El mundo se creó un miércoles

Casa de citas/ 446

El mundo se creó un miércoles

Héctor Cortés Mandujano

 

El lenguaje de las trilogías (Fondo de Cultura Económica, 2005), de Eulalio Ferrer, es un estudio minucioso, lleno de referencias, acerca de cómo el numero tres ha estado presente en la literatura, la religión, la mitología, el simbolismo, la filosofía, la historia, la política, la publicidad y en otras ramas del saber y del hacer.

Octavio Paz, en la nota introductoria, propone que alguien debe continuar esta tarea y buscar lo que hay en (p. 20) “las figuras del cuatro y del cinco”.

En las trilogías literarias, dice Eulalio Ferrer (p. 39): “Rabelais no perdió la oportunidad de recurrir a un irónico tríptico: ‘No tengo nada. Debo mucho. El resto se lo dejo a los pobres’ ”.

José Juan Tablada hizo maravillas con la forma japonesa, que soluciona poéticamente todo con sólo tres versos (p. 49):

 

Es mar la noche negra,

            la nube es una concha,

            la luna es una perla.

 

Dice Ferrer que el título, de Dumas, Los tres mosqueteros, prefigura el éxito, se queda más fácilmente en el recuerdo y que (p. 57) “quizás por esta razón Umberto Eco lo ha considerado el mejor título de la literatura universal”.

Yo no sabía, o no recordaba, algo que Eulalio Ferrer dice sobre los colores patrios (lo hace cuando comenta la Divina comedia): el verde, el blanco y el rojo son la representación de las tres virtudes teologales (p. 72): “fe, esperanza y caridad”.

Cita Ferrer a Emmanuel Carballo (p. 108): “Los tres enemigos del escritor son la política, el gran dinero y la academia”.

En las trilogías religiosas, dice Ferrer (p. 123): “Según el historiador Pierre La Mure, Dios creó el mundo un miércoles, tercer día de la semana, hacia las nueve de la mañana”.

Más adelante anota (p. 132): “Antiguamente, tres eran las causas por las cuales la Iglesia católica disolvía un matrimonio: no querer tener hijos, no consumar la unión y tener un aliento nauseabundo”.

En el apartado de las trilogías filosóficas, dice (p. 221): “Recuérdense […] aquellas palabras que la tradición nos ha legado como las últimas de Hegel, pronunciadas en su lecho de muerte: ‘Sólo un hombre me ha entendido, pero no me ha entendido bien’ ”.

En las trilogías políticas, cita a Demóstenes (p. 268): “He aquí los tres animales intratables: el mochuelo, la serpiente y el pueblo”.

En las trilogías políticas, cita una humorística (p. 286): “Los peores años de un sexenio son los tres primeros y los tres últimos”.

De las trilogías publicitarias, cita ésta de Funeraria Moreno (p. 308): “Maneje despacio… No tenemos prisa… Nosotros le esperamos”.

Y de las trilogías varias es ésta (p. 332): “La tercera plaga más extendida en el mundo es la caries, pues afecta a 90% de la población”.

Foto: Mario Robles

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Christopher Domínguez Michael dice en uno de sus ensayos que Ángeles del abismo (Seix Barral, 2004) es la mejor novela de Enrique Serna. La leo y comparto la opinión del crítico: es enormemente rica en lenguaje, con una trama llena de sorpresas y un humor negro a todo lo que da. Es pícara, entretenida, de veloz lectura.

La trama, ubicada en el virreinato mexicano, cuenta la pasión de Crisanta y el indio Tracotzin y tiene páginas memorables. Mis citas, curiosamente, se refieren al teatro (Crisanta es actriz dentro y fuera del escenario) y a la creación. La primera la dice el dramaturgo Luis Sandoval Zapata a Crisanta, justamente, y se refiere al público (p. 144): “Somos esclavos de una bestia ingrata que hoy nos arroja flores y mañana piedras”, y la segunda se la escribe a Luis su hijo, en una carta demoledora (p. 353): “¡Con cuánto ahínco has buscado la gloria desde joven! ¿Y todo para qué? Para alimentar las ratas con tus legajos inéditos”.

 

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Tenía muchas ganas de leer Las afinidades electivas (publicada originalmente en 1809, mi ejemplar es de Mondadori, 2007), de Johann Wolfgang von Goethe.

Los libros que más se comentan o se citan de Goethe son Las tribulaciones del joven Werther y Fausto, ambas las leí de jovencito, y son claramente magníficas, pero de Las afinidades… dice Thomas Mann en la contraportada de mi ejemplar: “…fue una obra capital del autor: una novela en dos partes bien madurada, no la de mayor volumen, pero sí la más alta de entre las que se han escrito en alemán”.

Eduard y Charlotte están casados. Viven solos en el campo. Llega el capitán y Charlotte se enamora de él, llega Ottilie y Eduard se enamora de ella. Aunque los esposos se sinceran, las dos parejas enamoradas (Eduard-Ottilie y Charlotte-capitán) no logran concretarse. De eso va la novela.

Mittler, un personaje que los visita, dice sobre el matrimonio (p. 85): “Puede ser incómodo a veces, ya lo creo, y está muy bien que sea así. ¿No estamos casados también con nuestra conciencia, de la cual prescindiríamos a veces con mucho gusto, porque es más incómoda que lo pueden llegar a serlo ningún marido o mujer?”.

El conde, otra visita, opina sobre el mismo tema (p. 88): “lo único un tanto inadecuado es esta duración decidida y eterna en medio de tantas cosas móviles que hay en el mundo”.

Dice el narrador (p. 162): “Afortunadamente, el hombre solo puede captar cierto grado de infelicidad; lo que queda más allá o le aniquila o le deja indiferente”.

Del “Diario de Ottilie” son estos dos pensamientos (p. 171): “Nuestras pasiones son verdaderos fénix. En cuanto se quema la antigua, de sus cenizas surge enseguida la nueva”, y (p. 183): “El comportamiento es un espejo donde cada cual muestra su imagen”.

Eduard dice, porque tiene un hijo con Charlotte, que tendría que dejar para irse con Ottilie (la tragedia se desencadena justo por algo terrible que le pasa al niño): “Es mera presunción de los padres imaginarse que su existencia es tan necesaria para los hijos”.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

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