Lluvia de mayo

A los chiapanecos nada nos gusta, todo nos puede, negro es nuestro proceder. Si hace frío, porque hace tanto; si hace calor, nos cansamos de achicharrarnos; si hay viento, no soportamos tanto polvo; cuando viene la lluvia, ya no queremos mojarnos. En la víspera añoramos al temporada climática a venir, pero después ya no queremos saber nada de ella.

Mayo es el mes del calor, intenso, sofocante, no se soporta. Entonces ansiamos la lluvia de mayo, esa que viene con todo y, como un torrente venido de quién sabe donde, las gotas comienzan a caer y devela el paisaje como una pintura urbana surrealista.

El agua de la lluvia de mayo, como cada año, viene a limpiar y a cristalizar nuestra vida cotidiana. Cuando se quita el calor, aparece nítido un escenario que esta ahí, pero con las brumas calurosos no lo podemos ver.

Como cada año, un primer aguacero devela los parches que se deshacen en los gigantescos baches que están en prácticamente cualquier calle y avenida de la capital. La metáfora no puede ser más obvia, parches para tapar lo mal hecho, un remedio fácil para ocultar el moche, la transa, la corrupción de toda la vida, ahí donde en el ámbito de la construcción y de obra pública es súper conocida por todo el mundo. La ratería, quiero decir. Una sola lluvia destapa los socavones y deja al descampado la vida política hecha a modo para la delincuencia institucional. Si en Tuxtla los baches son el paisaje de toda la ciudad, es peor cuando llueve porque abre los hoyos perdidos y descubre lo peor de la vida pública.

Cañón del Sumidero

Por primera vez en decenas de años (o quizá nunca se había hecho) al municipio se le ocurrió la estupenda idea de pintar muchos de los carriles de las avenidas y las bandas amarillas de las orillas que hacen de la vialidad un acierto porque uno sabe donde va en el carro. Como en cualquier ciudad del mundo. Aparte de embellecer la capital asegura las vías, que para esta atrabancada ciudad, es muchísima ganancia. Nada más que fue una pintura de lo más corriente porque en la primera lluvia borró todo lo pintado, y todas las calles quedaron igual. Mal rayo nos parta.

Después de las lluvias, en las coladeras se ven kilos y kilos de basura de plástico y otras tantas de cualquier cosa. Todo va al Cañón del Sumidero y, como cada año, medios de comunicación, opinión y comentócratas dicen lo mismo, hay cierto escándalo en la forma en que acabamos con el parque nacional y lo cochinos que somos. Pero no pasa nada, basura va, basura viene y cuando asoma la lluvia pareciera recordarnos lo que siempre hacemos.

No cabe duda que la lluvia de mayo nos moja parejo. Propone y dispone a su antojo. Mayo siempre nos parece como un espejo donde reflejamos lo que los humos de las quemazones esconden. Cuando niños, al primer aguacero salíamos a la calle a mojarnos. Hoy ya no lo hacemos porque estamos mas preocupados en la lluvia ácida que oler a tierra mojada cuando caen las primeras gotas de mayo y lo que nos urge es saber que no lloverá más de dos horas seguidas porque, entonces sí, la capital de Chiapas se ahogaría y no precisamente de las aguas que caen del cielo.

 

 

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