Carlos Morales Vázquez, la protesta

Carlos Morales Vázquez enfrenta una de las más inusitadas protestas que se hayan registrado en Tuxtla, que no la vivió Juan Sabines, Samuel Córdova Toledo ni Fernando Castellanos Cal y Mayor, no obstante el aura pestilente que emanaban: una marcha para exigir la separación de su encargo.

No es que el actual presidente haya desempeñado, en este breve periodo una administración de eficiencia absoluta, pero que se le trate de arrinconar contra la pared para que deje la alcaldía es, por supuesto, un exceso.

El aumento de la violencia en Tuxtla, que es según el motivo principal de la marcha, si es que fuera real, no puede atribuirse solo a la presidencia municipal y en un tiempo tan corto de mandato. La violencia crece por otras causas, y junio ha sido el más violento con un aumento del 6.97 por ciento de actos delictivos y 3 mil 80 homicidios a nivel nacional, y tiene que ver con el cambio de política de seguridad, con el desempleo y con la crisis económica que ha avanzado en este inicio de administración de la 4T.

Los datos oficiales sobre la violencia que se vive en la capital son contrapuestos a los que enarbolan los grupos de ciudadanos indignados. Tapachula, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de junio de este año, figura entre las ciudades más violentas del país, al lado de Ecatepec, Coatzacoalcos, Naucalpan y Villahermosa, y no por eso exigen la destitución de Óscar Gurría.

Según esa misma encuesta, la percepción ciudadana en Tuxtla Gutiérrez disminuyó en un 15.2 por ciento, al ubicarse en 73.3 por ciento, 6 centésimas abajo que la media nacional, que es del 73.9 por ciento. Datos proporcionados por la presidencia municipal, y aquí si hay que hacer salvedades hasta no obtener los del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad, los delitos disminuyeron en un 9 por ciento, al pasar de 4 mil 712 en 2018 a 4 mil 283 en el mismo periodo en 2019.

Carlos Morales, presidente de Tuxtla.

Hace un año, según ese mismo secretariado, Tuxtla encabezaba en Chiapas la lista en cuanto a robo a transeúntes, robo con violencia, robo a casa habitación, a negocios y a extorsión. En el robo con violencia casi se duplicaba la tasa nacional por cada cien mil habitantes al ubicarse en el 74.23, contra el 42.9.

Aun cuando los índices de violencia y la percepción ciudadana hayan disminuido, Tuxtla perdió desde hace mucho la candidez. No es ya el pueblo por el que caminábamos a media noche con total seguridad. A medida que las ciudades crecen extravían la tranquilidad y la seguridad. Hoy, el 73.9 de los mexicanos creen que la ciudad en la que viven es insegura.

Hay dos crímenes que, por su espectacularidad inusual, coparon las redes sociales de los tuxtlecos: el asalto y asesinato a un trabajador por la exfuente Mactumatzá, y la muerte violenta de la directora del Colegio de Niños Hispanoamericano Jaime Sabines.

Creo en la crítica, y yo la he ejercido cuando he pensado que Carlos Morales Vázquez ha derrapado en el ejercicio de sus funciones. Su trato hosco a reporteros debe ser cuestionado. Pero de ahí a que deba renunciar tiene que ver con otros intereses. Me parece que hasta el momento ha desarrollado un trabajo callado y eficiente.

En su administración ha afectado intereses relacionados con mandos policiacos, con personajes públicos dueños de aviadurías y con empresarios. Por ejemplo, Simón Valanci ha perdido el trato de privilegio que había recibido por años en la Presidencia Municipal. Con Fernando Castellanos Cal y Mayor mantenía un convenio publicitario de un millón 250 mil pesos mensuales, más el pago por la renta de un edificio.

Las protestas ciudadanas son parte de la democracia, y aunque la marcha de este miércoles es rara y fuera de tono, debe transformarse en un reto para la alcaldía actual, que se desempeña, creo, dentro de las expectativas planteadas.

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