Tirar del bigote a la muerte

Casa de citas/ 465

Tirar del bigote a la muerte

Héctor Cortés Mandujano

 

He visto por lo menos tres películas que adaptan El libro de la selva, de Rudyard Kipling. La primera, en 1967, de dibujos animados, realizada por Disney y dirigida por Wolfgang Reitherman, tuvo en México un doblaje legendario con las voces de Tin Tan, Luis Manuel Pelayo, Flavio y Alfonso Arau, entre otros.

En 2016, Disney hizo otra, también llamada El libro de la selva, con la técnica live-action, dirigida por Jon Favreau, y en 2018, en imagen real, gracias a Warner Bros y Netflix, apareció Mowgli: la leyenda de la selva, dirigida por Andy Serkis. La primera es claramente infantil, la segunda la clasificaron como “familiar” y la tercera está dirigida a adolescentes y adultos, según yo, porque es bastante “oscura”, como han llamado con subterfugios a la violencia gráfica.

Decidí leer de nuevo los libros. Son dos. El primero, El libro de la selva, publicado en 1894 –mi ejemplar es de Ediciones Altaya, 1994–, tiene siete cuentos y sólo tres (“Los hermanos de Mowgli”, “La caza de Kaa” y “¡Tigre! ¡Tigre!”) se refieren al tema que han explotado en las películas: la vida de Mowgli y los varios animales que lo rodean.

Lo cuentos no son secuenciales, sino fragmentos de una vida. En el primero (“Los hermanos de Mowgli”) hay dos hechos notorios que contradicen su conversión al cine: primero, al niño no lo rescata la pantera (Bagheera), un hecho en el que coinciden las tres versiones, sino que aparece en la puerta de entrada de los lobos, que se convertirán en sus padres adoptivos (a los reales los mató y comió Shere Khan, el tigre, en el libro y en las películas; de manera directa en la tercera versión) y segundo, el niño, en el libro, siempre está desnudo, y en las tres versiones le ponen un taparrabo. ¡Cuánto miedo al sexo, dios mío!

El libro está lleno de canciones, como la primera versión cinematográfica; la segunda tiene alguna y la tercera las ha eliminado por completo.

Mowgli, que significa rana (“ranita”, le dicen sus papás), no tiene miedo a Kaa, la anaconda, como promueven las dos primeras versiones al cine (la tercera en esto es más fiel al libro) e incluso no cae en la fuerza hipnótica del reptil, que en el libro se come muchos monos cuando ayuda a Bagheera y a Baloo, el oso, en el rescate del niño. Es genial esa escena escrita por Kipling. La llama “la danza del hambre” y nos muestra a una serpiente que con su arte de bailar puede conseguir que los animales se entreguen a sus fauces.

Otro asunto espinoso es que en el libro Mowgli mata al Shere Khan, el tigre. En la primera película, hasta donde recuerdo, se conforma con prenderle fuego a la cola, pero la tercera lo muestra en una lucha donde lo mata a puñaladas. En la versión original, de Kipling, Mowgli lo hace atropellándolo con una estampida de búfalos y, luego, le quita la piel.

Mowgli finalmente es llevado a la aldea de los hombres (en “¡Tigre! ¡Tigre!”) y oye las historias que ellos cuentan, mientras, dice Kipling, en una imagen –adorar una serpiente–, que se me hizo linda (p. 65): “Los monos se sentaban a hablar en las ramas más altas, y la explanada tenía un agujero en el que vivía una cobra, y ésta recibía un cuenco de leche todas las noches, puesto que era sagrada”. Mowgli es expulsado de la aldea y vuelve a la selva, de donde, antes, también, lo expulsaron.

[En Ramkatha. La historia de Rama 2 (Publicaciones Sai Ram, 1992), escrita por Bhagavan Sri Sathya Sai Baba, dice que (p. 12) “el sol, la luna y la tierra descans(a)n sobre el capuchón de la serpiente Adisesha”. Los dos libros, uno profano y otro sagrado, coinciden en la idea de que las serpientes están ligadas a lo divino, contrario a la narración bíblica.]

En “La foca blanca”, Kotick, la foca, es poco paciente y en un momento pierde el control por completo. Escribe Kipling una frase que me encantó (p. 99): “Su paciencia se había ido donde van los cangrejos cuando mueren”.

 

***

Ilustración: Juventino Sánchez

Han sido los olores de la noche –dijo Bagheera con aire penitente–.

Este aire me habla a gritos.

Kipling,

en El segundo libro de la selva

 

En el primer cuento, “Cómo llegó el miedo”, de El segundo libro de la selva, publicado en 1895 –mi ejemplar es de Ediciones Altaya, 1994–, Shere Khan, el tigre, pese a su muerte en el libro anterior, dado que, decíamos, los cuentos no son secuenciales, está vivo otra vez y se cuenta, entre otras cosas, cómo le quedaron marcadas las rayas negras en su piel originalmente sólo amarilla.

De los ocho cuentos de esta segunda entrega, cinco hablan de Mowgli, pero de ninguno se tomó algo para las versiones de cine, salvo que en la tercera cinta se habla de la maldad en la “manada de los hombres”, en especial del cazador Buldeo, y justamente por eso en “Que entre la selva” Mowgli, ayudado por los animales, destruye la aldea. Al cabo de un mes, el lugar donde estaban las chozas se ha vuelto selvático.

“El ankus del rey” muestra la gran amistad que existe entre Mowgli y Kaa, la anaconda: juegan, conversan, nadan juntos, tienen una aventura con la cobra blanca, guardiana de un tesoro. Kaa dice al enfadarse una frase que me hizo sonreír (p. 11): “Me desespera hasta la punta de la cola”.

“El perro Jaro” es una batalla, en la que Mowgli mata muchos canes a puñaladas y con ayuda de los lobos termina con la vida de todos los perros jaros perniciosos. En esta historia mueren sus padres lobos y allí Mowgli dice la frase que da título a esta columna.

En “Escapadas primaverales”, Mowgli tiene 17 años y vuelve a la aldea donde se fue a vivir la mujer, Messua, quien lo recibió, cuando niño, como si fuera su hijo y lo llama Nathoo. Los animales lo proclaman rey de la selva y le dicen que siempre será recibido así, cada vez que vuelva. Lo despiden sus amigos. Bagheera le dice (p. 202): “Acordaos de que Bagheera os ha querido siempre”; Baloo le pide un abrazo: “Acercaos, Ranita sabia”; Kaa le dice, comprensiva: “Mudar de piel siempre es duro” y, dice Kipling, en la última línea (p. 203): “Y ésta es la última de las historias de Mowgli”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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