El abandono de los libros

Casa de citas/ 462

El abandono de los libros

Héctor Cortés Mandujano

En estas fechas regularmente recibo, como casi todo mundo, los parabienes y regalos de amistades y familiares; sin embargo, este diciembre me trajo una sorpresa que me volvió a la alegría infantil de las navidades: mi amigo Sarelly Martínez me obsequió un nuevo lector electrónico, con los libros que yo le pedí en una lista.

Se volvió más simbólico, porque fue justamente el 25 de diciembre cuando descargué los ejemplares y comencé a leer Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes, cuyo inicio es emblemático: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo.

“Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida.”

Mi querido amigo Sarelly Martínez me dio una enorme alegría en Navidad. Con él, también agradezco a la vida haberme regalado el hallazgo de la amistad. ¡Mil Gracias!

 

***

 

William Somerset Maugham, de quien he leído varios libros, se asume como el personaje narrador de El filo de la navaja (Editorial Porrúa, 1998), una novela que se toma todas las libertades para hacernos creer que lo que cuenta –no como en Soberbia– ocurrió en realidad. (Por la nota personal que hace en el capítulo primero, me entero que The moon and sixpense –como Soberbia fue puesta a circular en español–, de Maugham, una novela que me encantó, está basada libremente en la vida del pintor Paul Gauguin.)

Larry, uno de los personajes principales de El filo…, rechaza vivir la vida cómoda que le ofrecen; no se casa con la mujer de buena posición que está dispuesta a esperarlo y rehúye el círculo social de gente adinerada. Dice el narrador, disculpándolo (p. 67): “La gente interesante, por lo general, no tiene mucho dinero”.

A Isabel, su enamorada, una vez que han terminado la relación donde ella era la apasionada, el narrador le aconseja que haga un largo viaje por mar para olvidarlo (p. 88): “El amor es mal marinero, y languidece durante cualquier travesía larga”; aunque más tarde puntualiza (p. 156): “Si un amor no es pasión, no es amor, sino otra cosa”.

Los personajes de la novela entran a una cantina de mala muerte donde un trío de músicos ameniza. Son malísimos; sin embargo, piensa el narrador (p. 176), “hasta para tocar mal el violín es necesario tomar lecciones y practicar”.

Larry escribe un libro, que Isabel tiene por allí. No sabe cuándo podrá leerlo. Dice Maugham (p. 274): “Pensé con melancolía en los meses que un autor pasa escribiendo un libro, quizá poniendo en él hasta la sangre de su corazón, para que luego quede abandonado hasta que el lector no tenga absolutamente otra cosa que hacer”.

 

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Foto: Mario Robles

Bella especie dije cómo la amo

todos nacidos de cópulas

Ernesto Cardenal,

en “Condensaciones –y visión de San José de Costa Rica”

 

Era muy joven cuando compré la Nueva antología poética (1978, Siglo XXI Editores), de Ernesto Cardenal. Me leí y me aprendí de memoria sus epigramas (fueron tan populares que los vendían en posters callejeros), pero no recuerdo haber leído completo el libro, algo que hasta ahora hago (Maugham evidentemente tiene razón en el abandono añoso que tienen los libros).

No recordaba, incluso, que “Epitafio a Joaquín Pasos”, uno de sus poemas, se volvió canción con Joan Manuel Serrat, mi héroe musical de aquellos tiempos.

La poesía de Cardenal, poeta, sacerdote y político nicaragüense (1925), tiene mucho que ver con lo periodístico y lo narrativo. No son los suyos versos medidos ni cuidadas metáforas. Salvo por el hecho de estar puestos los versos en líneas breves, no parecen poemas, sino ensayos, notas periodísticas, prédicas militantes. Pero hay varias ideas compartibles. En “Hora O”, uno de sus largos poemas dice (p. 45): “La gloria no es la que enseñan los textos de historia:/ es una zopilotera en un campo y un gran hedor”.

Dice algo que tal vez no sea cierto científicamente, pero me llamó la atención en “En Pascua resucitan las cigarras”. Dice (p. 61): “En Pascua resucitan las cigarras/ –enterradas 17 años en estado de larva–/ […] Sólo los machos cantan:/ las hembras son mudas./ Pero no cantan para las hembras:/ porque también son sordas./ Todo el bosque resuena con el canto/ y sólo ellas en todo el bosque no los oyen”.

Dice en “Managua 6:30 pm” (p. 68): “El alma es como una muchacha besuqueada detrás de un auto”.

En “La danza del espíritu” dice un indio americano algo que no sé si sea bueno o malo (p. 184): “Los muchachos de mi tribu no trabajarán/ los hombres que trabajan no sueñan./ Nosotros nunca seremos ricos como los blancos”.

En “Viaje a Nueva York”, que sería más que un poema una crónica, trascribe una conversación con una muchacha (p. 253):

 

“Una joven: ‘¿Por qué la sociedad primero

y no el corazón del hombre? ¡Primero es lo interior!’

“Le digo: ‘Somos sociales. El cambio social no es exterior’ ”.

 

En “Epístola a José Coronel Urtecho” dice algo sobre, creo, su propia obra. Debe ser (p. 284): “(La poesía como poster/ o como film documental/ o como reportaje)” y en “Epístola a monseñor Casaldáliga” sí se refiere directamente a su escritura (p. 293): “Yo prefiero el verso, usted sabe, porque es más fácil/ y más breve/ y el pueblo lo capta mejor, como los posters”.

 

***

Comento con mi amigo Luis Daniel Pulido un libro de Charles Simic (El flautista en el pozo. Ensayos escogidos 1972-2003), del que hablaré en mi próxima columna y él me manda dos artículos electrónicos. De uno de ellos, “El lío con la poesía”, de Simic [Revista Trimestral de Michigan 36, número 3 (invierno de 1997). Traducción de Óscar Pinto], comparto esta idea:

“Cuando los poetas encomiaron a los dioses y a los héroes tribales y glorificaron su sabiduría para la guerra, fueron tolerados, pero con la aparición de la poesía lírica y la obsesión del poeta con el ego, todo cambió. ¿Quién quiere oír acerca de la vida de seres insignificantes, mientras los grandes imperios se erigen y caen? Todas esas fruslerías sobre estar enamorado, besuquearse y experimentar detenidamente la alborada del día mientras canta el gallo, es de lo más risible.”

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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