El regreso del EZLN, la izquierda mexicana confrontada

Fundado en 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) aglutinó a las izquierdas mexicanas; la “institucional”; es decir aquella izquierda que desde el PRI fundaba la “corriente democrática” y se escindiera de ese partido como consecuencia del denominado “fraude del 88” y; la izquierda que desde las corrientes socialistas y comunistas hacían activismo político y pugnaban por reglas democráticas para la competencia política.

A esa izquierda mexicana aglutinada ese año en el PRD, el nacimiento y el activismo político buscando la alternancia le costó más o menos 500 muertos para en algún momento de la vida política nacional llegar a ser la segunda fuerza electoral del país.

Cinco años después del nacimiento del PRD, en 1994 desde Chiapas nace otro tipo de izquierda mexicana; la izquierda armada con el neozapatismo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Pero a diferencia de quienes luchaban por la alternancia democrática al EZLN le interesaba más la sobrevivencia como grupo armado.

El choque de las dos izquierdas mexicanas fue inevitable. Buscando el poder político, el PRD promovía la democracia participativa vía los procesos electorales. En cambio, el EZLN buscaba la “democracia comunitaria” y el autogobierno. Es decir, una toma de decisiones más directa. El PRD quería construir “mayorías” y el EZLN buscaba diálogo con las minorías.

En 1997 el PRD logra llegar a la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal de la mano de su fundador y líder Cuauhtémoc Cárdenas. El éxito electoral perredista evidenció el dominio de las denominadas “tribus”. Mientras tanto, el EZLN resistía cercos militares y luego, cercos económicos y políticos.

Ninguna de las dos izquierdas nacionales tendió entre ellas vasos comunicantes para el diálogo y la unión de fuerzas políticas; imposible. Los dos proyectos no eran ni nunca han sido coincidentes.

 

Mientras el EZLN contribuía a la visibilidad de los pueblos originarios, el auge electoral del PRD significó el principio de la ruina perredista. Las denominadas “tribus” adquirieron relevancia e influencia política.

Con Andrés Manuel López Obrador, el PRD fue a dos elecciones presidenciales ante la indiferencia de la otra izquierda; las elecciones del 2006 y del 2012. Para las elecciones presidenciales de 2018 el PRD casi desaparece al obtener apenas el 2.8 por ciento la votación nacional. Falló el propósito de la izquierda de lograr la democracia participativa vía el PRD. Pero esa izquierda no armada llegó al poder vía el nuevo proyecto político; el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

El éxito de la izquierda participativa no tiene parangón en la vida política nacional. Arrasó con todo, tanto que casi no se habla de sus oponentes PRI y PAN, o tal vez -en estos momentos de la vida nacional- a pocos mexicanos les importa la suerte de esos dos partidos políticos, menos de los demás.

Ahora que la izquierda agrupada en MORENA es gobierno, que la oposición a su proyecto político de nación es casi nula y de la indiferencia ciudadana al PRI, al PAN y a los demás partidos políticos; se reedita otra confrontación más entre la izquierda mexicana.

Las razones son las mismas, dos proyectos políticos que chocan porque buscan diferentes objetivos. Aunado a ello, MORENA busca crecer política y electoralmente para conservar otro sexenio el poder. Ahora la izquierda nacional, esa izquierda que busca la democracia representativa no tiene nada que la detenga, salvo claro está, que acabe cometiendo los mismos errores de sus adversarios políticos; la soberbia y la corrupción.

¿Quién detiene a MORENA? En estos momentos, ni el PRI ni el PAN pueden. Para ser competitivos electoralmente, requieren aliarse entre ellos y con el PRD también.

Lo que puede desgastar a MORENA es el propio ejercicio de gobierno, la falta de autocrítica y; la otra izquierda, la que defiende la democracia comunitaria o directa, es decir el EZLN.

El neozapatismo ha regresado al activismo político. En los últimos días, el número de los comunicados con el sello “Desde las montañas del Sureste Mexicano” se han incrementado. Vuelven a la escena política y se aprestan a dar la pelea contra los “megaproyectos” del gobierno de MORENA; el “corredor transístmico”, el “Tren Maya” y los proyectos mineros porque consideran que tendrán un impacto negativo sobre los pueblos originarios.

Se oponen además a los proyectos sociales, los cuales los consideran asistencialistas. Incluso el EZLN anunció que creará nuevos centros de resistencia y municipios en rebeldía.

Pioneros en oponerse a la globalización y al neoliberalismo, el EZLN afronta un escenario nacional e internacional diferente. Se confrontará por primera vez en su historia con un gobierno de izquierda de -por lo menos en estos momentos- de gran apoyo popular.

Sus ideales comunitarios se enfrentan también a la ola conservadora y radicalista internacional sobre todo de derecha que también cuestiona el neoliberalismo y la globalización. La diferencia con esos movimientos, del EZLN busca proteger la vida comunitaria y los movimientos ultranacionalistas, los privilegios.

¿Dónde cabe la izquierda mexicana de la democracia representativa y MORENA en ese nuevo contexto internacional? Es evidente que juntas, las dos izquierdas mexicanas no pueden caminar. Pero pueden debatir y proponer un proyecto de nación.

 

¿Hacia dónde va el EZLN y su democracia directa o comunitaria?

Es bueno que existan la diferencias, aún dentro de la misma izquierda. Es bueno que exista debate nacional sobre el rumbo del país.

Sería excelente que MORENA y su líder no solo lo permitieran, sino que además lo alentaran.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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