Buenos deseos rituales para iniciar el año

Abrazos de inicio de año y buenos deseos durante los primeros días de enero, se prolongan con frases retóricas destinadas a transmitir los mejores presagios para nuestros seres queridos, y personas allegadas, cada cambio de año gregoriano. Forma de medir el tiempo correspondiente a la temporalidad cristiana e instalada como referente mundial. Prácticas que remiten a nuestra condición de seres humanos que, sin menor duda, dejaríamos de ser tales perdiendo la cualidad de seres rituales.

Las coordenadas de tiempo y espacio, en ese tipo de acciones, resultan absolutamente relativas puesto que en cualquier momento histórico y en distintas latitudes la ritualidad nos acompaña como miembros de una sociedad. Incluso, la clasificación, la diferencia entre sociedades más o menos rituales que la antropóloga Mary Douglas efectuó hace unos cuantos lustros no evita observarnos como esos seres rituales necesitados, como miembros de una sociedad, de repetir simbólicamente tal circunstancia.

Foto: Mario Robles

Fue hace mucho más tiempo que Emile Durkheim remitió a las “representaciones colectivas” como la forma de expresión de lo social, la manera de pensarnos y entendernos construida desde la sociedad a la que pertenecemos. Desde esa perspectiva los rituales, que ya habían sido preocupación y habían desatado el interés, en especial de los incipientes antropólogos de gabinete, se han convertido en tema de estudio y escrutinio de las ciencias sociales hasta nuestros días.

Pero dejando a un lado los aspectos académicos, resulta evidente que muchas de las acciones que repetimos de manera colectiva tienen expresión ritual para identificarnos como sociedad. Ejemplo nítido de ello se expresa cada año nuevo; ese recordatorio de que el vivir individual está temporalmente pautado gracias a expresiones sociales.

Los ritos de paso, que marcan los cambios de estado individual o generacional en las sociedades y que están tan incorporados y reiterados en la tradición cristiana a través del bautizo, la comunión y el matrimonio, son también expresión de cambios de ciclo vital. Manifestaciones del vivir cíclico que se han adornado en la modernidad gracias a réplicas de acciones precedentes o de oriundas de otras tradiciones. Por tal motivo, a nadie sorprende comer 12 uvas para despedir el año aunque no exista ese producto en nuestra región; hacer o participar en una fiesta hasta el amanecer –mientras el cuerpo aguante porque es obligado celebrar-, o abrazarse efusivamente tras las 12 campanadas “religiosas”, a pesar de no ser partícipes de un credo, o de la adscripción religiosa que se relaciona con las campanas. No son contradicciones, son reflejo de la multiplicidad de formas de expresión que la propia modernidad y las conexiones transnacionales nos ofrecen en este mundo globalizado. Ejemplo nítido en el cambio de año pero que, con seguridad, en la actualidad se podría encontrar gracias a los múltiples intercambios culturales.

Pasamos el cambio de año para recordarnos que necesitamos expresar ritualmente la marcación temporal de nuestras vidas y, sobre todo, que esas existencias solo se entienden y tienen sentido en sociedad. Feliz año 2020.

 

 

 

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  1. Noticias destacadas de la segunda semana de Enero (06–12) | Chiapasparalelo - 11 enero, 2020

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