Chiapas en la voz de El traidor

La Cosa Nostra dividía al mundo en dos: el territorio que ya controlaban, que era la mitad de Italia, y la otra parte, la otra mitad, la que se proponían someter a sus dominios. Esa imagen pone sobre la mesa la periodista Anabel Hernández en El traidor, su libro más reciente, y para quien no hay dudas: el Cártel de Sinaloa controla más de medio país y tiene presencia en Estados Unidos, Europa y América Latina. Es más, planea cultivar y procesar su propia cocaína en Colombia.

Pero el Mayo tiene otra opinión. Cuando le preguntaban sobre el Cártel de Sinaloa, respondía: “¿Cártel? ¿Cuál cártel?, si solo somos mi compadre Chapo y yo”.

La periodista, que se ha especializado en el crimen organizado en México, responde que el de Sinaloa es el principal cártel de México, que lo comanda el Mayo Zambada y que el Chapo era solo una pieza del engranaje de esa organización delictiva.

Así, el líder del cartel de Sinaloa, el Mayo, aparece como un personaje que quita jueces, corrompe a policías, a militares y a mandos de todos los niveles. También es un narco entrampado, porque dice que su negocio sirve para alimentar al sistema político con inyecciones industriales de dinero. “Trabajamos para el gobierno”, afirma entre enojado y frustrado.

En el libro –que según la autora está basado en un diario y en las declaraciones de Vicente Zambada Niebla, el Vicentillo, hijo del Mayo–, aparece Chiapas, como zona estratégica de paso de drogas. Afirma que el cártel de Sinaloa entregaba dinero a los coordinadores de la Policía Federal y de la AFI, actualmente desaparecidas, de Nayarit, Jalisco, Baja California, Quintana Roo y de Chiapas, por supuesto.

En una reunión, recuerda, “había dos militares y ellos me dijeron que estaban adscritos al estado de Chiapas, en Comitán, el cual era el nombre de la ciudad. Dijeron que estaban disponibles para lo que mi padre necesitara. Ellos me preguntaron que si nosotros podíamos ayudarlos con los Zetas, porque sabían que estaban en ese lugar y que estaban secuestrando, robando y asesinando personas, y que ellos (los militares) querían saber si nosotros tenemos las direcciones de sus casas de seguridad y ranchos en Chiapas, así podían atraparlos. Yo le informé a mi padre y él dijo que estaba bien, que él iba a ayudar a capturar a los Zetas con lo que lo que necesitaran para lograrlo.

“Mi padre me dijo que dijera al licenciado Carlos de presentarlos con Marcos, uno de los hombres de mi padre que están en Chiapas, así los militares podían tener contacto directo con él para que él les pagara y los ayudara a capturar a los Zetas. Establecieron contacto”.

Vicentillo fue, hasta su detención en 2009, el encargado de entregar los sobornos; de reunirse con generales, jueces y policías para negociar, fijar acuerdos y corredores de tránsito para la droga. Explica que un kilo de cocaína, que en Colombia cuesta tres mil dólares, en la Ciudad de México vale 13 mil, al llegar a Los Ángeles, 23 mil, y a medida que avanza hacia el norte se incrementa hasta alcanzar los 53 mil dólares, por el peaje obligado que se debe pagar.

Genaro García Luna, hoy procesado en Estados Unidos, figura como uno de los grandes beneficiarios de los capos mexicanos, con sobornos periódicos de entre tres y siete millones de dólares.

Anabel Hernández asegura que gran parte de las detenciones de narcos en México fueron logrados con información del cártel de Sinaloa, y que Genaro García Luna se sometió a esos dictados y trabajó para el Mayo.

El traidor refiere también que Vicentillo acordó apoyo y protección de las autoridades de Estados Unidos para su esposa y sus hijos, y que él, cuando recupere la libertad vivirá al amparo del gobierno, que debe de ser dentro de tres años o quizá menos, sino es que ya anda libre en alguna ciudad gringa.

 

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