Sabrosas memorias

Casa de citas/ 438

Sabrosas memorias

Héctor Cortés Mandujano

 

Leo el breve y bilingüe libro de cuentos Skóp Ajawetik. Palabras de Ajawes (Ediciones El Animal y otras, 2005), de Armando Sánchez Gómez (Paraje Chaonil, municipio de Oxchuc, Chiapas, 1965). En el pie de página de un cuento (p. 82) Armando explica que un Ajawe es el “dueño del mundo”.

En “La palabra de sal” habla de un (p. 9) “torete sarado” y me llamó la atención que aplicara este color a un toro (según yo sería moro), cuando se aplica regularmente a las gallinas. Armando es joven y tal vez el asunto del color en el pelaje de los toros no es su fuerte. Ni el mío, claro.

En “Cazador de ts’ef”, a propósito de las costumbres en Oxchuc, dice que la rata de monte es (p. 38) “platillo suculento del pueblo. […] Diariamente levantan ratas frescas para comerlas y, si no, las ahúman para ir a venderlas al mercado los sábados”. Además (p. 41), “cuando no se conseguía la carne del torete, manojos de rata de monte se ofrecían como ofrenda en la petición de la amada prometida”.

En “Veremos quién irá primero enredado en sus pies”, la abuela se enoja con los nietos y dentro de su larga perorata se burla del supuesto conocimiento que tienen las nuevas generaciones (p. 82): “Dicen que saben… ¡saben ignorancia!”.

En “Juan K’ib”, el abuelo dice algo que me encantó (p. 94): “Por cierto hoy es jueves, está abierta la puerta del mundo”.

 

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En Palabras floridas. Pejkaj Ch’utyaty (Coneculta-Chiapas, 2001), libro bilingüe de Juan Jesús Vázquez Álvarez (Tila, Chiapas, 1971), me pareció divertida la forma cómo doña Lupita llama a Jesús en su rezo (p.72): “Señor Jesucristo, Papacito”.

 

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Foto: Mario Robles

Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro

Cervantes,

en Don Quijote

 

Releo Don Quijote de la Mancha (publicado originalmente en 1605, mi ejemplar es de Ediciones Folio, 1999), de Miguel de Cervantes. No me gusta coleccionar ediciones, pero del Quijote tengo muchas. Ésta, marcada ya por mis lecturas anteriores, es de pasta dura, de agradable tipografía, que separa la primera novela de la segunda, publicada en 1615.

Qué divertida es la historia, qué sabia, qué prodigiosa. Luego de leerla me embarqué en otro libro de autor reconocido y parece un principiante frente al ingenio de Cervantes y sus criaturas. Escojo algunas citas para ti lector, lectora.

Aunque para el Quijote la comida es un trámite, sabe que es vital y lo expresa en su primera salida, ante las ayudantas del ventero que lo arma caballero (p. 39): “El trabajo y el peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas” (Ricardo Garibay tiene un libro de cuentos, cuyo título evidentemente lo derivó de aquí. Se llama El gobierno del cuerpo.)

En esta idea se alude al sol con mucha sutileza (p. 42): “Acabó de cerrar la noche; pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba”.

Come poco el caballero andante (p. 70): “No quiso desayunarse don Quijote, porque, como está dicho, dio en sustentarse en sabrosas memorias”.

Mi abuela paterna no sabía leer, pero alguien le había contado o leído el Quijote. De allí sacó el nombre de un perro con el que conviví en mi infancia: Fierabrás. El nombre es del bálsamo que el caballero prepara y que casi hace morir a Sancho.

Dice nuestro héroe (p. 85): “De la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala”.

Sancho y don Quijote cenan con unos cabreros y un zagal entona una canción, que en su inicio dice (p. 89): “Yo sé, Olalla, que me adoras,/ puesto que no me los has dicho/ ni aun con los ojos siquiera,/ mudas lenguas de amoríos”. Justa metáfora: Los ojos son mudas lenguas que hablan de amores.

Cuenta nuestro caballero que el mítico rey Arturo de Inglaterra (p. 98) “no murió, sino que, por arte de encantamiento, se convirtió en cuervo” y que por eso los ingleses no matan cuervos.

Grisóstomo muere de amor por la zagala Marcela, quien lo ha rechazado a él y a todos los hombres que se le han acercado. Es bella y rica, pero no quiere marido. Cuando la culpan de la muerte de Grisóstomo, dice (p. 111): “Y, así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa… […] Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”. A Grisóstomo, a quien nunca dio esperanzas, dice Marcela, “antes le mató su porfía que mi crueldad”.

Ginés de Pasamonte es un galeote, un preso encadenado que el Quijote rescata. Conversa con él y éste le dice que aprovechará su encarcelamiento para seguir escribiendo su libro (p. 182):

“—Hábil pareces –dijo don Quijote.

“—Y desdichado –respondió Ginés–; porque siempre las desdichas persiguen al buen ingenio.”

Es público que en Villaflores se mandan saludes, no saludos. Hablan español del siglo XVI. En Sierra Morena un mancebo saluda al héroe y (p. 196) “Don Quijote le volvió las saludes”.

En la carta que el Quijote escribe a Dulcinea la llama, con dulzura (p. 217) “amada enemiga mía”.

Cardenio cuenta su historia de amor con Luscinda. No quiere recordar cuando ella se casaba con otro (p. 238): “¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!”.

Son constantes los refranes. Me llamó la atención la modificación de éste (p. 280): “Más vale pájaro en mano que buitre volando”.

El canónigo dice cerca del cierre de este primer volumen (p. 440): “No quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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