El regreso del golpismo

En Bolivia se celebraron elecciones de las que el Presidente Evo Morales resultó electo. La Organización de Estados Americanos (OEA) llevó a cabo una auditoria y con base a ella, dictaminó que las elecciones presentaban irregularidades. Ante esa situación más las movilizaciones que logró armar la derecha boliviana, el Presidente en funciones, Evo Morales anuló las elecciones y convocó de nuevo otra jornada electoral. Pero la derecha no se conformó. Organizó quemas de oficinas, invasión a edificios públicos, acaparó los medios masivos de comunicación, movilizó a la policía para que se inmovilizara y recurrió al ejército. Se difundió por todo el mundo la imagen del General William Kalimán, jefe del ejército boliviano, leyendo un documento en el que le solicitaba al Presidente en funciones que renunciara al cargo. El Presidente en funciones, cuyo mandato expiraba el próximo enero, vio venir la debacle, el derramamiento de sangre que una guerra civil implica, y aceptó lo que le pidió el ejército, renunciando a su cargo. Con él, renunciaron muchos funcionarios y miembros de la cámara legislativa. El Gobierno de México, siguiendo las líneas de la política exterior que arrancan con Benito Juárez y con la Doctrina Estrada, condenó el golpe de Estado, abrió las puertas del país para los exilados políticos y exigió una reunión urgente y extraordinaria de la OEA para exigir explicaciones al por qué del silencio de esa organización que se supone debe defender la democracia.

La posición del gobierno mexicano es la correcta y además, cumple con las normas de una política exterior que le ha dado gran prestigio a México. Esa es la política exterior que asumió Lázaro Cárdenas para abrir las puertas de los republicanos españoles, exiliados por el franquismo y el fascismo; es la misma política que defendió a Cuba cuando, precisamente la OEA, obedeciendo a “aquel que les conté”, expulsó a la Isla de la organización. Es la misma posición congruente que recibió a los exilados chilenos, víctimas de aquel horroroso golpe de Estado encabezado por ese monstruo descerebrado de Augusto Pinochet.  Es la misma política exterior que abrió las puertas del país a Haitianos, Cubanos, Guatemaltecos, Salvadoreños, Nicaraguenses, Argentinos, Uruguayos, Paraguayos, Brasileños, todos, víctimas de golpes de Estado. Como lo expresó Marcelo Ebrard, “nada bueno han traído los golpes militares a la América Latina”. En cambio, México se ha beneficiado de esos exilios al recibir a humanistas, profesionistas, escritores, intelectuales, editores, periodistas, que han enriquecido nuestra vida social y cultural, además de realizar contribuciones a la ciencia en medicina, química, física, matemáticas, para mencionar algunas.

Ante el golpe de Estado en Bolivia recordé los amargos días de los gorilatos en Brasil, de regreso con Jair Bolsonaro, un personaje inverosímil, representante del nuevo fascismo. Recordé la lucha de los Tupamaros en Uruguay y la llegada final de un hombre como José Mujica y ahora Tabaré Vázquez como Presidente de Uruguay, lo que ha permitido la continuidad en la transformación de la vida pública de ese país. Tuve en mente a los Haitianos, como Gerard Pierre Charles y su esposa, Susy Castor, y sus compañeros de lucha, Jean Casimir y Guy Pierre, todos, luchadores por un mundo mejor, enfrentando al mismo enemigo: el fascismo de las derechas latinoamericanas y los ejércitos golpistas. Aquí en México vivió Luis Cardoza y Aragón, gran escritor guatemalteco, autor de un libro que nos iluminó en tiempos juveniles: Guatemala, Las Líneas de su Mano; en nuestro país logró Carlos Navarrete rehacer su vida y contribuir como el arqueólogo brillante que es a conocer mejor el pasado de esta tierra nuestra. En México recibimos a los argentinos que venían expulsados por uno de los triunviratos militares fascistas más sanguinarios y crueles en la historia de América Latina y El Caribe. Varios de ellos aún están aquí, porque rehicieron sus vidas, y aquí nacieron sus hijos. En Argentina existe la categoría de “argemex”, los argentinos regresados pero que se consideran también mexicanos. Recordé la gesta de Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Ernesto, el Che, Guevara y sus compatriotas del Granma, que lograron la hazaña de vencer al fascismo en la Isla Bella. El propio General César Augusto Sandino vivió en México y desde aquí se lanzó a liberar a Nicaragua, estableciendo su base de operaciones contra Somoza en el Bosque de Las Segovias. Es este el México que respalda la postura del Gobierno Mexicano ante los graves sucesos de Bolivia.

Se podía estar de acuerdo o no con los procedimientos de Evo Morales, pero lo importante en este caso, es que era el Presidente en funciones, que había llamado a nuevas elecciones en las que él no se presentaba como candidato y que su período terminaba en el próximo mes de enero. Nada justifica un golpe de Estado contra un gobierno electo en democracia. Ese es el caso de Bolivia. Ningún ejército está capacitado por derecho a pedir la renuncia de un Presidente electo. El pueblo de Bolivia tiene todo el derecho a resolver su destino sin golpes de Estado y sin intervenciones externas. Justo uno de los principios de la Doctrina Estada es el de la autodeterminación de los pueblos, basado en aquel apotegma de Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz.

Deseamos que el pueblo de Bolivia conozca mejores días, que el ejército golpista no inicie un baño de sangre para perpetuarse en el poder y que “el abusivo aquel del norte”, no meta las manos.

Ajijic. Ribera del Lago de Chapala. A 11 de noviembre de 2019 .

 

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