínez López-Amor. Mil gracias.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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