Urracas, aves de alegría

Casa de citas/ 433

Urracas, aves de alegría

Héctor Cortés Mandujano

 

Hace tiempo jugaba con Jacobo, mi nieto mayor, de que estábamos en una guerra, atrincherados en los cojines de nuestro juego de sala. Él dio en llamarme “General” y yo lo llamaba “Soldado”. Hubo un momento en que puso en pausa uno de los ataques para decirme:

—Tito, ¿qué es más: ser general o ser soldado?

—Ser general, claro.

—Entonces, a partir de este momento yo soy el general y tú eres el soldado.

 

***

 

Leo Schopenhauer. El reconocimiento de lo irracional como la fuerza dominante del universo (RBA, 2015), en una edición de pasta dura, muy cuidada, bella, cuya autoría no aparece en la portada (es de Luis Fernando Moreno Claros), que es al mismo tiempo biografía y ensayos sobre sus ideas filosóficas, en particular sobre su obra clave: El mundo como voluntad y representación, que inicia con esta sentencia: “El mundo es mi representación” (la cursiva es mía).

Al ser humano (p. 50) “le resulta claro y cierto que él no conoce un sol ni una tierra, sino sólo un ojo que ve un sol y una mano que siente una tierra; que el mundo que lo rodea existe solo como una representación, es decir, sólo en relación a otro, al que lo representa, que no es sino él mismo”.

Platón está en el origen de alguna de sus ideas (p. 72): “Leones y hombres vivos son copias de las Ideas eternas; sólo aquellas existen en un plano ontológico, mientras que los leones y los hombres habitan en el tiempo, multiplicados y efímeros”.

Moreno Claros cuenta, sobre una de las ideas de Schopenhauer (p. 136): “El hijo se acerca a su padre y maestro pidiéndole que le explique quién es él mismo; la lacónica respuesta que recibe de su progenitor reza: ‘Esto mismo eres tú’. Mientras la pronuncia, Aodalak (el padre) señala a un animal cualquiera, a una roca, a una planta; con ello le dice que todo es uno y lo mismo, y que la diferencia entre unos seres y otros es aparente”.

Sobre el mismo tema, esta síntesis (p. 142): “Torturador y víctima en el fondo son uno y lo mismo, pues la voluntad late en ambos y es una y la misma”.

Y esta sentencia es perfecta (p. 146): “Todo amor verdadero es compasión; y todo amor que no sea compasión es egoísmo”.

Foto: Mario Robles

***

 

Cuatro madres y cuatro hijas son las protagonistas de El club de la buena estrella (RBA, 1993), de Amy Tan. Las madres son chinas que, por distintas razones, huyeron a Estados Unidos de América. Las hijas son estadounidenses. Son amores conflictivos. La novela me gustó desde el título.

Suyuan Woo, una de las madres, analiza a las personas según los elementos (pp. 29-30): “Demasiado fuego y tienes mal carácter”; “Si tienes poca madera, estás demasiado presto a escuchar las ideas ajenas, de hacer valer las propias”; “Demasiada agua y fluyes en muchas direcciones…”.

Vincent, hermano mayor, enseña a Waverly a jugar ajedrez. Le explica cómo se mueven los peones y ella pregunta (p. 105): “¿Y por qué son todos peones y no hay peonas ni peoncitos?”.

La abuela juega con la nieta bebé y le habla como si la nena fuera una diosa (p. 245): “Debes enseñar a mi hija esta misma lección, cómo perder la inocencia pero no la esperanza, cómo reír eternamente”.

Mi abuela decía que las urracas cuando cantaban llamaban al Diablo; por eso me llamó la atención que en una historia una madre diga a su hija que las urracas son (p. 249) “aves de alegría”.

Una madre previene a su hija sobre la impostura de una mujer cercana (p. 265): “Siempre forma nubes con una mano y lluvia con la otra”.

Ying-Ying piensa de su hija (p. 279): “Ella y yo hemos compartido el mismo cuerpo. Hay una parte de su mente que forma parte de la mía. Pero cuando nació, saltó de mí como un pez resbaladizo, y desde entonces se ha alejado nadando”.

 

***

 

Mi amiga Linda Esquinca me regaló en una ocasión reciente que nos encontramos una caja de libros. Entre ellos, los dos tomos de Lecturas de Poesía Clásica (Conaculta, 2000). Cito el primero, que tiene como subtítulo “De Mesopotamia a la Edad Media”, con selección, presentación y notas de Francisco Serrano. La edición es lujosa y el contenido me hizo sentir el placer de lo antiguo, de lo clásico, de lo bien hecho, de lo inmarcesible.

Me detengo en Grecia, en el eterno Homero. Odiseo desciende al infierno, en Odisea, y se halla con Elpénor, quien le comenta sobre su muerte (p. 75): “Dormí en casa de Circe. Bajando sin cuidado las altas escaleras, caí en el contrafuerte, y me rompí la nuca; mi alma buscó el Averno”. En el pie de página, Serrano explica: “Averno: lago cerca de Nápoles, Italia, que se creía era la entrada al inframundo”.

Cuando de Roma cita un fragmento de La Eneida, de Virgilio, agrega a lo ya dicho en el pie de página (p. 96): “Averno: del griego a-ornos, sin pájaros: nombre del infierno”.

Serrano aclara que tomó, para este libro prodigioso, la traducción de varios autores. En China, un poema de Li Kin Ling se llama como se titula un famoso libro de uno de los traductores citados, José Emilio Pacheco (p. 128): “No me preguntes cómo pasa el tiempo”.

Es de China el poema “La palangana”, de Han Yu (768-924), del que cito los últimos versos, que me encantaron (p. 131): “Toda la paz del cielo cabe en mi palangana./ Pero, si lo deseo, provoco un oleaje./ Cuando la noche crece y se ha ido la luna/ ¡cuántas estrellas bajan a nadar en sus aguas!”.

De Japón, el poema “Toda la noche”, del monje Saigyo (1118-1190), tiene cuatro líneas finales que me parecen una maravilla (p. 138): “Si yo no creo/ que lo real sea/ real, ¿cómo creer/ que son sueño los sueños?”.

Uno de los poemas de Matsúo Basho (1644-1694) termina con el título de un famoso libro de poemas de Julio Cortázar (p. 141): “Ese camino/ nadie ya lo recorre,/ salvo el crepúsculo”.

De la América antigua son estos versos que tomo de Tochihuitzin (siglos XIV-XV), p. 191: “Es una flor nuestro cuerpo: da algunas flores y se seca”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Sin comentarios aún.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Comparta su opinión. Su correo no será público y será protegido deacuerdo a nuestras políticas de privacidad.