Los espacios del corazón

Rosas, violentas y naranjasLos espacios del corazón Foto: Elizabeth Ruiz

Con afecto y admiración para quienes integran Casa Plena

El jardín con una variedad de flores y plantas de ruda, romero y citronela que aromatizaban el ambiente atrapó la atención de Silvana. Se sentó frente a la hamaca colorida que colgaba entre un par de columnas y retrocedió en el tiempo.

Vinieron a su mente una serie de recuerdos e imágenes del lugar en que ahora se encontraba. La estructura de la casa era antigua, con un jardín al centro y varios cuartos a su alrededor. Sin duda, el lugar que más le atraía era el jardín.

Silvana consideraba que era muy afortunada en poder apreciar la diversidad de flora y sobre todo, a los colibríes en su ardua labor de degustar el néctar de las flores  y  escuchar a los pájaros que trinaban en las mañanas y tardes.

Esa casa era un lugar mágico, en ella se congregaban muchas personas que facilitaban actividades encaminadas a fortalecer y alegrar el espíritu, a reconocer y  ejercitar el cuerpo a través de la danza, la yoga, el tai chi, el chi kung, la meditación, entre otras actividades más.

Silvana tuvo la oportunidad de que ella y varias de sus amistades coincidieran para practicar algunas de estas actividades. Recordó que también creó nuevas amistades en estos encuentros.

Era impresionante la cantidad de personas que habían habitado ese espacio, gente local, nacional, extranjera, de todas las edades y  que formaban parte de la casa. Los esfuerzos, las risas, los deseos de aprender nuevas prácticas, las enseñanzas, la escucha, la creatividad, el entusiasmo, la motivación, la perseverancia,  la humildad, era parte  de lo que Silvana había hallado en él.

Evocó las diferentes presentaciones que tuvo el decorado interior de la casa. Una característica que le gustaba mucho era que los muebles, después de determinado tiempo, estaban en diferente espacio, las habitaciones se transformaban y la energía fluía de manera constante.

Mientras contemplaba el paisaje del jardín y los recuerdos seguían presentes en su mente y corazón, Silvana se percató que ese espacio al que llegó por vez primera hace más de siete años se había convertido en uno de sus espacios favoritos. Estaba segura que cada persona tenía diferentes espacios en la vida, indudablemente había algunos que eran los consentidos, esos eran para Silvana los espacios del corazón que guardaban un lugar especial, como la Casa Plena.

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